La dosis diaria de sustos y sobresaltos

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Mi amiga Akefusa me reprende cariñosamente cuando dice que le parezco demasiado “políticamente” correcto en mis reflexiones escritas. Yo argumento que no para llevarle la contraria pero como cada día sufro un nuevo sobresalto me están dando ganas de romper, todos a la vez, mis carnets de la OJE, de Acción Católica, de la Asociación de Amigos de las Nutrias, la ficha de los Guardianes de la Revolución Cultural, del Comité en Defensa de los Elefantes, el registro del título de Vizconde de la Sábana Blanca o la de excombatiente de causas perdidas de antemano. Incluso, si me apuran, mi carnet de afecto a lo que sea, que es el que más orgullo me produce. *¡Aviso! Luego no me vengan con que esto no se hace -mire usted-, que el diálogo es la mejor herramienta de combate. Un huevo -con perdón- y la yema del otro*

¿Hasta dónde vamos a ir a parar? Estoy convencido que la estrategia del Poder pasa por amargar la vida por sistema a los ciudadanos y si no, ¿a qué vienen las palabras del caballero con corbata de nudo gordísimo, a la sazón Secretario de Comercio del Gobierno, que suelta en la tele algo  parecido a un rebuzno amenazando con que tendremos que pagar las autovías? Confieso que di un brinco en mi silla, en la que me había refugiado después de un duro día con luto incluido. También confieso que cuando veo a un señor con esos nudos de corbata tan desmesurados me entra desconfianza. Sé de lo que hablo. Ustedes también. Éste hasta ahora desconocido sujeto, a quien nadie previno de que los que tienen cuello corto, como es su caso, no deben usar esos nudazos sin caer en el ridículo, vino a alegrarnos la vida con lo que nos faltaba: pagar por usar las autovías. -Je, je, qué risa, Tía Felisa- (aclaro que la risa me la dieron sus “razones” porque el propósito es para  hacer llorar)
Si no recuerdo mal,  cuando se construyeron las autopistas de peaje se nos contó la milonga que pasado un larguísimo tiempo de explotación y amortización, retornarían al Estado para uso público y gratuito de los usuarios. Ya hemos visto en que quedaron las promesas y si no, que se lo pregunten a los familiares de los muertos que por no liberar cortos trayectos de la Vasco Aragonesa o la AP2 a Barcelona, dejaron su vida en carreteras nacionales imposibles a causa del infernal tráfico de camiones. Si no estoy mal informado, con los fondos recibidos de la U.E se estructuró la red de autovías para paliar el retraso subdesarrollado de nuestras penosas carreteras; aún así, sería un sarcasmo muy cruel pagar por ir a Madrid en coche. ¿Recuerdan el trazado de la autovía y los años que llevan de obras para solucionar la gran chapuza en que se convirtió el proyecto original?
-¡Atentos, cocina!- Si el presidente del Gobierno no lo ha desmentido al ser preguntado en la tele y deja la duda a la gallega, que es su estilo, no renunciemos a la porfía puesto que serán capaces de tamaña maldad. Tiempo al tiempo.
Hay otro tema que cuando me enteré me ha escocido igual. Resulta que sus Señorías, los diputados autonómicos aragoneses, quieren ir a trabajar aparcando en la puerta. El palacio de la Aljafería es un edificio singular que recuerda nuestro pasado mahometano ahora convertido en sede del parlamento de la Comunidad Autónoma. Si nadie lo remedia, el parque que lo circunda y que da vida al entorno del barrio de la Almozara va a ser talado convenientemente (150 árboles creciditos) para hacer 150 plazas de aparcamiento. La broma cuesta un millón y pico de euros (o más… quién sabe). Puede que este asunto sea baladí pero en estos tiempos en los que me harto de recibir consejos impuestos- que son los peores-  me gustaría que mis impuestos dinerarios  tuviesen mejor fin. Por supuesto, la iniciativa parte del PP y del PAR, que para eso mandan. Pero la incansable oposición, con el rojerío en comandita, secunda el plan como un solo hombre. Faltaría más. Se me ocurre que habiendo una parada de “Bizis” en la puerta, sus señorías podrían aprender el humilde ejercicio de dar ejemplo y si los tiempos son malos, que lo sean para todos. A nosotros se nos construyen tranvías; a nuestros representantes, aparcamientos.
¿Quién da más? Me vienen a la cabeza aquellos tiempos del feudalismo con derecho de pernada y yo sin enterarme. Vivir para ver.
Tiene razón Akefusa; soy un blando y un burgués. Lo que pasa es que se me produce un descomunal cansancio con sólo pensar en buscar por los cajones el viejo manual de guerrilla urbana.

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