Voluntarios en prisión. Ciudadanía en la sombra

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¿Cuál es su experiencia como voluntario en prisiones?

Entré por primera vez en una cárcel en el año 1987 acompañando al profesor García Fajardo. Yo tenía veinte años y desde entonces siempre he estado vinculado al mundo penitenciario español donde he coordinado un Aula de Cultura de la ONG Solidarios para el Desarrollo. No me puedo olvidar de la experiencia como voluntario durante un año en la cárcel de mujeres de Pereira, en Colombia.

¿En qué consisten las aulas culturales de la ONG Solidarios en las prisiones?

Son un ciclo de conferencias por las que han pasado profesores universitarios de todas las disciplinas, actores, científicos, periodistas, escritores, deportistas, diplomáticos, viajeros… que establecen un coloquio interesantísimo con los internos. Solidarios nació y crecido en universidades, por lo que nuestra idea es crear una dinámica parecida a la de los Colegios Mayores, para que los internos tengan un buen nivel de acceso a la cultura y a la educación.

¿Es muy diferente la visión de la cárcel cuando se conoce desde dentro que la que percibe la sociedad desde fuera?

La cárcel está llena de tópicos y de prejuicios y es normal en un lugar tan hermético. El lugar no es normal, pero la gente que hay allí dentro, sí suele serlo. Fuera ponemos el foco en psicópatas, terroristas, asesinos en serie, capos… Pero, aunque esas especies también existen, la inmensa mayoría de los internos son gente corriente que, por errores, por mala suerte, por debilidades o por cualquier circunstancia, han delinquido. Según el punto de vista del libro y de los voluntarios, esas personas merecen una segunda oportunidad.

¿Cuál es el propósito de este libro?

Ayudar a otros voluntarios y a sus entidades a entrar con mayor seguridad en el entorno penitenciario. La cárcel es como cualquier otro sitio, si conoces las reglas y tratas de cumplirlas, tu trabajo será provechoso. A nosotros, como voluntarios, nos hubiera gustado mucho tener un texto similar cuando iniciamos nuestro trabajo.

¿Qué es lo más difícil de la vida en prisión? ¿Qué es lo peor para los internos?

Supongo que cada interno tiene su versión de la calamidad general que es la cárcel, desde el que se quita la vida porque no resiste la presión, hasta el que pide que no lo dejen en libertad. Al margen de los extremos, la cárcel es una drama para por la falta de libertad. No sólo es no cruzar la puerta hacia la calle, es no poder tomar decisiones, ser conducido todo el día, perder la autoestima, sentirte proscrito por una sociedad vengadora…

¿Cómo se aborda el acercamiento a un preso? ¿Hay algún tema de conversación tabú?

Hay temas que no se sacan por respeto a la intimidad, otros porque pueden colisionar con el proceso judicial, otros por respeto a la víctima y a la sociedad que esa persona ha agredido. Los voluntarios han de escuchar más que hablar, asentir, ser cariñosos, pero firmes, ser claros y tratar de que nadie se lleve a confusión… Una de las partes del libro describe una caja de herramientas donde con un cierto método proponemos a los lectores vías naturales de acercamiento.

En este sentido, ¿su labor de voluntariado distingue a unos presos de otros? ¿También trabajan con terroristas, pederastas, etc.?

Trabajamos con quien la Institución Penitenciaria dice que trabajemos, y nosotros no sabemos con quién estamos hablando, ni nos interesa, precisamente para evitar la contaminación. También hablamos de las reflexiones que alguien debe hacerse antes de ser voluntario y la capacidad de anticipación de debemos tener para no vernos en el momento más inoportuno cuestionándonos nuestro trabajo. El libro arranca con una cita de Don Quijote que dice: A los caballeros andantes no les atañe averiguar si los condenados están en aquella angustia por sus culpas o por sus gracias; solo les toca ayudarles, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías. Creo que es un buen resumen.

¿En España los presos viven dignamente?

Tenemos una de las mejores teorías penitenciarias del mundo, manifestada en la Constitución o en la Ley General Penitenciaria. Se han modernizado instalaciones y dotado de personal especializado. Hemos avanzado a lo largo de los últimos treinta años en una buena dirección. Sin embargo, quedan asignaturas pendientes muy relevantes. Por ejemplo, se gobierna a golpe de endurecimiento del Código Penal, cada nuevo caso, nueva petición de mayor dureza. No se solucionan los problemas por la vía del mejor reparto de la riqueza, de una mejor educación o de la creación de conciencia ciudadana, y se quieren resolver a base de palos. Michel Foucault ya avisaba que un buen diagnóstico de una sociedad se podía hacer simplemente analizando sus cárceles.

Chema Doménech

Periodista, Revista Perfiles

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