Ciudadanos de a pie

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Ciudadanos de a pie

A la vejez viruelas, que diría aquél. Pero es la sensación que tengo desde hace tiempo. Y supongo que lo mismo le ocurre a gran parte de ese segmento social al que han venido en denominar “ciudadanos de a pie”. Es la sensación, amarga es la palabra que la califica, de que, sencillamente, están jugando con nosotros a la manera de la peonza; es decir, nos ponen la guita al cuello y nos lanzan descaradamente al terraplén de los despropósitos sin más vestimenta que lo puesto. Es una sensación rara, sí. Y ya, ejerciendo de lleno como un sesentón, esta sensación se me ha subido a las espaldas y con la carga casi que no puedo.

Que a la vejez, todos los desatinos son posibles cuando la barca se tambalea golpeada por los vientos del Norte, Sur, Este y Oeste. Es entonces, cuando al pobrecito “ciudadano de a pie” no le queda otra que lanzarse al agua aunque no sepa mantenerse a flote. Y aquí es donde se las dan todas en el mismo lado. Se le vuelve del revés, cada dos por tres, tratando por todos los medios posibles al alcance de que no se salga del redil establecido. De ovejas negras nada, oiga; que viene la censura siniestra y te empaqueta con lazo y todo, y de por vida. Así que, metido a la fuerza en la tesitura del contigo o sin ti, uno no atina ni de coña si ataviarse con el chándal y las deportivas o trajearse a lo Humphrey Bogart.

Ya ven, a la vejez viruelas y desatinos. Como no podía ser de otra manera. Puesto que los cimientos de esta democracia se hicieron con arena de playa y, como es lógico, los socavones han ido apareciendo al paso del tiempo con demasiada frecuencia. Mas, todavía, después de lo visto y nada menos que en 3D, hay quienes se resisten a renovar la Carta Magna en la profundidad que se determinara por consenso; no se sabe bien si por algún miedo escondido en los zapatos o por la propia conveniencia de los que apelan constantemente al espíritu que emana de su articulado. El espíritu, ¿será posible? Al espíritu se encomiendan los que son incapaces de abandonar las cavernas, los mediocres. Y mientras los mediocres hagan ostentación de su vara de mando, los sacrificados siempre serán los “ciudadanos de a pie”.

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