¿ Por qué calla la Iglesia?

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¿ Por qué calla la Iglesia?

En la dolorosa situación por la que atraviesan algunos pueblos de Europa como el nuestro, llama la atención, ¿no lo notaron? el silencio clamoroso de una Iglesia que contempla indiferente y silenciosa  cómo se hunde el país y aumentan los desahucios, la pobreza infantil y  el hambre entre las familias. La Iglesia no sabe de recortes,  sino al contrario, porque  en los presupuestos generales  de este años han aumentado las ayudas del Estado.Si renunciara a los muchos miles de millones de euros (más de seis mil solo en España) y muchos de sus privilegios fiscales  podría evitar casi todo el desastre en Educación, Sanidad y servicios sociales. Su falta de amor al prójimo está quedando tan patente como su avaricia.  En situaciones  de crisis es cuando se conoce mejor dónde está cada uno. ¿ Por qué no da la cara la jerarquía católica?  ¿Acaso puede llamarse  cristiana una Iglesia que calla ante los atropellos a los  pobres y desfavorecidos y no abre sus arcas para dar en lugar de sus manos para recibir  ? Y sin embargo…

EL CRISTIANISMO ES REVOLUCIONARIO

Siempre se dijo por cristianos consecuentes que el mensaje de Cristo era revolucionario. No solo porque lo es el contenido del Sermón de la Montaña, eje central del cristianismo, sino porque es factible (algo que niega la Iglesia). Las primeras comunidades cristianas se esforzaban en aplicarlo, y tenían éxito, lo que resultó un peligro para el orden establecido por Roma. Para el Imperio había surgido un movimiento de raíz espiritual en nada parecido a lo conocido por sus dirigentes ni sus castas sacerdotales paganas. Predicaba la igualdad en una sociedad esclavista; el pacifismo, la objeción de conciencia y la insumisión militar en un Imperio fundado y sometido por la violencia de las legiones; el desprecio a la riqueza cuando conseguirla era el más alto deseo de dirigentes y dirigidos; la obediencia y el culto a un solo Dios por encima del politeísmo y de la obediencia al César y a su culto como dios. Además se formaban comunidades donde todo se compartía en lugar de aceptar el modelo egocéntrico – que aún perdura- de “cada uno a lo suyo y quien más consiga es el mejor”. A todo eso aún cabría añadir que los primeros cristianos eran vegetarianos por indicación de Jesús dentro del respeto a la vida que no se limitaba a la del ser humano. Y era una fe capaz de conseguir superar en los seguidores del Nazareno el miedo a morir despedazados en el circo por practicar el pacifismo y negarse a servir en la milicia.

Por defender principios esenciales que se oponían frontalmente a los del orden establecido, el cristianismo quitaba el sueño a los emperadores hasta que llegó Constantino. Y ahí comenzó otra persecución: esta vez de la una jerarquía religiosa que comía de la mano del César hacia sus disidentes puros que intentaban seguir las enseñanzas del Nazareno, a los que tildó de “herejes”. Y ya sabemos lo que eso supuso: una Iglesia renegada y un Emperador pagano actuando contra los amigos de Cristo. Lo que son las cosas: esa persecución en forma de calumnias, vacío social, intentos de descrédito, obstáculos al derecho de reunión y otras zancadillas protagonizadas por la alianza de los políticos conservadores con la Iglesia contra los cristianos del Sermón de la Montaña todavía sucede en la supuestamente democrática Alemania).

La institución Iglesia – nunca fundada por Jesús- resultó de la adulteración y traición al mensaje de Su Sermón de la Montaña y se encargó desde muy al principio de combatir a los que llamó herejes para acomodarse al orden del César, lo que le significó grandes riquezas y honores a partir del emperador Constantino. Y este fue quien prohibió la enseñanza de la reencarnación que Cristo predicó y el Imperio debió considerar peligrosa porque hacía perder el miedo a los súbditos para enfrentarse a sus dirigentes. La Iglesia inventó el Infierno y la excomunión para apoyar al César y a sus obispos y asegurar a los desobedientes que serían condenados por Dios eternamente a penas sin fin. La política del miedo es muy propia del poder y de la Iglesia, porque el miedo ata y lleva a la sumisión, pero Cristo afirma la bondad y el amor infinito de Dios que nos creó libres y no castiga a ninguno de Sus hijos. Las consecuencias de nuestros actos es lo que algunos llaman “castigo de Dios” para eludir su propia responsabilidad, pero Dios es nuestro Padre amoroso.

Junto a los Diez Mandamientos, El Sermón de la Montaña es la pieza clave del cristianismo, pero la Iglesia lo considera un texto impracticable, como si fuese el sueño de un “visionario llamado Jesús de Nazaret”, del que cínicamente esta religión externalizada y pagana toma el nombre de “cristiana” como “marca eclesiástica” para vivir del cuento y sin trabajar. Y es que las Iglesias que se llaman cristianas son desde hace siglos las principales impulsoras para el ateísmo y las peores enemigas de Cristo, que- al contrario que el clero- siempre estuvo del lado del pueblo y de los pobres. Pero afortunadamente para la humanidad sigue existiendo el cristianismo originario.

El cristianismo originario viene explicándose en Alemania desde hace más de treinta años, recuperado al fín a través de las enseñanzas directas recibidas por Gabriele expuestas en más de un centenar de libros y transmitidas a diario por radio y TV (www.alternativartv.com)

Observando cómo piensan viven y actúan desde hace casi dos mil años los llamados cristianos de iglesia es imposible hallar rastro alguno de revolución espiritual, sino de todo lo contrario: de involución doctrinal, pues ¿en qué Iglesia de las tantas que proliferan podemos hallar al Cristo revolucionario de los orígenes?

A diferencia de la espiritualidad orientalista (Vedas, Budismo, taoísmo, Zen, etc.) el cristianismo de los orígenes es una enseñanza espiritual acorde al modo de pensar de Occidente, donde no por casualidad hemos encarnado los de aquí. A través de innumerables manifestaciones de enseñanza se ha dado a conocer el verdadero alcance de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña y señalados como base de la evolución de la conciencia, a lo que se añade la propuesta de un Camino Interno, un camino espiritual que trata de unir cabeza y corazón y conocimientos con acciones sin necesidad de intermediarios curas, ni de jerarquías, iglesias de piedra, ritos, dogmas o tradiciones. Es, pues, un cristianismo libre. En él se unen simbólicamente la mitad occidental -más racionalista – con la mitad oriental –más mística- del Planeta, y por encima de países, conceptos e ideas extremistas, de falsos profetas y gurús. Y está creciendo en todo el mundo superando prejuicios sociales, persecuciones políticas y religiosas en la actual Alemania, y numerosos obstáculos culturales, económicos, políticos, religiosos, filosóficos, educativos, científicos, que puestos en contra han contribuido a deformar no solo la verdad, sino el modelo de unidad torpedeado por tantos intereses mundanos de las Iglesias, erigidas como obstáculos para impedir construir entre todos una Sociedad de la Paz y la Unidad, que es la Sociedad del Porvenir.

Hasta ahora, la lentitud en alcanzar a nivel global un modelo pacífico de convivencia y de unidad espiritual reconociéndonos todos como seres espirituales en Dios e hijos Suyos, nos ha conducido a este deterioro mundial que se viene anunciando desde siempre con el nombre de Apocalipsis, un proceso de regeneración del Planeta- entre otras cosas – cuyas consecuencias estamos comenzando a sufrir a causa de nuestras acciones como especie agresiva contra todas las formas de vida, incluida la nuestra.

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