El show de Truman

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El show de Truman es una película dirigida por Peter Weir, protagonizada por Jim Carrey y Ed Harris. Esta historia gira alrededor del programa de televisión “The Truman Show”. A lo largo de la película nos vamos dando cuenta que Truman está siendo el protagonista del programa.

Gran parte de la sociedad está siendo testigo de cada acontecimiento de su vida, de cada experiencia, cada momento privado con su pareja. Su vida está siendo filmada a través de cámaras ocultas, durante 24 horas que tiene un día. Los espectadores son conscientes de su comportamiento y captan las emociones de todas las situaciones que él vive.  El productor controla todos sus movimientos, provocándole miedo al agua durante una experiencia que vivió con su padre, cuando era niño. Introduce toda una serie de actores a lo largo de su vida.  Truman está siendo objeto de un experimento, creado por el productor, condicionando su vida mediante diferentes miedos y culpa.  La película refleja esa desconfianza, ese miedo a ser observado en nuestros momentos privados a lo largo de nuestra vida.

Una noche inesperada, Truman logra escapar por un túnel secreto y el productor suspende la emisión del show por primera vez dejando a los telespectadores con el alma en un hilo.  Cada miembro de la producción inicia una búsqueda por toda la localidad. Truman intenta huir en barco, el productor toma la decisión de actuar provocando tormenta apelando así al miedo que le creó siendo niño, pero el barco choca contra una pared y Truman, asustado, descubre un tramo con unas escaleras donde pone “Salida”. Se da cuenta que está en un mundo artificial paralelo a la realidad, y decide salir.

Desde el punto de filosófico, podemos establecer similitudes entr el mito de la caverna de Platón y el show de Truman, en el que el prisionero es Truman, que no tiene conocimiento de otro mundo más que el que está viviendo, el escenario es su vida, y tiene cierto miedo a salir de él.

Vemos también parecido con la doctrina moral de Nietzsche, cuya filosofía suponía que el alma del ser humano debe pasar por 3 fases o estados en la búsqueda de la superación de las debilidades en que el hombre ha caído, llevado a cabo por Sócrates y Platón, y ultimada por la religión.  El protagonista se encuentra bien con el mundo que otros le han fundado. Incluso su propia familia es mentira,  cada experiencia es creada de forma intencionada para limitar su forma de ser y su personalidad.

Actualmente, podemos establecer similitudes con programas de este tipo de show en la televisión actual, como es el ejemplo de “Gran Hermano”, gran parte de la sociedad es testigo de cada momento, de todo lo que ocurre en cada rincón de la casa. La privacidad de los personajes, al ser filmada, y cada uno de ellos ser conscientes de que lo están siendo, plantearía un dilema acerca de lo que pertenece a la privacidad personal y lo que deja de serlo al ser visto en directo por el resto del mundo.

En cierto modo, la personalidad de este personaje podemos verla reflejada en personas que viven en pequeños pueblos. Personas que son esclavas de la sociedad, de lo que la sociedad quiera hacer con ellos, y hagan lo que hagan se tendrán que aguantar, porque piensan que no pueden hacer otra cosa. Viven encerrados en esa mentalidad porque no ven otra alternativa, prisioneros de las tradiciones con las que han vivido toda su vida, y tal vez por miedo o por desconocimiento no piensan en otras alternativas para luchar por sus derechos, su realidad, su vida, su futuro, su voluntad, una justicia justa. No es mi ánimo de ofender a las tradiciones de los pueblos, sino abrir los ojos a quienes piensan que no hay más mundo que el le imponen. Hay otro mundo fuera, alejado de esas tradiciones impuestas por las instituciones con el ánimo de controlar a la población y tenerla entretenida con los temas que ellos quieren, y no con lo que uno realmente quiere hacer, pensar, criticar… Ciudadanos  en cuyas mentes prime la ética, moral, y no solo el triste dinero, el poder, la ambición.  Un mundo en el que prime la voluntad de las personas, no de los entes gubernamentales, eclesiásticos… Cuyo objetivo es que la población y la sociedad no se hagan personas críticas, capaces de tener opinión propia de los temas sociales, capaces de denunciar las injusticias,  capaces de hablar abiertamente de sus opiniones. Tristemente, aunque en muchas ciudades haya cierta libertad en ese aspecto, poder ir por la calle hablando de cualquier tema, en los pueblos no hay ninguna. No se puede hablar de política, educación, sanidad… porque se está coaccionado y no se puede criticar nada de lo que pensamos que es criticable por lo que la gente vaya a decir a otros de ti. En un pueblo, si vas al médico por una contractura, no puedes decirle que te haga una radiografía o te mande al traumatólogo, porque “no lo ve conveniente”, la respuesta que da es: “ve a un privado si quieres”. Y con todo esto, hay que aguantarse, porque para muchos es “lo que quieren hacer con nosotros”, “con lo que nos mandan nos tenemos que aguantar, porque no podemos hacer otra cosa”.

Por eso, estamos encerrados en una caverna, en un mundo en el que prevalece la voluntad de los demás sobre la de los ciudadanos, al ser los otros quienes tienen el poder de imponernos, dictarnos y establecernos, aún por encima de lo que creemos que justo y razonable.  Aunque queramos salir de ella, nos lo ponen muy difícil, creándonos esa obligación de que si hemos crecido aquí, aquí tenemos que quedarnos pase lo que pase, estemos o no de acuerdo, porque son ellos quienes “nos mandan”.

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