Los productos estrella de la agroindustria: el aceite y el vino

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Hay dos productos estrella en nuestra industria agroalimentaria en España: el aceite de oliva y el vino. El cultivo de la oliva empezó hace más de 5.000 años antes de Cristo, en la zona mediterránea de Siria y Canaán. Se utilizaba también para extraer el aceite que serviría para dar lumbre a los hogares y templos, no por nada, una tercera parte de la pulpa de la aceituna es aceite. Fueron los griegos quienes llevaron la producción del aceite a Italia, alrededor del siglo VII antes de Cristo y gracias a los fenicios llegó el cultivo a la península Ibérica, pero su producción se extendió con el imperio romano. El otro gran producto, el vino, ha seguido una trayectoria muy parecida, y su producción fue igualmente favorecida por la expansión del imperio romano. Si bien el cultivo de la vid en España se remonta mucho más atrás en el tiempo, 3.000 años antes de Cristo. Posteriormente se extendería por todo el mundo tras la conquista de América. Era de esperar que con los años, tanto el vino, como el aceite de oliva, mantengan una tradición tan arraigada en todo el territorio español.

España es el primer país exportador mundial de aceite de oliva del mundo y el tercero en la exportación de vino. Ambos productos, son principales productos tradicionales de la producción agroindustrial española, y junto al jamón serrano son una de nuestras principales señas de identidad. Con una producción media anual de 800.000 toneladas, y más de 300 millones de olivos cubriendo más de 2 millones de hectáreas cultivadas, en una superficie que representa más del 25% de la superficie olivarera mundial, España es el primer productor mundial de aceite de oliva. Respecto al cultivo de la vid también somos el primero por superficie cultivada, algo más de 1 millón de hectáreas.

El sector vitivinícola español como el relacionado con el aceite de oliva tienen una gran importancia, no solo por el valor económico que generan, también por el nivel de ocupación y por el papel que desempeña en la conservación medioambiental. No obstante, y aunque España lidera las exportaciones mundiales de vino en términos de volumen, con 1.065 millones de litros. Sin embargo, como resultado del bajo precio medio del litro de venta del vino español (1,06 euros en este semestre) eso nos convierte tan solo en el tercer exportador por valor, con 1.124,6 millones de euros. Francia sin embargo, vende a un precio medio bastante más elevado: 5,09 euros/litro.

Cabría entonces preguntarnos, ¿cuál es la razón por la que países como Francia, que ocupa la primera plaza con 3.568 millones de euros y con unos costes de producción mucho más altos que los nuestros, puedan vender en mejores condiciones su producto compitiendo en calidad en los mercados internacionales?, ¿por qué a nosotros nos resulta tan complicado introducir criterios de calidad? La respuesta probablemente esté en que han promocionado mejor su «marca país».

Entonces, ¿cómo se las ingenian entonces nuestros productores para vender su producto en unos mercados tan competitivos? Con cada vez mayores costes de su producción, al ser productos que requieren la utilización intensiva de mano de obra, lo oportuno sería pensar en introducir criterios de calidad. En la actualidad, tanto el aceite de oliva como el vino español compiten con productos similares en el mercado nacional e internacional, y lo hacen necesariamente intentando introducir cada día mayores niveles de calidad; eso sí, sin una política clara de apoyo institucional. Lo oportuno sería promocionar la «marca España», de lo contrario a nuestras empresas les va a resultar cada vez más difícil competir en el futuro en el mercado, pues, aunque las empresas intentan promocionar su propia marca, lo hacen sin demasiado éxito internacional. Las estrategias que sabemos que emplean actualmente las pequeñas y medianas empresas de estos sectores tienen que ver más bien con los aprovechamientos de las economías a escala y con un intento de diferenciación del producto pero casi siempre dentro de la escala nacional, fuera ya la cosa cambia al tiempo que la rivalidad crece. Algo de esto se habla en el vídeo ofrecido a continuación, donde se entrevista a las dos empresas aragonesas del sector que han participado con nosotros en el programa «La vía de la libertad».

Un dato importante es que la mayoría de las empresas de ambos sectores están internacionalizadas, es decir, que venden la mayor parte de su producción en el extranjero. Las empresas que no lo hacen, tienen planes para hacerlo a corto o medio plazo, aunque ven con dificultad conseguir los canales de distribución adecuados para la exportación del producto. Un dato curioso es que algunas de las empresas del sector vitivinícola que tuvieron que cerrar sus puertas, lo hicieron como resultado de un sobredimensionamiento en su escala de operaciones, probablemente por malas inversiones realizadas antes de la crisis. Cuando posteriormente cayó la demanda nacional, algunas de estas empresas no estuvieron preparadas para vender en el exterior sus excedentes y tuvieron que cerrar. No ocurrió lo mismo con empresas que ya estaban internacionalizadas. Hay que tener en cuenta que buena parte de las empresas del sector vitivinícola español son, por lo general, pequeñas empresas familiares, donde un gran número están constituidas como cooperativas agrarias. Una situación muy parecida se vive en el sector del aceite de oliva.

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