Sociopolítica

El estado de la cuestión y la cuestión del Estado

Lo que está en juego en estos momentos es más de lo que parece a primera vista.

No se trata ya de la organización de la economía bajo nuevos supuestos, sino de la creación de estados supranacionales con poder de decisión tanto a nivel mundial como a nivel local a través de los Parlamentos nacionales. Todo ello al servicio, claro está, de muy escaso número de “familias” económicas que controlan los sectores básicos de la economía legal o ilegal : petróleo, drogas, armas, agua, dinero blanco y negro, construcción, industrias pesadas y ligeras, tecnología punta, comunicaciones, químicas y farmacéuticas… A su servicio incontables “amas de llaves” con distintas responsabilidades en todos esos sectores gestionan los inmensos recursos del Planeta para engrosar al fin las arcas y afirmar al fin el poder de las familias a las que sirven. Y esto lo hacen directamente o a través de sus diversas y ramificadas “filiales.

Niveles principales de servidores de este Sistema son el de presidentes de consejos de administración, entidades de diversa índole (financieras y otras) y presidentes de gobiernos . Pero lo que está en cuestión no sólo es esto, las formas políticas de dominación para las que siempre encuentran salidas mientras tengan la razón de la fuerza (armada) en lugar de la fuerza de la razón (que no necesita tanques para hacerse presente).

Lo que existe por debajo de eso que es lo aparente visible es la guerra de valores espirituales de la humanidad y que sucede en las conciencias. Durante siglos han sido monopolizados los valores espirituales por religiones institucionales llamadas iglesias y por filosofías materialistas disfrazadas de humanistas con objeto de socavar los cimientos espirituales de la humanidad a nivel existencial y despojar al colectivo humano de conocimientos esenciales y razones profundas por las que vivir.

Distintas manipulaciones de los libros hebreos, del Corán y de los textos védicos han pervertido los sentimientos religiosos de las masas humanas hasta convertir lo religioso en ceremoniales externos oficiados por castas sacerdotales y de poder revestidas de un supuesto ascendiente moral para servir de intermediarios entre Dios, Alá, o Krishna, nombres del mismo Señor, pero con servidores enfrentados. Y eso sin hablar de formas aún existentes de rituales tribales primitivos con invocaciones a supuestas divinidades de la naturaleza, de los antepasados, etc.

Lo religioso se convirtió en sospechoso al igual que la democracia tras todas las tropelías que se cometen en su nombre. Con puntos de partida como estos, escribí lo siguiente al Sr. Quagliotti de Bellis: Estimado… Acabo de leer su análisis en defensa de la democracia participativa, que es algo tan necesitado en todo el mundo. Estoy completamente de acuerdo con Vd. en que la participación popular directa en la gestión de los gobiernos es la única garantía a largo plazo de una convivencia pacífica basada en la justicia distributiva, temas estos de los que los representantes de las democracias representativas capitalistas no quieren ni hablar. Creen justificarse por medio del voto y las migajas de ayudas sociales que “conceden” a los pueblos. Pero ni uno ni otro llevan a la justicia social, ni garantizan siquiera las libertades y derechos que las propias Constituciones reconocen. Existe, por el contrario, en todo el mundo un retroceso palmario de los derechos constitucionales en las sociedades llamadas democráticas. En todas ellas sin excepción existe un notable deterioro del papel del Parlamento convertido paso a paso en rehén de los grandes imperios económicos. Tal situación nos llevará directamente al desastre mientras la mayor parte de la humanidad no abandone su miedo, su ignorancia, sus supersticiones religiosas, su admiración inconfesada por los ricos (habría que añadir su amor a la comodidad y su egoísmo irresponsable que le aleja del cooperativismo social).

Estos defectos tan extendidos impiden al colectivo humano tomar conciencia de su poder real y del valor de su propia capacidad espiritual.   ¿En qué elementos basar esa doble conciencia? Estimo que existen dos vías.

Una es espiritual, y con ello me refiero a la práctica de las leyes básicas divinas. Estas son los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña de Jesús el Cristo… Ambos expresan contenidos espirituales aceptados por todos los libros religiosos, todas las místicas y almas evolucionadas. Es por ello que tienen un valor universal como referentes para un cambio personal y de la conciencia mundial, pues sin cambio personal no hay cambio colectivo.

La segunda vía, complementaria de la primera ,sería la organización de estructuras sociales a partir de núcleos embrionarios naturales existentes que permitan el desarrollo de las libertades y el principio de responsabilidad social compartida para el bien general. Me refiero a organizaciones pro-derechos humanos, de consumidores, defensores del medio ambiente y del mundo animal, de vecinos, de barrios, de amas de casa, colegios y sindicatos profesionales, asociaciones cooperativas, y otras formas de agrupación social ya existentes, que deberían tener sus propias representaciones a nivel municipal, provincial y estatal y convivir con la clase política hasta que la madurez evolutiva de la sociedad pueda permitirse prescindir de estas estructuras, de los partidos y de los sindicatos, cuya misión histórica ha cumplido su ciclo.

Sin embargo, ahora se habla de refundar el capitalismo y la socialdemocracia. Todos sabemos que no es posible volver atrás la historia. La humanidad se halla al borde de un salto evolutivo, al igual que la madre Tierra está entrando en su propio salto evolutivo como ser cósmico poseedor de alma como ser vivo. Una nueva era, una nueva Tierra, una nueva humanidad, un reino de paz y de justicia universal nos aguarda.

Perseveremos.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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