Resulta que Guindos busca culpables

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Resulta que, tras el cambio de Gobierno en España y las medidas adoptadas por el nuevo Ejecutivo para aplicar las “reformas” que decía necesarias para combatir la crisis, los mercados vuelven a castigar nuestra economía, elevando la prima de riesgo por encima de los 400 puntos, límite que nos aboca a la intervención.

Resulta que, a más de 100 días del cambio de Gobierno en España e impulsadas las imprescindibles medidas que proponía el nuevo Ejecutivo, sus efectos no son los deseados por culpa de la herencia recibida del antiguo gobierno socialista presidido por Rodríguez Zapatero, aquel que reclamaba más “patriotismo” a una oposición que en nada contribuía a mostrar apoyo y firmeza en los postulados españoles frente a los mercados.

Resulta que ni la modificación dela Constituciónpara limitar el déficit, ni la reforma laboral, ni la amnistía fiscal, ni la subida de impuestos, ni el fuerte recorte en los Presupuestos sirven para “saciar” a unos mercados que se empeñan en “acosar” a España, poniendo en duda la efectividad de tales medidas.

Resulta que, ahora, es el “nerviosismo” de los mercados por las “dudas sobre el crecimiento en Europa” lo que impide que nuestro país supere la actual situación de parálisis de la actividad económica y la hemorragia de un paro que no deja de sangrar.

Resulta que, al parecer, no fue Zapatero el único culpable de la crisis, sino unos mercados que son recelosos con España, a pesar de que, de tanto avisar que viene el lobo, el país se haya apresurado a cambiar por un Gobierno abiertamente “reformista” y manifiestamente liberal en su política económica.

Resulta que, a la postre, la lógica mercantil de los que se ponen nerviosos exigen aún mayores “recortes” a un Gobierno que ya no sabe a quién echarle la culpa de una crisis que se ceba sobre un país que también desconfía de sus dirigentes y de los mercados por el envilecimiento con que empobrecen a la población, despojándola de recursos de públicos.

Resulta que, ya sin tapujos, es el mantenimiento de un Estado del Bienestar la causa del desastre financiero y económico que asola al país por promover la “vagancia” de los desfavorecidos y obstaculizar la “excelencia” de los pudientes.

Resulta que la rémora de tales vicios es continuamente dificultada por anacronismos sindicales y egoísmos partidarios de quienes discuten, con huelgas y algaradas, la bondad de unas medidas que no acaban de instalar la confianza en los mercados ni satisfacer sus demandas.

Resulta que, en conclusión, España se sorprende de que, habiendo apostado por la defenestración de Zapatero y la reducción drástica del “gasto”, los mercados sigan castigando a una nación que aplica obediente las condiciones que le imponen.

Porque, sin regulación, cuando los mercados muerden, resulta que no sueltan a la presa hasta que la devoran.

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