Educa a los niños para prepararlos a un mundo competitivo

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Educa a los niños para prepararlos a un mundo competitivo¿Es posible moldear la personalidad de un niño y prepararle para un mundo competitivo?, ¿se puede catalizar a través de la educación y las experiencias para que una persona pueda llegar a convertirse en un empresario de éxito?, ¿se puede instruir y desarrollar la personalidad de un niño para que piense en buscar alternativas de negocio, en vez de buscar trabajo en un mundo donde ya no hay seguridad laboral? Como sugiere el autor del libro padre rico – padre pobre, Robert Kiyosaki, todo ello depende del tipo de instrucción o educación que se nos ofrezca a nuestros hijos y, de lo que hayan aprendido de su experiencia. Lo que en resumen quiere decir es que es posible moldear en parte la personalidad. Naturalmente siempre hay situaciones incontrolables que se nos escaparán, como el tipo de profesor frustrado que limita la capacidad creativa e innovadora de nuestros hijos, utilizando técnicas de aprendizaje poco adecuadas, o aniquiladoras de su personalidad.

Pero, ¿Cuándo realmente el ser humano puede empezar a acumular experiencias que le marquen el desarrollo de su personalidad? La comunidad científica está prácticamente de acuerdo en que los primeros años de vida de un niño son cruciales para desarrollar su personalidad futura. Aunque se aprenda toda la vida, y uno llegue a ser un empresario de éxito tardío, lo cierto es éxito está en el aprendizaje temprano y bien dirigido, que afiancen la personalidad del niño de forma positiva y proactiva. Pero, ¿qué es la personalidad? La personalidad es el carácter original que distingue a unas personas de otras. La personalidad es única, por lo que nos distingue de los demás como individuos.

La personalidad se desarrolla desde el nacimiento, y principalmente desde que se toma conciencia del ser. Las habilidades que se van adquiriendo con la experiencia permiten reconocerse y diferenciarse de los demás, saber qué está mal y qué está bien. La herencia genética hace que los niños reaccionen de forma distinta respecto al entorno que le rodea. Pero, su personalidad futura se moldea y son el resultado de la educación, las relaciones y del estímulo que reciba de las personas con las que se relaciona (padres, hermanos, abuelos, profesores, etc.), por eso es tan importante afianzar la personalidad del niño de forma proactiva.

Hay diversos estudios que demuestran que desde el embarazo hasta los primeros 7 años de vida de los niños, se puede moldear el desarrollo de la personalidad del individuo. En estos estudios se dice que durante el embarazo se desarrollan ciertos patrones conductuales y emocionales que permanecerán durante toda la vida, lo que permitirá por ejemplo: desarrollar una buena autoestima y seguridad en sí mismo, o por el contrario, ser temeroso y tímido; o saber controlar o no la rabia y la tristeza. Lo que somos es la respuesta de cómo se nos va ha preparado para enfrentarnos a las situaciones cotidianas de la vida. Un niño al que su madre no le ofrece la suficiente libertad será temeroso y necesitará siempre de la aprobación de los demás. Si dejamos que un niño desarrolle su espíritu creativo probablemente desarrollará determinadas capacidades artísticas, o empresariales. Pero, no es tan simple ni hay un recetario único proactivo, además está el entorno que no lo podemos controlar.

Lo importante es saber que todas las situaciones y emociones y experiencias a las que está expuesto el niño formarán su personalidad. Hay científicos que piensan que una parte de ese desarrollo empieza incluso antes del nacimiento, cuando el niño aún está dentro del vientre de su madre, es decir, cuando aún es un feto. Entonces, ¿los estímulos que reciba el feto podrán afectar a su personalidad y su vida adulta? Algunos estudios científicos afirman que esto es así, incluso hay quienes van más allá y consideran que las vivencias y emociones a las que esté expuesta la madre, también formarán parte del desarrollo del feto y marcarán la personalidad futura del niño.

