Pero… ¿por qué no nos independizamos ya?

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La verdad es que como yo me siento más identificado con la idea ilustrada de progreso y con el  internacionalismo proletario que con ninguna patria, es que no me siento ni patriota ni nacionalista. Si fuera católico, cosa que es imposible porque soy un ateo republicano convencido, podría tener resuelto este dilema de pretender ser imperialista o universal, como dicen ellos, en lo católico y nacionalista en lo territorial, en la lengua y en la tradición. Porque el catolicismo tiene ese don de ubicuidad del que carecemos los ateos y los ilustrados, que es capaz de estar con los pobres y con los que explotan a los pobres sin solución de continuidad.

Que la burguesía vasca, española o catalana sean tan católicas y tan nacionalistas, al mismo tiempo, la verdad es que me tiene desconcertado. Porque si existe alguien que pueda presumir de católico tradicionalista hasta la médula y el refajo y nacionalista intransigente, identitario y racista esa es la burguesía agraria  vasca y navarra que se pasaron todo el siglo XIX luchando, no contra el nacionalismo español, que reivindicaba para sí misma, sino contra el liberalismo español y contra el liberalismo francés porque ambos se habían atrevido a separar la Iglesia del Estado y a afirmar que no somos súbditos ni del Estado ni de la tradición, bueno esto lo decían los ilustrados o progresistas, pero como tiro más a éstos, pues lo suelto. Y me asusto porque digo yo ¿otra vez van las burguesías nacionalistas a unir la Iglesia y el Estado? Ya veo que eso del nacionalcatolicismo no es una idea sólo de la burguesía imperial y agraria española sino de todas las burguesías. Más identificadas con el totalitarismo católico que con los derechos individuales.

La verdad es que soy español porque me han dicho que he nacido en España, pero si me hubieran dicho que soy holandés también me habría creído que soy holandés y me vestiría de naranja cuando jugara la selección holandesa. Ahora que lo pienso y no sé por qué, porque ni soy rubio, ni alto, ni tan guapo como ellos, la verdad es que me hubiera gustado que me hubieran dicho que soy holandés. Así podría tener su nivel de vida, contemplar a Rembrandt, Vermeer  y “El Bosco (es que me encantan, bueno y los holandeses, sólo por esto quiero ser holandés, porque yo quiero elegir la nación y no que la nación me elija a mí) y viajar a España para disfrutar del Sol y de sus playas, como turista o como jubilado. También podría visitar el Museo del Prado donde está “El Bosco). Qué se le va a hacer.

Yo siempre he creído que el nacionalismo era cosa de los ricos o que sólo beneficiaba a los ricos, pero el imperialismo y el colonialismo también es cosa de ricos. Y como ya he dicho que no soy católico no puedo ser ni lo uno ni lo otro, al mismo tiempo, porque no soy rico.

Porque, qué tengo yo que ver con la burguesía nacionalista que utiliza el nacionalismo para hacerse con el Poder y seguir explotando a los trabajadores, en su propio idioma, que parece ser que los explotan mejor y los sindicalistas son más comprensivos.

Qué tengo yo que ver con las tradiciones nacionalistas si las han creado las religiones y los terratenientes para que los campesinos bailemos al son de la música que ellos tocan. Y también ellos ponen la letra. ¿Recuerdan los “coros y danzas del franquismo? Lo ponen todo para quedarse con todo. Esto es, con el Poder y con la propiedad.

Con el nacionalismo me pasa lo mismo que con lo del imperialismo y el colonialismo que desconfío de ambos porque en sus programas reivindicativos e identitarios nunca jamás hablan de derechos individuales. Debe ser que como unos nos imponen la ley y otros nos la quieren imponer, en nombre de su tradición, a ninguno les interesa que tengamos derechos individuales. Yo que me estaba acostumbrando a sentirme sujeto de derechos y a pensar por mí mismo y a sentirme moralmente libre después de habernos liberado del nacionalismo católico español, más vulgarmente conocido como nacionalcatolicismo, la verdad es que, ahora me da rabia tener que dejar de sentirme un individuo con derechos para tener que ser, otra vez, un desconocido que no puede pensar por sí mismo porque tiene una conciencia totalitaria nacional, que no puede sentir por sí mismo porque tienen un sentimiento unitario nacional o que no puede tener voluntad propia porque sólo puede estar identificado con una voluntad nacional. Tal vez los nacionalistas como los imperialistas no hablen de derechos individuales nunca porque, si no los tienes para qué tenerlos si ya piensan por ti la conciencia, el espíritu y la voluntad nacional. Y, si los tienes, son un peligro para preservar los valores tradicionales que con tanta solemnidad reivindican los ricos nacionalistas y su clero.

Me da miedo seguir escribiendo porque me están empezando a temblar las piernas según voy descubriendo que tanto el imperialismo y el colonialismo como el nacionalismo, y el catolicismo que los contiene a ambos, me obligan a renunciar a ser yo mismo para que los ricos nacionales o colonialistas sigan siendo ricos y con privilegios sobre los ciudadanos, bueno sobre los súbditos porque no se puede ser ciudadano cuando uno somete su voluntad a unos símbolos nacionales.

