Sociopolítica

La Nueva Primavera Árabe

El 11 de septiembre de 1912 los Estados Unidos podían aletear tras el viento del triunfo. “El liderazgo de Al Qaeda está devastado y Osama Bin Laden no volverá a amenazarnos”, dijo entonces el presidente de ese país, un hombre de origen islámico no nacido en la tierra americana de Estados Unidos y cuyo nombre es “Obama”. Ése era el noveno día del año once del undécimo mes del atentado más grande que sufrieran los Estados Unidos en toda la historia de su existencia en el continente americano, donde Obama no nació. Pero ese mismo día, para la perplejidad del hermeneuta, el 11 de setiembre de 2012, con la completa adherencia y júbilo explícitos de Al Qaeda, mientras Obama daba el dictum “no volverán a amenazarnos”, el embajador de los Estados Unidos en un país islámico fue asesinado de modo brutal. Era un acto sin precedentes en la historia de la Tierra entera. El Embajador sucumbió con otros funcionarios de su legación a manos de una horda de militantes religiosos que invocaba rabiosamente el nombre Santo de Alá. El difunto era el embajador de Estados Unidos en Bengasi, Libia, y fue masacrado ese 11 de setiembre justamente por los aliados islamitas del Presidente Obama en un país invadido y ocupado recientemente por una coalición monárquica que es amiga de la nueva política exterior del antedicho Obama en el mundo árabe.

Uno puede creer que la historia, las historias que narramos, son meros hechos, meras anotaciones de acontecimientos relevantes que se van sumando en el arbitrario sentido del recuerdo del hombre. Y entonces Obama y Osama, las declaraciones del primero sobre Al Qaeda y que se muera salvajemente un embajador en el antiguo Reino islámico de Libia el 11 de septiembre son meros accidentes. Pero es una evidencia originaria –con la que debemos contar- que las casualidades de esta naturaleza nos resultan repugnantes. Nos resulta imposible pensar que no constituyen un sentido. Que no puede ser que no tenga sentido que las coincidencias hayan sido precisamente esas coincidencias y no otras.

Desde las declaraciones de Obama el 11 de setiembre se ha puesto en marcha una nueva Primavera Árabe. Llamo “ponerse en marcha” en un sentido tomado de un ensayo de Heidegger que se llama “El Origen de la obra de arte” (1934) y que se ocupa del tema de la génesis de las instituciones sociales y de los procesos históricos genéticos, que dan lugar a realidades sociales antes impensadas, es decir, no predecibles en términos de un cálculo de probabilidades o de una estimación, por acuciosa que fuera, de los datos disponibles en el sentido en que los tiene un analista político o un sociólogo. Para Heidegger las realidades sociales emergentes (él diría “la fundación de un Estado”) tienen su verdad, se realizan, cuando son “puestas en marcha”. Quiere decir: cuando se unen en una secuencia de sentido de hechos efectivos, que se articulan y transforman en una realidad final. En este caso, es la nueva Primavera Árabe. Una primavera en que Al Qaeda va a colocar muchas de las flores.

Que algo está en marcha en el mundo árabe se llamó hasta hace poco “La Primavera democrática del mundo árabe”. La imagen genérica de este hecho consistía (y consiste) en creer que viejas estructuras de poder que se considera “autoritario” o “totalitario” en el mundo musulmán van a ser barridas por las posibilidades de comunicación y coordinación política que hacen posible las nuevas tecnologías de la comunicación. La prensa justificó así increíbles transformaciones, que se tomaron inmediatamente como “avances” del pensamiento único, esto es, de los valores e instituciones que por grado o por fuerza han promovido los Estados Unidos y sus colonias desde el fin de la Guerra Fría. Se derroca al tirano de Túnez. Luego de algunos meses, y con la ayuda no autorizada por instrumento legal alguno de sus antiguos aliados enla OTAN, una rebelión monarquista en Libia depuso al excéntrico Muamar Gadafi. Lo más notorio fue la rápida caída, en cuestión de semanas, del régimen militar del Egipto. Y así, tres países sólidamente aliados del pensamiento único, sin duda con la colaboración de Internet, se han transformado, en mayor o menor grado, en regímenes religiosos islamitas con mayor o menor grado de moderación. En Marruecos y Bahrein, monarquías tradicionales que fueron amenazadas también por esta “primavera”, todo ha quedado, comenzando con los tronos, más o menos igual. Siria, la única república moderna al viento de esta primavera que no se ha convertido aún en un Estado religioso, cuenta en su supervivencia con el apoyo dela República del Pueblo de la China y de Rusia, seguramente el único país que hay en Europa donde los homosexuales son reprimidos si desean hacer mítines y hay manifestaciones antigay presididas por la Virgen María.  Hubo una esencia religiosa tras esta primavera democrática que, sin embargo, pasó desapercibida para analistas y sociólogos, aunque no para los ojos del hermeneuta ni del teólogo político.

Inmanuel Kant, arquetipo del pensador metafísico de lo que los Estados Unidos han significado en la historia del Occidente, se hizo alguna vez la pregunta de si se puede o no hacer pronósticos en la historia, es decir, de si la historia puede o no ser conocida en su sentido. Una opción es el sinsentido, es decir, la suma de casualidades en las que no es posible creer, que es un imposible hermenéutico. Otra la historia optimista guiada por las directrices de la razón, que busca ordenar los acontecimientos, los eventos, bajo la idea de lo que debe ser, es decir, lo que tiene que ser. Esto último es lo que hubiera hecho Kant mismo y han hecho hasta ahora quienes veían en los hechos del Oriente islámico una “primavera democrática”, es decir, una ampliación geográfica del pensamiento único, el Occidente y los valores de los Estados Unidos. Pero hoy se ha puesto en marcha claramente la obra de la verdad, al decir de Heidegger. Y la tercera opción de profecía se transforma en realidad. Kant la denominó la interpretación “terrorista” y “apocalíptica”, en irónica alusión a quienes diagnosticaban males sin fin de la Revolución Francesa desde el ángulo de interpretación religiosa del fenómeno, donde la única razón que se está dispuesto a oír es la que procede del Ser. La Primavera democrática en el mundo islámico debe ser vista en realidad como la primavera de la religión en Oriente, el invierno y la tundra del liberalismo en el mundo.

Así, en pocos días, en todo el mundo árabe, desde Oriente hasta el África, las embajadas de Estados Unidos y sus aliados son el colapso intensivo a la vez del Islam y la muerte. Ésta, señores, es la Nueva Primavera. La Primavera Religiosa del Oriente. Y es el Internet la causa, donde un día 11 de septiembre un sionista colgó un vídeo del Profeta Mahoma como pedófilo, acosador, estúpido y manicorto, como suelen ser los personajes de los diarios y los noticieros de la sociedad norteamericana que preside Obama.

Hoy, 16 de septiembre de 2012, Al Qaeda insta a continuar los asesinatos y las masacres en todo el mundo “contra la soberbia de Estados Unidos”.

¿Hacia dónde, por qué vías es que se expande la geografía metafísica hoy en día? Esa pregunta es la clave de toda historia que esté por venir.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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