Banca pública de inversiones francesa y cajas de ahorro españolas

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En Francia Hollande vuelve a cumplir con una de sus promesas electorales: la creación de un banco de inversión público. Así, la banque publique d’investissements (BPI) será reforzada con una provisión de entre 30.000 a 40.000 euros como apunta el diario económico Expansión. Se supone que su objetivo nace de las crisis crediticia en la cual las restricciones de crédito están hundiendo el crecimeinto sobre todo en las pequeñas y medianas empresas, que no encuentras recursos financieros suficientes para prosperar y son “el motor de crecimiento” como se apunta en el diario francés Franceinfo. Sin embargo, no olvidan los problemas de la gestión pública de la banca, que no sé por qué evoca al gran éxito de esta misma gestión en las cajas de ahorro españolas, las más insolventes comparado con los bancos de gestión netamente privada. De hecho, en el mismo diario exponen como preocupación la politización de estas deciciones pues la concesión de crédito cuando los proyectos son poco viables, terminan en réditos negativos que, siendo el banco público, se socializan a toda la sociedad y todos pagan por ellos. Su nivel de deuda y sus previsiones de crecimiento (las de Francia) no son las más halagüeñas ni esperanzadoras como para poder crear un estímulo de tal calibre, 40.000 millones, y que en dos o tres años se quede en papel mojado como la intentona socialista de Zapatero con el plan E.

En Europa se propuso, y Hollande aprueba y anima a ello, el banco de inversión europeo dotado de más de 120.000 millones de euros, todo ello de los países miembro. Por suerte no se ha concretado ni aprobado. Imagínense por qué no, quién se opone a tal engendro europeo. Y el tema es el mismo, la gestión de los créditos ha de venir por estrictos criterios de viabilidad y solvencia del prestatario y no por amor al arte o en obra filantrópos desinteresados. Cuando se distorsiona el mercado de crédito, como hacen los bancos centrales y sus tejemanejes con los tipos de interés, se pueden apoyar inversiones equivocadas que revoquen en pérdidas, en este caso, como apuntaba, para todos. Mejor lento que seguro, creo, esa es la moraleja.

Pero dadas las ansias de “ganar competitividad” de los países sin entender como funciona el mercado y la innovación empresarial, el ministro francés de economía, el señor Pierre Moscovoci, por suerte dice que no tocará los impuestos más importantes como se reseña en Les Echos pero, por otro lado tenemos precedentes de metonmetodos argentinos, es decir, cuando las manos públicas se meten en cuestiones privadas y crean una indignación de “oiga usted, esto es mío, tengo libertad para hacer lo que crea oportuno”. Ese fue el caso con el grupo PSA (Peugeot-Citroën) quienes en una de sus fábricas en el país galo se disponían a despedir en masa a muchos de sus trabajadores, básicamente, porque la producción estaba descendiendo rápidamente y las ventas también. El coste laboral de Francia es alto, muy alto, y no por los salarios netos percibidos por los trabajadores sino, miren, cotizaciones sociales, IRPF y demás impuestos. Si encima, que una empresa modele su plantilla es motivo de “cuestión de Estado” (para quién no conozca el culebrón: el gobierno casi sustituye a los sindicatos y emite juicios de valor, poniéndose a  negociar con la empresa, papel que, desde luego no corresponde a un gobierno serio. Si alguien tiene que negociar son los sindicatos que para eso están).

Finalmente he de destacar este artículo, una entrevista a Laurent Bouvet, un politólogo francés miembro de un Think Tank, Cevipof. Advierte al gobierno de Hollande de la posibilidad de terminar como su homólogo ideológico Zapatero en España. Argumenta que es positivo las reformas en términos de la moral (libertades políticas), inmigración, etc. pero que se quedan en medidas, importantes, pero a su vez superficiales pues no reforman ni mejoran la estructura económica. Olvidan la competitividad del Estado por motivos cosméticos, dignos de acomoterse, como dice: típicos de la izquierda y algo a agradecer en la izquierda, pero que no deberían oscurecer el deber de mejorar la economía pues las posibilidad de mantener e incrementar el bienestar de la población provienen de seguir estando entre los países más competitivos y ser referencia internacional. Zapatero no tocó mucho la economía salvo al final de su mandato donde la pésima gestión y previsión de la crisis, con negacionismo incluido, forzó déficit estructurales graves en las finanzas del Estado y la compañera gestión de las cajas de ahorro, riesgo compartido con la BPI ahora francesa, bañaba de crédito inversiones imposibles de rentar por encima de la demanda real. Añado yo: se necesita de una izquierda como contrapeso de la derecha política pero estas dos deben aceptar la economía de mercado y los principios de la globalización no como amenaza sino como oportunidad. Reconozco la virtud en tanto a las libertades políticas que defiende la izquierda normalmente, que la derecha rehusa por su ligadura tradicional con la iglesia pero, reitero, el problema está en olvidar el trasfondo en el que nos movemos y donde nos la jugamos.

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