La desunión del Reino Unido

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Ay, los doroles de cabeza que no cesan para Mr. Cameron. Desde que llegó al gobierno del Reino Unido, está desunido. El 2014 el
Parlamento Británico aguarda la decisión de un referéndum: ¿Escocia seguirá siendo parte del Reino Unido o se declarará independiente? La
duda metódica roe la cabeza del premier Cameron, y como los ingleses aún no parecen saber si son europeos o la insularidad les provee la
salvación soberana de ultramar, ha enviado a todos los partidos políticos que participan del Parlamento un proyecto: pide a los líderes de cada partido averiguar por medio del voto si los ciudadanos desean seguir perteneciendo a la Unión Europea (hoy en profunda crisis) o salirse de ella.

Reino Unido actualmente está a medias, no olvidemos que conserva su moneda (la libra esterlina) y sus propio control fiscal que jamás cedió a ninguna mancomunidad, logia, hermandad ni capilla geopolítica.

¿Qué tendrá que ver todo esto con nosotros?, se estará preguntando usted, ínclita lectora, usted, afanoso lector. Mucho. Muchísimo. Hoy más que nunca se ha puesto al desnudo un mundo en estrecha vinculación económica. La crisis de las subprimes desatada por la orgía hipotecaria en EEUU en los viejos tiempos de don Bush (h) rápidamente cruzó el Atlántico e hizo tambalear la frágil envoltura fiscal de la Eurozona produciendo el tambaleo de Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia (por ahora). La economía China, antes rebosante de salud, acusó recibo y ayer el premier Wen Jiabao anunció medidas para revertir la desaceleración que detectaron en el primer semestre 2012, después de rebajar dos veces en este mes las tasas bancarias para oxigenar a las empresas y facilitar el crédito a la producción. Pero el problema no está en la falta de estímulos, que los chinos cuentan por millares, el problema está en el mercado, ¿a quiénes vender las millares de unidades diarias de automóviles si Europa está en sesión de ahorro, EEUU impone restricciones y Sudamérica recorta gastos?

Wen Jiabao busca agrandar el mundo comercial pero el vasto Pacífico sur no tiene naciones que demanden productos chinos al mismo ritmo que
una Europa funcionando normalmente.

Mientras tanto, en la imponente catedral de Reims (en ruinas después de los violentos bombardeos de la II Guerra mundial) hace 60 años se
reunieron De Gaulle y Adenauer para sellar un pacto de amistad franco/alemana.

Hoy, Hollande y Merkel, en un acto quizás menos simbólico de lo que aparenta, vuelven a reunirse para reafirmar estos lazos de trabajo pacífico entre ambas naciones. Una de las metas de este encuentro en Reims es la creación de un superministro de finanzas para Europa.
Menuda tarea llevará sobre los hombros este funcionario/a: detectar, antes que el FMI (lo cual no es imposible, ya que el Fondo siempre llega tarde y mal…) los peligros de tipo financieros y fiscales para asistir con un equipo de especialistas al país en cuestión comprometiendo todos los recursos de la Unión Europea a su solución.
No es mala idea. Siempre que alguien se adelante al FMI, gana terreno seguro.
El FMI siempre ha demostrado ser la peor solución, aún para los mejores problemas.

SIENA, JULIO 2012.

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