Cuando un bebé nace, tiene aproximadamente 100.000 millones de neuronas que están a la espera de formar la estructura cerebral que de adulto le permitirá hablar, leer, razonar y sentir todo tipo de emociones. Pero cuando no se ha nacido aún y antes sexto mes de embarazo, lo cierto es que no existen apenas conexiones neuronales, aunque se sabe que éstas se desarrollan rápidamente a partir de ese sexto mes de vida, y es aquí precisamente, donde para algunos entendidos es necesario estimular el desarrollo de las conexiones neuronales.

El cerebro de los humanos nace con una infinita capacidad para asimilar experiencias, especialmente aquellas que sucedan en los primeros años de vida. Algunas de las neuronas ya tienen una misión específica y su funcionamiento ha sido activado por los genes para llevar a cabo las tareas básicas para la supervivencia fuera del vientre materno, como el respirar, llorar o succionar. Pero la mayor parte de ellas aún no han sido activadas. La interconexión neuronal es lo que finalmente permite realizar las más complejas tareas.

Las redes neuronales se irán creando a medida que el niño crece a través del movimiento y de la estimulación de los sentidos que reciba de su entorno, alcanzando a los cuatro años 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda su vida. Cada neurona sintoniza con otras 10.000 neuronas, un proceso que se desarrolla con el aprendizaje. La conciencia en sí, podría ser la expresión de un reducido número de neuronas, en particular de las que se proyectan desde la parte posterior del córtex hasta el córtex frontal. Para los investigadores que describen los mecanismos neuronales del psiquismo humano, el córtex es la región del cerebro que genera la conciencia del entorno y de uno mismo.

En la actualidad, buena parte de científicos consideran que la conciencia es un proceso que da sentido a las percepciones, con lo que atribuimos a la conciencia una finalidad. De esta forma, la conciencia se convierte en sinónimo de percepción y pensamiento, lo que permite distinguir distintos tipos de conciencia, como la visual o la sensorial. Según esta definición, la conciencia sería una actividad autónoma que puede tener en cuenta o no los estímulos. Llegados a este punto, cabría preguntarnos si es necesario haber desarrollado plenamente la conciencia para poder recordar experiencias, y si esto es así, querría decir que no podremos influir lo suficiente, y sino, que será posible ir preparando al niño prácticamente desde su nacimiento para que en base a experiencias vividas vaya adquiriendo determinadas habilidades que terminarán por formar su personalidad.

Algunos científicos consideran incluso importante la estimulación prenatal, estimulación que se realizaría a través de los sentidos del feto (como el oído) con el fin de permitir un desarrollo neuronal más adecuado, justo en un momento en el que la maleabilidad del cerebro es mayor. Estos científicos consideran además, que la estimulación prenatal incide positivamente en el incremento de las conexiones neuronales. Después de todo, aseguran, tan solo diecisiete días después de la concepción, el feto desarrollará sus primeras conexiones sinápticas entre las neuronas que conformarán su estructura cerebral. Algunos estudios incluso van más allá, aunque caen fuera del acervo de conocimientos científicos comúnmente aceptados, y llegan a admitir que en la estimulación del feto se tendría que incluir las propias emociones maternas.

Volviendo al hecho que nos ocupa en este artículo, lo importante es que la personalidad de las personas se forma en base a la experiencia, que nuestras habilidades en todos los campos las iremos desarrollando a través de estímulos. No se trata naturalmente de enseñar a un niño cosas para las que su cerebro aún no está preparado, debido a que no ha realizado aún determinadas conexiones neuronales, pero probablemente podamos ayudar a que éstas se realicen más rápidamente y fundamentalmente a instruirle en determinados comportamientos que podrían hacer de ellos verdaderos seres creativos y empresarios de éxito en el futuro. Aunque muchas veces tengamos que luchar contra nuestro propio sistema educativo, interventor ideológico y castrador de habilidades desde nuestra más tierna infancia.

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