Sociopolítica

Un paradigma muy peligroso

HANS 004
El neoliberalismo se puede definir como el último paradigma del gran capital que pretende tomar el control de la economía, la política, la cultura y los servicios públicos, y no por último nuestras vidas y conciencias. Le quieren llamar “Nuevo Orden Mundial”, pero es tan viejo como los deseos de los ricos de tener el mundo a sus pies y ser admirados por los más tontos .Es verdad que ningún grupo de ricos ha conseguido aún el control total, pero no descansan en su propósito porque nunca respetan el derecho de propiedad de los otros ricos y por ello estamos en una especie de feudalismo vandálico que recuerda una especie de nueva Edad Media, donde los señores de los castillos son ahora los banqueros y sus mesnadas la OTAN y otros ejércitos. La Iglesia, como es natural en ella, sigue entre los ricos y situada por encima de las leyes humanas, como los reyes.

Capitaneados por los vampiros más poderosos entre los poderosos, -los EEUU- y seguido por sus amigos imperialistas de Europa y del resto del mundo, el Nuevo orden Mundial se  pretende imponer como nuevo paradigma. En el terreno económico supone la subordinación absoluta a criterios economicistas. En el terreno social, el empobrecimiento general de todas las clases y grupos sociales con poco poder económico que ha llevado a un punto de inflexión en el llamado “Estado del Bienestar”. A medida que el neoliberalismo va copando los puestos de control en el orden internacional- bien por medio del control de mercados y de instituciones públicas, bien a tiro limpio-  se han ido perfilando minorías de ricos controladores cada vez más fuertes, más intolerantes y más peligrosas para el resto. Con ellos, el número de pobres ha crecido de un modo extremo en todo el mundo y en cada país, incluidos los del primer mundo. Pobres a los que sólo les queda resignarse, suicidarse,  la migración, legal o ilegal, recoger los restos de comida de los supermercados, hurgar en los contenedores, mendigar en las calles o en los comedores sociales, o sublevarse en un estallido social general, pues motivos hay de sobra. Y si faltaba alguno se sigue con el proceso de desmantelar el sistema público de salud, y hasta las ayudas sociales son tan restringidas que  no alcanzan a casi nadie, ni siquiera en situaciones límite de edad, enfermedad y pobreza. Todo retroceso hacia la miseria y  el desamparo social general se ve agravado en extremo  por la ausencia de organizaciones populares y de trabajadores  unidos  en un frente común, ya que todas las reivindicaciones son sectoriales y con escasas conexiones ocasionales. Y en un contexto más general,  el Planeta se mueve con innumerables muestras de malestar a consecuencia de la cantidad de venenos que este Sistema  contrario a la vida vierte a diario sin que los pueblos podamos hacer otra cosa que protestar contra muros de sordos protegidos con escudos policiales.

El rostro político neoliberal lo tenemos ante nuestros ojos, desplegado en todo su esplendor: es nuestro presente. Ahora ni los gobiernos tienen autonomía ni los pueblos son escuchados por más que se manifiesten aquí o allá. Todos esos señores de los Clubs de los Mandamases (Bilderberg, Troika, o los hombres “G” numerados) celebran cumbres sobre economía, sobre política o sobre el clima. Celebran cumbres sobre economía  que tratan de ver cómo enriquecerse cada uno de ellos en competencia con el resto; celebran reuniones sobre el clima y disienten de nuevo: ninguno quiere renunciar a ser más rico que el otro aunque todos nos asfixiemos y el Planeta se convierta en inhabitable. Sobre política, sí  se ponen de acuerdo en fijar quiénes son los  insumisos “antisistema” y cómo hacerlos callar. Ahora van a ver si consiguen controlar Internet, donde muchos de esos  insumisos se hacen escuchar.

A todo esto, la ONU, como organización suprema de los vampiros neoliberales, ha mostrado, por activa y por pasiva, ser una marioneta inútil para los pueblos, pero muy útil para ellos, naturalmente. Una institución que al igual que el Parlamento recuerda lo que sucede a un huevo cuando se le hace un agujero y se vacía, y aparenta ser huevo hasta que se le mira por dentro. Todo es una representación teatral. Que nos devuelvan todo lo que nos deben porque esta función no es la que anunciaron.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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