Sociopolítica

El paso por el centro de rehabilitación

Reflexiones y recuerdos del paso por el centro de rehabilitación.

Aquí estoy de nuevo sentado escribiendo sobre “MI EXPERIENCIA Y MIS REFLEXIONES”.

Cada vez que me pongo a ello, la noche anterior no duermo bien y el estómago se me encoge, pues cada línea que escribo son millones de sensaciones las que se agolpan en mi cabeza y al final me siento agotado, fue muy duro mi paso por la cocaína, muy duro.

Alguien me ha comentado que me acuerde de lo bueno y que no recuerde solo lo malo. Es natural, lo bueno pues sí, hay una serie de sacerdotes que hacían todo lo que podían y mucho más claro, unos coordinadores de los que solo les queda nombre .

Como todo en la vida hay momentos de compañerismo agradables, apoyos de unos a otros, dignos de agradecer nunca lo negaré, pero no me quita de la cabeza a todos aquellos que campan en mi memoria.

Me voy a extender, pero los voy a recordar, de algunos no se nada de ellos y otros han muerto por sus enfermedades o por la droga.

Cómo no voy a recordar a aquel que dormía en mi habitación y que recogía todas las colillas que podía y se fumaba a escondidas y que presa de su medicación no sabía ni dónde paraba…

A aquel chaval de 20 años que todavía no conocía su orientación sexual y que se equivocó muchas veces y se puso en el punto de mira de algún que otro resabiado… No puedo olvidar sus lloros a solas conmigo y sus cartas que me escribía, hablando de lo que hacía para conseguir droga.

O del otro que, siendo muy mayor, tenía su interior destrozado por el consumo de alcohol, y que se engañaba a si mismo no mostrando su dolor y que tan buena persona es, con el cual continúo en contacto y está en un lugar agotando sus días, presa de un cáncer por sus excesos…

O el que estaba cojo y tanto hablé con él de su terrible adicción al alcohol, y con su familia, que estaban desesperados, que hasta me pidieron que me fuese a vivir con ellos, pues era el único amigo que tenía…

Y de aquel al que le pusieron el mote de “Pita”que, dada su inseguridad y su mala cabeza por la cocaína, nos reímos de él…

O del que tuve que parar por su agresividad, pues en su soberbia y su gran estado de adicción necesitaba algo más y nosotros no sabíamos cómo enfocarlo…

Y continúo con el que no controlaba sus impulsos y un día en una salida cogió una botella de alcohol y se la bebió y le costo su expulsión…

Del chaval que tenía el pelo del color de las espigas de trigo y padecía una impulsividad totalmente incontrolable y que dio con sus huesos en el cementerio: “Dios le tenga en su seno”.

O aquel que cuidaba ovejas con su hermano, maravillosa persona, pero que cuando consumía él mismo reconocía que perdía los estribos.

O aquel otro que me decía en sus momentos de lucidez que había dormido en un coche y que no sabía leer ni escribir bien y que le daban pastillas que muy a menudo tiraba por el suelo, presa de su angustia…

O del otro que vino de estar tirado en la calle y que tenía más centros en el cuerpo que ninguno de nosotros juntos, y que en un ataque se hizo sus necesidades encima, y que sintiéndose mejor le encantaba manipular.

O el que vino de estar durmiendo en un cajero y era duro de roer,  pues quería un centro a su manera.

O aquellos que desde sus responsabilidades vivían bien e intentaron hacer un grupo aparte de los demás, manipulando por doquier y aprovechándose de sus compañeros, pero a los que el destino a cada uno ha puesto en su lugar.

Cómo no mención especial al chaval al que le faltaba una mano y que todo en él era un cúmulo de despropósitos, y nos cebamos con él cogiéndolo de punto.

Podría continuar extendiéndome, pero necesitaría toda una vida y hay que continuar escribiendo.

Todo esto son las consecuencias que acarrea la droga, vuelve las cabezas del revés. Todos con historias un tanto crueles y poco educativas, pero historias al fin de lo que la droga acarrea, y no hablemos de familiares, un campo de batalla al final de una contienda: heridos por doquier y resentimiento a raudales .

Yo me incluyo dentro de todos ellos, sin excluirme. Gracias a dios mi cabeza, en lo que cabe, conserva esa memoria de la que antes de caer en la cocaína todos se admiraban de ella .

