La vida es decisión ¿predeterminada?

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Las nueve de la mañana, el bar de Ramón lleno de gente. Parece que la crisis no afecta demasiado al desayuno de los españoles, no me extraña en absoluto, esos momentos son indispensables para romper con las preocupaciones diarias.

Un café y una tostada o un pincho de tortilla y un zumo de naranja. Si me decido por el café, seguro que tengo que ir al baño en menos de media hora; Aunque con el zumo de naranja sucederá algo parecido. ¡Bombilla!

Comienzo a reflexionar sobre las decisiones que tenemos que tomar en nuestra vida. Me pregunto si el resultado, en cualquier elección que se nos presente, será el mismo decantándonos por una opción u otra. Como aquella regla matemática del orden de los factores.

De hecho, teniendo en cuenta que nacemos con ciertas condiciones que no podemos elegir, tales como la genética o el entorno familiar; Parece que algo de predestinado hay en nuestra vida, es decir, no somos tan libres como pensamos. Observemos que estas dos condiciones fundamentales afectarán a todos las elecciones que tengamos que realizar; Recientes investigaciones sobre el gen MAO-A, comentadas en mi artículo “El mal, los radicales libres y la moral religiosa”, así lo demuestran.

Bajo estas circunstancias, pongamos como ejemplo a uno de los investigadores sobre la actividad cerebral de los psicópatas: James H. Fallon, el brillante neurocientífico descubrió, mientras estudiaba la actividad cerebral de los individuos con menor carga moral, que su propio esquema de actividad cerebral coincidía, exactamente, con el de los psicópatas. Acto seguido, comenzó a repasar su niñez, dándose cuenta de que, debido a la suerte de haber tenido un entorno familiar feliz, su comportamiento no había degenerado en la violencia.

Por otra parte, y siguiendo con el caso de Fallon, él mismo habla del papel primordial de la genética en las decisiones secundarias, incluso teniendo un entorno familiar favorable. Pone como ejemplo que podría coger un vuelo el mismo día del fallecimiento de alguien de su entorno, sin que esta decisión suponga ningún tipo de carga moral para él.

Teniendo en cuenta estas características inevitables en cada individuo, me gustaría volver al tema de la libertad individual en la decisión.

Nos gusta pensar que somos completamente libres en nuestras vidas, que nada influye a la hora de elegir el camino que queremos seguir. En ocasiones nos frustramos pensando qué decisión tomar, cuando al final vamos a elegir lo que nuestra genética y nuestro entorno nos indique. Al darme cuenta de esto, pienso en el tiempo que empleamos en este proceso y en la sensación de frustración que implica. A primera vista, y bajo esta exposición, ambos podrían parecer inútiles. Pero si analizamos el proceso, nos daremos cuenta de que sirve para reafirmar lo que realmente queremos, lo que realmente necesita cada individuo para su propio desarrollo, además de para comprender el por qué de las decisiones de los demás y lo diferentes que pueden llegar a ser las necesidades de cada persona dependiendo de sus características individuales; Es decir, para desarrollar esa empatía tan necesaria para la convivencia. Aunque nuestra respuesta moral ante una acción sea diferente, y nuestras emociones tengan distinto grado de intensidad, siempre podremos comprender la necesidad de una convivencia armoniosa.

En cambio, si empleamos demasiado tiempo en tomar esa decisión, podemos llegar a confundir cual es la verdadera necesidad, sintiéndonos frustrados en demasía.

Aunque siempre defiendo el uso de la razón, y de las capacidades mentales, para tener un poco más de consciencia sobre nosotros mismos; existe otra capacidad del ser humano, la cual es fundamental para no perder ese perspectiva sobre las verdaderas necesidades de cada individuo.

Intuición

(Del lat. mediev. intuitĭo, -ōnis).

1. f. Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento.

2. f. Resultado de intuir.

3. f. coloq. presentimiento.

4. f. Fil. Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.

5. f. Rel. visión beatífica.

No creo que nadie se atreva a negar el placer que produce tener la certeza de algo sin emplear interminables horas en el razonamiento de la misma. Realmente, sólo los individuos predestinados genéticamente a perderse en los interminables caminos de la psique, están dispuestos a soportar el tormento que produce.

Por lo tanto, en la segunda parte de este artículo, recomendaré el uso prudente de la capacidad mental. Con esto no quiero decir que, aunque  “no sea lo nuestro” bucear en el abismo de la mente, no nos paremos a intentar comprender, bajo los límites de cada cual, ese maravilloso proceso que es la vida. De hecho, es algo natural, en el ser humano, hacerse cierto tipo de preguntas e intentar resolverlas. Pero salvo los individuos citados con anterioridad, es importante que tengamos más en cuenta esa interesante facultad intuitiva, ya que es la guía fundamental para saber cuáles son nuestras verdaderas necesidades, además de avisarnos de posibles contratiempos que pueden surgir de cada circunstancia.

Por consiguiente, a la hora de tomar una decisión, y aunque decidamos explorar la decisión en sí; es importante que siempre tengamos como referencia ese sentimiento producido ipso facto. Digamos que es una herramienta que forma parte del instinto de cada individuo. De esta manera, evitaremos que surjan contradicciones, estas sí, totalmente innecesarias.

Sigo en el bar de Ramón, sumido en la reflexión sobre la decisión, pero el camarero lleva un buen rato esperando a que le pida algo. Me doy cuenta de que estoy, todavía, bastante dormido así que me voy a decantar por el café; pero cuando voy a pedirlo algo me dice que hoy me sentará mejor el pincho de tortilla y el zumo.

—¡Un pacharán, por favor!

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