Huelga 14N: Razones para holgar

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Huelga 14N: Razones para holgar
Huelga 14N: Razones para holgar El Diccionario de la Real Academia registra la palabra holgar (estar ocioso, no trabajar), de la que deriva huelga (espacio de tiempo en que alguien está sin trabajar), cuya segunda acepción define la “interrupción colectiva de la actividad laboral con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta”. De ahí que, tanto en sentido peyorativo como en el laudatorio, la Huelga General a la que mañana están convocados los trabajadores de este país, por mucho que se empeñen los cínicos en descalificarla, siempre significará el hecho de parar en el trabajo por alguna causa: carecer de trabajo, ocio o necesidad de reclamar mejoras laborales.

Holgazán, que también deriva de holgar (persona que no quiere trabajar), se presta a ser utilizada por esos cínicos para adjetivar a los seguidores de una huelga, sin diferenciar el matiz que distingue a estos términos: la voluntad. Unos están un tiempo sin trabajar por necesidad y otros no trabajan por vagancia. Y, aunque las palabras puedan dar juego a la polisemia, sus significaciones tienen connotaciones diametralmente opuestas, porque unas aluden a quien desea trabajar y ejercita derechos reconocidos para conseguirlo, y otras se refieren a quien no quiere trabajar. Por eso, antes de nada, emplazo a los tentados en acusar a los seguidores de la huelga como holgazanes a que desistan porque estarán violentando el idioma para proferir una mentira. Los huelguistas aspiran al trabajo y luchan por él, mientras los holgazanes –que también existen a la hora de pensar- prefieren la ociosidad y la ignorancia, porque no les gusta complicarse la vida ni para trabajar ni para entender la complejidad de los problemas que desencadenan una huelga.

Un servidor, como ya hizo en marzo pasado, se adhiere a la Huelga General de mañana día 14 porque comparte las razones que impulsan a los sindicatos a convocarla y porque tiene la convicción de que existen sobradas razones para holgar y manifestar la protesta más contundente posible a las medidas que impulsa el Ejecutivo de Mariano Rajoy con la excusa de la crisis económica. Los trabajadores y las clases medias están siendo sometidos a la mayor pérdida de derechos y recursos (salarios, trabajos, prestaciones) como nunca antes en la historia democrática de España, son injustamente señalados como los causantes de unas políticas y prácticas económicas que jamás han reclamado y están siendo atemorizados para esquilmar a la fuerza del trabajo en favor de la del capital, al que se protege y ayuda con ingentes fondos públicos. Ante esa decidida voluntad gubernamental de laminar lo que de “social” tiene el Estado español, con la eliminación de los sistemas de protección social que persigue una transformación neoliberal de la Sociedad, es por lo que apoyo y secundo la huelga.

A los que menosprecian la capacidad de las movilizaciones ciudadanas por considerarlas inútiles, recordarles que ningún derecho jamás ha sido concedido graciosamente por el Poder, sino arrancado por la fuerza de las reclamaciones y la presión social. Se hace necesario, pues, que ante la revolución que está desarrollando la élite económica y política contra las clases sometidas, alterando el equilibrio social que había proporcionado paz, progreso y bienestar a los países dotados, como el nuestro, de un sistema público que proveía servicios sociales a los más necesitados, la Huelga General actúa como alarma del descontento que ello está generando en una población cada día más reacia a permitirlo.

El Gobierno no puede permanecer ciego, sordo y mudo ante la queja de millones de ciudadanos que disienten de las políticas hasta ahora emprendidas, que sólo han conseguido el empobrecimiento y la desesperación de los desfavorecidos y los más débiles de la sociedad. La Huelga General, en este sentido, es la última señal frente al recurso a la inestabilidad y la desobediencia al que puede entregarse un pueblo cuando no se le escucha y atiende en sus justas reivindicaciones. No es sólo el paso previo para despertar conciencias adormecidas en los explotados, sino para advertir al Gobierno y a las élites del Poder de que la opresión ha llegado al límite de lo tolerable y es peligroso seguir exprimiendo a los sometidos. Es peligroso romper ese equilibrio social que se mantenía desde la segunda Guerra Mundial hasta nuestros días y es peligroso para los que detentan privilegios de clase por cuanto pueden ser cuestionados por lo que nada tienen que perder si se les arrebata su única pertenencia: el trabajo.

Por todo ello,, y aunque sólo sirva de revulsivo al Gobierno, el que suscribe estará mañana en huelga. Porque existen sobradas razones para holgar y reivindicar el cese del ultraje a la clase trabajadora.

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