Yo insisto en lo de los centros, pues supone el parón para poder reeducarnos de nuevo, y tienen que tener profesionales, porque como veis, por triste que parezca, no he nombrado a ninguno, pues ninguno había, sí mucha buena voluntad en los internos, pero cómo se come eso, cuando estamos todos reorganizando nuestras vidas.

Por supuesto que algunos se habrán rehabilitado, pero yo me acuerdo de los que no.

Porque no se pude resumir todo en “esto es lo que hay”. Con profesionales habría un algo más. Con terapeutas siempre existe un escalón más en la vida de todos nosotros. Estamos en esto centros para salir de nuestro terrible problema y no se puede escatimar en medios.

Adelante a los que hemos salido o estamos en proceso, coraje, y rezar por los que no, pues siempre se merecen oportunidades hasta que cedan y si no ceden, que no nos quedemos en el empeño.

Llegamos destrozados, vejados, angustiados y culpándonos de todo, sin ningún tipo de autoestima, porque para qué si sólo vivimos para consumir…

Nuestro aspecto nos da igual: sucios, tirados en la calle, dándonos igual dónde dormir, haciendo lo indescriptible por conseguir una dosis, algunos prostituyéndose, otros robando y no sé cuántas cosas más. Pensar en lo peor y no os equivocaréis.

¡Cómo no va a ser necesario todo el apoyo posible!

El Señor pone gente experimentada para que nos ayude en el nuevo renacer, porque se nace de nuevo.

Si la vida se torna diferente se aprecian pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos, nuestra sensibilidad aumenta hasta niveles impensables, nuestra escala de valores sufre un cambio brutal, y no hablemos del nivel de empatía: a veces hasta duele, porque ves en los demás cosas que otros que llevan una vida normal no son capaces de apreciar. Te vuelves sensible a situaciones que antes te perturbaban y hasta te jodían.

En sentimientos pocos te engañan, en egoísmo menos, pues ves al manipulador a la legua… Es maravilloso lo que recobras, y el cambio total que da tu vida. Te vuelves paciente y más tranquilo. En resumen: vuelves a nacer y como tal vuelves a experimentar la vida.

Hay momentos difíciles, pero los reconoces y los hablas y comentas, y si te encuentras fuerte los superas, y si no sabes que tienes que pedir ayuda, yo muchos días no me reconozco en mi obra y hasta me extraño, porque ahora sí estoy madurando en todos los aspectos de mi vida. Se lo tengo que agradecer a la persona que es ahora mi mujer, pues su paciencia y cariño son de vital importancia, pues se aventuró conmigo sin conocerme y nadie le dijo la manera o cómo tendría que afrontar mi recuperación y ahí está ella, y tengo que reconocer que con ella es con quien verdaderamente recuperé mis valores y mi autoestima. A ella le debo mi recuperación.

A lo mejor soy un privilegiado por todo esto, pero lo que sí tengo claro es que mi experiencia no va a quedar en saco roto. Si por ella pasé, el Señor tuvo sus razonamientos para ello, y si me juntó con mi mujer también, por lo tanto mi vida a partir de ahora la voy a dedicar a jornada completa a todo aquel que pida ayuda o familias que me necesitan.

Fui empresario y obrero. Muchas experiencias. Y ahora no quiero nada de ese pasado. Seré uno más, pero cuantos más seamos con la puerta abierta, más opciones daremos a los que como yo un día estuvieron perdidos.

Me reafirmo: un centro sin personal especializado es jugar con la esperanza de los seres humanos. Esto es serio, muy serio, y no se pude jugar con ello.

Todo lo que sé, mi carrera, mi experiencia laboral, mi experiencia de vida, mis creencias,  todo lo voy a poner a trabajar en beneficio de los que busquen una oportunidad, y no cejaré en el empeño.

Todo esto que he vivido me va a servir para coger lo bueno y dejar lo malo y ponerlo a disposición del que como yo lo necesite.

Si yo salí, tu puedes. No pierdas la esperanza, somos muchos los que te tendemos una mano, agárrate y no la sueltes. Estamos a tu lado.

Di un ¡BASTA! en tu vida y renacerás de nuevo. Te lo digo yo y otros muchos.

ÁNIMO, TÚ PUEDES TERMINAR CON LA DROGA. QUE NO TE ESCLAVICE. VIVE EN LIBERTAD.  (Si yo salí ¿por qué tú no?)

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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