Un manto muy rojo

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Un manto muy rojo

La extendida costumbre de adoptar símbolos de victoria y aplicarla como iconos a nuestra cultura tradicional se ha convertido casi en una norma que puede sonar ya a manida. Hemos sido muchos los que hemos vestido la camiseta y animado a nuestra “roja”, con nuestras voces y nuestros alientos incondicionales. Nos hemos sentido parte de algo muy importante cuyo proyecto se ha visto culminado con esa copa del mundo y esa otra de Europa que ya lucen en las vitrinas de la Federación, en nuestros corazones y en el bolsillo de esos a quienes aclamamos.

Ahora, no contentos con todo eso, nuestros frívolos ediles han decidido sumarse a esa especie de celebración y ungir con ese mismo símbolo a nuestra Virgen del Pilar. Lo que faltaba, han dicho muchos. Cambiar el color tradicional del manto blanco por uno rojo, o por el de la roja, según esos otros que se sientan favorables a la decisión municipal.

Y digo yo. Ya que nos ponemos a cambiar mantos, ¿porque no confeccionamos otro mucho más práctico que también es rojo? Se trataría de un gran manto de alimentos con los que aprovisionar los depauperados almacenes dela   Cruz Roja y ayudar de esa forma en su encomiable labor aprovechando que por estas fechas es el Día de la Banderita (también roja), tomando como ejemplo lo que ya se está haciendo en algunas parroquias de Andalucía en donde se sustituyen las flores a vírgenes y santos por alimentos y donaciones.

Así, de paso, nuestra electa corporación quizá (y sólo quizá) se daría cuenta al ver ese montón ingente de generosidad ante sus puertas, de que las necesidades de sus contribuyentes son mayores de lo que imagina y que el altruismo de los oferentes superaría con creces la limitada visión que nuestros engolados ediles tienen de su forma de mover las riendas del consistorio.

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