El timbre del miedo

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El timbre del miedoSon tiempos tristes, de enorme confusión, que nos conducen al desconcierto y la incertidumbre. Descubrimos atónitos que sin razón aparente todo se derrumba, que los cimientos de nuestra confianza no eran sólidos y provocan grietas en la seguridad con la que afrontábamos cada día, el próximo minuto de cualquier proyecto. Perdidos los asideros, ningún paso consigue evitar que se balancee la estabilidad que creíamos merecida y duradera. Lo que era tierra firme se ha convertido de súbito en un pantano lúgubre inundado de peligros, donde brotan amenazas tras cada sombra inquieta y cada sonido lacerante. Una parálisis recorre con frialdad la espalda y nos inmoviliza en la zozobra en medio de la representación. Y del espectáculo en el que participábamos con ingenua mansedumbre nos expulsa la dureza de una realidad insensible y ciega. Nada es lo que era y mucho menos lo que aparentaba. Ni siquiera nosotros mismos. Ninguna predicción resulta ya válida y cualquier rumbo es temerario. Sin máscaras y sin referencias, nos asusta la desnudez que nos hace vulnerables a las inclemencias, propias y ajenas, y nos sume en la confusión y la vergüenza. Como estas horas en que se derrumban aquellas certezas en las que basábamos nuestra felicidad.

No es prosa poética, sino los adjetivos que transforman el relato de la actualidad en emociones. La impresión que produce contemplar que los reyes dejan de ser símbolos intangibles para sucumbir a las ambiciones mortales de la carne y la avaricia de las pasiones. Donde los inmensamente afortunados rechazan cualquier tributo solidario con la sociedad a la esquilman y abandonan a su suerte una vez saqueada. No es poesía, sino el llanto quejumbroso de unos tiempos en los que la libertad es un valor mercantil y los pueblos, clientes seducidos por el consumo, sin derecho a soberanía. Es la melodía que acompañan a la educación que demanda el empresario y la cultura que banaliza toda aspiración emancipatoria. Es el sonido de unos tiempos tristes de apatía vital y renuncia al futuro. Es el timbre del miedo que han logrado inocularnos.

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