Chinos, invasión, víctimas

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Tenemos un problema histórico sin resolver, y da grima el poder contemplar cómo tal falacia lógica sigue engañando las mentes más hábiles en el tema.

Todo el mundo, intuitivamente, teme la amenaza de la competencia exterior, por ejemplo, de los chinos, que normalmente obran más barato, por el hecho de ‘robar’ puestos de trabajo. El razonamiento arguye ingenuamente que, si se permite la entrada de productos más baratos por nuestras fronteras, o se ampara la producción de productos más baratos dentro de nuestras fronteras, entonces somos los españoles los que quedamos abocados a perder nuestro nivel de vida y a trabajar como ellos por un duro la hora. Esto es un craso y terminante error lógico.

Lijian photo credit: chenines via photopin cc
Lijian photo credit: chenines via photopin cc

Lo primero a poner de relieve,  qué permite a los españoles comprar, adquirir y obtener bienes y servicios sean producidos por nosotros, dentro de nuestras fronteras o en el extranjero: nuestros productos. Esto es, nuestra capacidad de compra se mide por nuestra capacidad de producción e intercambio de aquellos productos. Si usted no produce, esto es, usted no trabaja, no tiene renta (quitando ayudas) y, por consiguiente, no puede comprar. Si usted, en cambio, produce, tendrá capacidad de compra equivalente al valor de su producción (trabajo). Quiere decir: los chinos no pueden invadirnos con sus productos aun se levanten todos los aranceles y se eliminen todas las trabas, pues sólo podremos adquirir nuestros productos cuando nosotros podamos intercambiarles algo, o sea, nuestra producción por la de ellos.

Pero la historia demuestra que abrirse al libre cambio destruye el empleo nacional o lo depauperiza.

Para responder a esta breve frase se requiere más que una breve frase, y eso es, por cierto, la falta de divulgación y explicación que obecede a la demagogia y el populismo que nos asalta, que no da más que una frase como consigna.

Si el país A se ha especializado en producir juguetes y el país B también se ha especializado en producir juguetes, pero resulta que en A los salarios se nivelan al estándar europeo y en B al tipo chino, es racional pensar que si se abren las puertas a los juguetes de B, los productores de juguetes de A perderán competitividad y sucumbirán, perderán el empleo. Claro, esto es cierto pero ¿ conocen un país en el que sólo se produzca un bien o servicio? Por otro lado, se cumple la regla anterior: si la gente pierde el empleo y tiene menos renta entonces menos productos de B podrán adquirir, con lo que sus precios relativos al poder adquisitivo ascenderán y se equiparará a los precios relativos de la producción en A. No puede existir una invasión salvo en el corto plazo y en la suposición de que un país sólo produce un bien.

Siguiendo el mismo ejemplo, pero asignando a cada país la producción de múltiples bienes, entonces, es posible que los de A no sean eficientes en producir juguetes y los de B arrebaten el mercado de juguetes; pero quizás los desempleados de A en el sector de los juguetes se reciclarán en sectores deficitarios en B por lo cual, a cambio de los juguetes, podrán producir electrodomésticos e intercambiarlos por los susodichos juguetes ¿Qué significa? Que el país A estaba desperdiciando esfuerzo laboral, recursos y energía en producir aquello que hacía más eficiente al país B y B no se estaba beneficiando del uso óptimo de los recursos en A al no producir electrodomésticos. Cerrar las puertas al comercio equivale a sostener las ineficiencias productivas y rebajar la competitividad nacional. Mas otro argumento final es el siempre dicho de la explotación: si a los de B no les conviniera producir juguetes de la manera que lo hacen, e intercambiarlos por los electrodomésticos, no lo harían, ya que tienen la libertad, incluso en el caso de puertas abiertas al comercio, de no comerciar. Otra cosa es subestimar su inteligencia. Ellos dan algo y nosotros damos otra cosa a cambio.

¿Qué sucede? Los gobiernos postulan barreras de entrada a la creación de nuestras empresas, dificultan con leyes intrincadas y regulaciones complejas la creación de puestos de trabajo, incrementan los costes de todo por medio de los impuestos, etc. Con todos estos paquetes, los sectores débiles y poco productivos no pueden de la noche a la mañana convertirse en sectores productivos con uso eficiente y óptimo de los recursos. Como los costes de todos los procesos se encarecen sobremanera se genera un desempleo momentáneo que no termina de recolocarse hasta el paso de meses o años, dependiendo de las dificultades, del ahorro del país, etc. Si aplicamos una política librecambista acompañada por una política de libre empresa, la recolocación de los factores de producción y el reciclaje de los sectores productivos se hace con el menor coste social posible y con en el menor ínterin de tiempo. Cosa distinta a la realidad actual donde, con el shock de la construcción, toda la masa laboral no encuentra, ni los empresarios, huecos en el mercado donde colarse por las altas trabas, la politización de todas las decisiones, las regulaciones e impuestos abusivos a casa paso en la vida mercantil y una larga lista, concretando todos los puntos.

En cualquier caso, la moraleja, es que la invasión solo es una percepción, y errónea. Si se permite la entrada de productos más baratos nos aumenta la capacidad adquisitiva a misma renta y pone a la economía interna en proceso de cambio a sectores más productivos donde nuestros salarios reales sufrirán de subidas. Se colaborará con países pobres en darles salida a sus humildes productos dando trabajo y capitalizando sus países. De hecho ya sucede: las exportaciones a China durante la crisis se han incrementado en un 75%, y países como Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Brasil o Canadá rondando, o más, del 100%.

No somos víctimas de los productos extranjeros  somos beneficiarios en verdad. No constituyen una alarma de invasión sino una oportunidad de poner orden en la economía y de premiar a los más eficientes; y no serán los chinos los castigadores de la economía española sino las leyes españolas y sus malas políticas que nos han hecho dirigir los recursos y el trabajo español durante años a sectores donde salida no había ninguna en un futuro.

La Ley de Say: toda mercancía (incluyendo el dinero) se debe a otra mercancía, se cumple de una forma u otra.

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