Y la Iglesia se topó conmigo: Declaraciones descafeinadas

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Aquel hombre excepcional que fue mi padre siempre me decía: «Cuando leas cualquier libro, texto o artículo, busca el tiempo necesario y suficiente para hacer la oportuna reflexión sin dejarte llevar por una pasión desmedida. Al hacerlo saca tus propias conclusiones. Piensa por ti mismo e intenta ser lo más objetivo posible. En ese proceso puedes acertar o equivocarte, pero será tu acierto o tu error».
Esto me lo decía cuando estudiaba en el Seminario, donde se nos enseñaba a acatar, aceptar y tragar lo que venía dado (nos decían) por voluntad divina.
Lo dicho viene a colación por la última declaración sacada a la luz por parte de la Conferencia Episcopal Española sobre la crisis que estamos padeciendo –la anterior fue en noviembre de 2009, cuando gobernaba el PSOE–. He releído aquella de nuevo porque ni me acordaba y he leído la de ayer (cuando gobierna el PP), que, por cierto, me llegan rumores de que no ha estado exenta de alguna reticencia por un sector del episcopado. Sin temor a equivocarme (como muchas y muchos), sospecho quién puede estar en él.
Pues bien, sin dejarme llevar por una pasión desmedida y, añado, sin acritud, estas son mis reflexiones:
Primera. En ambas sigo echando en falta un compromiso práctico por parte de los monseñores. La teoría es de ellos, se les da muy bien. La práctica, para el rebaño: invitan, transmiten, piden… Después de 200 años siguen vigentes y de actualidad estas citas papales, que ellos cumplen a rajatabla:
Gregorio XVI (1831-1846): «Nadie puede desconocer que la Iglesia es una sociedad desigual en la cual Dios destinó a unos como gobernantes y a otros como servidores; estos son los laicos, aquellos son los clérigos».
Pío X (1835-1914) es todavía más rígido: «Solamente el colegio de los pastores tiene el derecho y la autoridad de dirigir y gobernar; la masa no tiene ningún derecho a no ser el de dejarse gobernar cual rebaño obediente que sigue a su pastor».

Segunda. En aquella declaración del 2009, como dije, gobernaba el PSOE. Hablaba la Iglesia de las causas de la crisis: pérdida de valores morales, falta de honradez, codicia, carencia de control de las estructuras financieras potenciada por la economía globalizada, tasa de desempleo disparada, escasa protección social de la familia, políticas antinatalistas… (qué obsesión con este asunto: antes, después y siempre). Hasta se pedía un trato humano y solidario con los emigrantes que veían restringidos sus derechos, y así una larga lista que afectaba, sobre todo, a los más desfavorecidos. En la declaración de ayer no se hace mención a este último punto, a pesar de que las medidas dictadas por este gobierno los han dejado más que maltrechos y perjudicados.
Tercera. En la declaración recién salida del horno se habla de solidaridad y se hace una llamada expresa a «continuar la reflexión y a agradecer y estimular la caridad efectiva, la que pasa de las palabras a los hechos». Me pregunto: ¿Ustedes a la cabeza, señores obispos, o solo el rebaño? También piden a las autoridades que velen «por que los costes de las crisis no recaigan sobre los más débiles». ¿Seguro que, a partir de mañana mismo, el PP les hará caso, o nos dirá: «Que se jodan»?
Otra perla: «Ante todo, invitamos a la fe». ¿En quién, señores? ¿En Dios? ¿Nos quieren seguir haciendo creer que Dios nos va a sacar de esta crisis? ¿No creen que si dependiera de Dios, esta o alguna otra crisis de tamaña envergadura no se hubiera producido? A no ser, claro está, que sigan ustedes convencidos de que, por nuestros pecados y por nuestra asquerosa moral, Dios nos la está jugando y bien. ¡Que no, señores, que no! Se equivocan, con todos mis respetos. Inviten ustedes a los mercados financieros, con Frau Merkel a la cabeza, al BCE, al FMI, a la CE, llámase la Troika, para que no sean tan ruines, tan cicateros y tan sinvergüenzas.
«Invitamos –dicen también– a la caridad». Aquí sí que tengo claro que quien se tiene que mojar es el rebaño, ustedes no. Faltaría más. Y lo digo porque, si no recuerdo mal, el jefe Rouco dijo un día que si la Iglesia tenía que pagar el IBI, habría que retraer los fondos de Cáritas. Dejo el botón de muestra y no sigo porque entonces me podría la pasión.
Cuarta. No podía faltar. En casi todas las declaraciones hay un totum revolutum, o lo que es lo mismo, mezclan las churras con las merinas. ¿Me quieren ustedes dar una explicación coherente de lo que tiene que ver esta crisis política, social y, sobre todo, económica con «la protección del matrimonio y de la natalidad, que serían la salida duradera de la crisis»? A ver, a ver, que al rebaño lo están liando y por ello pregunto: ¿Nos están diciendo que la crisis se acabaría o no sería tan duradera si hubiera menos divorcios y menos abortos? Uy, uy, uy… Cómo se les ve ese plumero obsesivo y cansino. Y qué me dicen de su referencia a la unidad de España y de la inquietud que les causan las «propuestas encaminadas a la desintegración unilateral de esa unidad». Cómo se nota la influencia del pasado nacional-católico en ese recinto, que no duda en echarle una manita al partido uno, grande y libre.
Y quinta. ¿Saben qué, señores obispos? Que a esta declaración le falta un par de bemoles. Está descafeinada y se nota que la han sacado a la luz por obligación y de mala gana. Que se les ve el andar y la cojera. ¿Saben qué? Echo en falta una buena restriega a este gobierno tan amigo incondicional y católico que, en menos de un año, ha conseguido arruinar este país. Que no han hecho ni puto caso a aquella declaración del 2009 (será porque iba dirigida al PSOE) y que, sin embargo, estamos, con los drásticos recortes, muchísimo peor que hace tres años. Echo de menos un poquito más de humildad en algunos miembros de la CEE, que cuando están enfrente de los medios no les falta sino que les toque una fanfarria norteamericana. Y, finalmente, cuánto echo de menos, en los tiempos que estamos, unas cuantas mujeres en esa Santa Casa. De verdad, es que ver tantos hombres solteros, cuasi mayores, sin una franca sonrisa, serios y cabreados con el mundo y el sistema planetario me produce repelús.
Creo que ahora algunos se van a Roma, ¿no? A un Sínodo cuyo contenido es el de la nueva Evangelización. Traigan, por favor, propuestas concretas para el proyecto Eurovegas a ver si cuajan. ¡Hala, ustedes a disfrutar y a comer de lujo! Que el rebaño va a seguir a dos velas. Se pueden ir tranquilos, a ver si Dios, para cuando vengan, nos ha echado una manita. ¡¡Salud y paz!!

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