Y me tiemblan las piernas más aceleradamente cuando me fijo en esas naciones balcánicas, caucásicas o bálticas o en la misma Ucrania que han pasado a ser propiedad de unos pocos millonarios y del clero respectivo y en las que, como me temía, no hay ciudadanos sino súbditos del Estado. Esto me asusta (yo tengo tendencia patológica  a asustarme cada vez que alguien grita abajo el individuo viva la patria y se echa mano a la pistola, porque una vez o dos me metieron en la cárcel (tras pegarme unas soberanas palizas como nadie mejor que la policía franquista sabía pegarlas. No te dejaban huellas pero te dejaban molido) porque grité que no quería ser nacionalcatólico, sino libre. Sólo por querer ser eso me molieron a palos.)  me asusta especialmente, decía,  porque acabo de leer el “Mein Kampf”, un tratado de alta política que escribió Hitler, un señor alemán de Austria y católico, que fue nacionalista socialista a la vez que imperialista y colonialista, donde éste escribió, como si fuera hoy, después de que Goebbels dijera: “ Ser socialista significa someter el yo al tú; el socialismo representa el sacrificio del individuo al todo” y añadía Hitler: “Sacrificar al individuo y reducirlo a una partícula de polvo, a un átomo, implica renunciar al derecho a afirmar la opinión, los intereses y la felicidad individuales. Este renunciamiento constituye la esencia de  una organización política en la que el individuo deje de representar su opinión personal y sus intereses.” Leyendo esto ya  no me tiemblan las piernas, me tiembla todo el cuerpo. Es que aún recuerdo las palizas que daba el nacionalcatolicismo.

En cualquier caso, estoy empezando a llegar a algunas conclusiones. Una cosa no parece si no que es evidente, que  hay cientos de ciudadanos vascos que no quieren ser españoles, hay otros cientos de ciudadanos catalanes que no quieren ser españoles y hay miles de españoles que no quieren ser ni vascos ni catalanes. Luego por qué nadie tiene que imponerles ser lo que no quieren ser. Yo aún soy español pero estoy esperando que me den la ciudadanía holandesa, porque en Holanda si te haces holandés te conceden la ciudadanía, esto es derechos individuales y eso, tal y como se está poniendo el panorama, sí me atrae, junto con sus pintores y el color rubio de sus hermosos cabellos.

Yo creo que los españoles que queden aquí, porque  no se hayan ido a Holanda conmigo, también tienen derecho a dejar de ser vascos y catalanes y que deberían crear un partido político favorable a la independencia de España porque los vascos y catalanes no acaban de decidirse por proclamar su independencia. Es que la independencia, señores nacionalistas, y ahora hablo como historiador de la Historia y de la teoría del pensamiento político, no te la da nadie, SE PROCLAMA. De manera que quien quiera ser independiente tiene que saber que la tiene que empezar proclamando y no reivindicando a medias, que dan la impresión de que les da miedo ser independientes del todo y quieren ser independientes sí pero no. También creo que antes de proclamarla deberían asegurarse de que la mayoría de sus actuales ciudadanos están decididos, vía referéndum,  a seguirles con todas sus consecuencias.

¡Ojo! Que ser independiente tiene consecuencias y muchas: pueden afectar al sistema de comunicaciones entre África y Europa beneficiando a unos y aislando a otros, puede dejar a unos fuera de la Unión Europea indefinidamente si uno de ellos se lo propone, puede dejar a otros todas las cargas de sus sistema financiero y desde luego, cada cual tendrá que mantener sus relaciones comerciales con los otros o morir y su sistema de pensiones, seguridad social y educación gratuita solitos, y sus propias ligas de fútbol, ya se verán las caras en la Champions,  pero hay que asumir los riesgos antes que seguir siendo prisioneros de la voluntad de un colonialismo. Aunque también tiene sus ventajas, sobre todo para el clero y su burguesía que en sus Estados podrán imponer su voluntad a los tribunales y así, como en la Edad Media, gozar de inmunidad y robar a manos llenas. Y a todo esto ¿qué dice el pueblo? Porque la  izquierda ya sabemos que se limita a seguir al dictado el dictado de la burguesía y el clero en sus reivindicaciones nacionalistas.

La verdad es que clase política con talla, la verdad es que no tenemos. Desde que Franco y la Iglesia Católica derrotaron la República y sobre sus cenizas construyeron una escombrera nacional intelectual es que no hemos vuelto a tener políticos con talla.  En España se da la paradoja de que quienes pretender ser intelectuales o son católicos o son orteguianos. Pero ¿es posible ser al mismo tiempo intelectual, progresista y católico? Por qué intelectuales españoles no asumen su propia limitación: que son laicos conservadores al servicio del Estado Vaticano. Por qué los conservadores españoles son tan reacios a favorecer y a acelerar la independencia de los vascos, de los catalanes y de los españoles si ninguno quiere seguir estando relacionado con los otros. Pero ¿qué tienen que ver Esperanza Aguirre y la Cospedal con los vascos, con los españoles y  con los catalanes si ellas son aguerridas defensoras del nacionalcatolicismo?, como la burguesía nacionalista vasca y catalana, claro. Y ¿por qué nos tienen que imponer su voluntad? Son ganas de fastidiar en nombre de la católica reina Isabel de Castilla. Con lo felices que seríamos todos viviendo en nuestra propia casa y no en la ajena. Claro que yo para entonces ya habré conseguido ser holandés y estar rodeado de rubias cabelleras, cuyo sexo no pienso desvelarles.

Bueno, ya veré, como en Holanda ya no existe la Santa Inquisición no me pasará nada. ¡Qué suerte poder elegir ser holandés!

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