Una cadena más gruesa

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Se cumplió lo que muchos esperaban y Rajoy anunció el típico ajuste que han hecho los gobiernos  conservadores por toda Europa: recorte táctico del gasto, combinado con más impuestos adornados con los epítetos más manidos del pensamiento políticamente correcto.

Con ello él cree que recuperará la confianza de los inversores. No es así. Un inversor sabe que cuando se invierte dinero en un país, habrá menos posibilidades de obtener un retorno, cuanto más gravada, intervenida y regulada sea la economía. Y esta desregulación, que sólo puede ser efectiva mediante menos impuestos, y por supuesto, menos leyes, menos trabas al emprendimiento y más libertad económica, es lo que obvia su plan.

Para toda persona que cree que el impulso económico debe promoverse desde la inversión y el ahorro privado, es evidente que la subida de impuestos de Rajoy es la peor de las noticias posibles. Una vez más, otra magnífica oportunidad perdida para hacer las cosas bien.

Las argucias, los malabarismos y las piruetas argumentativas a favor de la subida del IVA y de los impuestos directos, con las que nos han glosado estas últimas semanas Rajoy, Montoro, Guindos, Aguirre, Cospedal  y Soraya, quedarán en el recuerdo de los ciudadanos, para la indignación y el cachondeo general.

La mediocridad de sus razonamientos, el desprecio a la inteligencia de los ciudadanos, y sobre todo, la autosuficiencia y la arrogancia  que han demostrado, les sitúa en el intestino delgado de la política nacional, donde se abrazan con Zapatero, Rubalcaba, Blanco, Pajín y compañía. Desde ahí, la expulsión de todos ellos al cubo de basura de la historia, es sólo cuestión de tiempo.

Sin embargo, siendo esto innegable, no son los únicos culpables, porque la presión de la subida de impuestos ha sido liderada por la Comisión Europea, y esto sin duda es uno de los hechos más graves que ha vivido la breve historia de la Unión Europea. Y señalar a la Comisión Europea, es señalar a los gobiernos de Alemania y Francia, quienes son los que la controlan con su mayoría aplastante de voto.

Y es que la subida de impuestos beneficia a estos dos países más que a ninguno otro. Por un lado, porque les garantiza ser los primeros en cobrar los préstamos concedidos al estado español y a sus ciudadanos.

Pero por otro lado, y esto es lo peor, coloca a España como cuarto país de la Unión Europea en el que los ciudadanos pagan más impuestos. Y esto nos confirma como uno de los países europeos con menor atractivo a la inversión, lo cual nos condena a un escenario de estancamiento económico prolongado.

La Unión Europea, es decir, el bello sueño de facilitar que los ciudadanos de países distintos, se puedan relacionar entre sí con la misma libertad que con los de su propio país, se ha convertido en una pesadilla.

La Unión Europea ha venido imponiendo desde hace muchos años a sus miembros la homogeneización de sus diversos sistemas impositivos. Ello ha eliminado toda sana competencia fiscal entre ellos, presionando siempre los impuestos al alza. De este modo, se ha eliminado de facto la potestad que tiene cada estado miembro de decidir su propia política impositiva, cuando precisamente es de las pocas y más eficaces herramientas que tienen para estimular la inversión productiva.

Cuando Montoro declaraba estos días que había margen para subir el IVA porque en España pagamos menos IVA en términos relativos que en el resto de Europa, se refería precisamente a esto.

Y ahora, tras la melodramática comparecencia de Rajoy la semana pasada, aterrizamos en un escenario económico que es el peor de los dos mundos.

Primero, porque una fiscalidad alta en España beneficia sobre todo a las economías europeas más desarrolladas y competitivas, como la de Alemania, y nos elimina como competidor por la captación de inversión extranjera.

Y en segundo lugar, porque esta misma alta fiscalidad beneficia la consolidación en España de la partidocracia y del clientelismo político, y refuerza la posición de poder de la casta política. Porque a más impuestos, más peso relativo del Estado en la sociedad y en la economía, y por tanto, más poder para la casta política gracias a su control del sistema de subvenciones y del Estado del Bienestar.

La subida de impuestos consagra la comunión de intereses entre nuestra infame partidocracia y nuestros principales acreedores, y su funesto resultado es que los ciudadanos quedamos aún más encadenados al estado, nuestro amo.  Y Rajoy ha sido quien nos ha cambiado esa cadena, sustituyéndola por otra cadena aún más gruesa.

Nos toca vivir una época de servidumbre, en la que los políticos de la casta ya tienen planes para los ciudadanos, incluso antes de que hayan nacido: trabajar toda su vida para el Estado, durante la cual éste será su amo, controlando y decidiendo con arreglo al interés mismo del Estado, la cantidad de dinero con la que podrá vivir. Y con el sello de garantía de la Unión Europea.

Ante todo ello, no sólo debemos tomar nota y reflexionar, sino también empezar a darles la espalda. Su irresponsabilidad y su desprecio por la libertad de los ciudadanos, es motivo suficiente para que sólo merezcan nuestro olvido.

Anotación: el Partido de la Libertad Individual (P-Lib) está realizando estos días una campaña de información y recogida de firmas contra la subida del IVA. Firma y ayuda a difundirla: http://www.p-lib.es/economia/no-mas-iva/

 

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