La vergüenza de la educación española ante Finlandia

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HANS 013

DOS ESCUELAS FRENTE A FRENTE

Los estudiantes de secundaria están en huelga. ¿Tienen razones para estarlo? Sobradas. ¿Las tienen para pedir la dimisión de un ministro tan incompetente como el que tienen que soportar? Sobradas. En este artículo compararé a la escuela finlandesa con la española. Sin creer que en Finlandia hayan dado con la fórmula perfecta, al menos está a años luz de la española y le será fácil al lector comprender las razones por las que urge cambiar este sistema educativo, que determinará el país en que vivirán nuestros hijos. Y parece que estos se han dado cuenta al fin y por eso han salido a protestar. ¿Están justificadas sus protestas? Veamos.

España es un país de cola en resultados educativos según el Informe PISA. Si se comparan con Finlandia (a la cabeza de Europa  en ese Informe) estaríamos mostrando una escuela, la española, más próxima al siglo 19 que al 21, al cual sí parece aproximarse la escuela finlandesa. ¿Y qué es lo que caracteriza al sistema escolar finlandés?

En primer lugar, existe una enorme compenetración y colaboración entre escuela, familia, y medios y recursos educativos públicos que no se escatiman y donde las escuelas privadas no llegan ni al 1% .

En España, estamos muy lejos en cualquier aspecto: ni colaboración, ni compenetración ni recursos suficientes, pero no para las escuelas privadas con ayuda estatal. Esto para empezar.

Quien aspira a enseñar en Finlandia tiene que superar la nota más alta de selectividad en la Universidad ( 9 sobre 10),  y demostrar tanto su vocación profesional y de servicio desinteresado a la comunidad como su capacidad intelectual y de dotes de empatía.

En España, donde el desprecio de los gobiernos hacia la escuela es de antología- excepto en el breve periodo de la 2ª República- se entra en la Universidad con una nota baja, no se precisa ninguno de esos requisitos indispensables en Finlandia, y el nivel de preparación cultural, pedagógico y psicológico del profesorado de primaria es demasiado teórico, poco práctico y  bajo, a no ser que cada estudiante o profesor se esfuerce en superar lo que inicialmente le niega la Universidad y que a los finlandeses les exige. El profesorado finlandés goza, por esto, de un extraordinario respeto y consideración social. En España, los maestros y maestras no son estimados no considerados por respeto por sus conciudadanos (ni por el mismo Estado, de los contrario, no sería esta la situación).

Los programas escolares en Finlandia son elaborados por profesores de la  escuela pública (no por políticos)  en función de las necesidades del alumnado y no de las necesidades de gobiernos, partidos, negociantes, o Iglesias, lo que  garantiza una gran estabilidad y no pasa como en España, que cada partido que gana las elecciones quiere modelar la mente de los escolares para asegurarse votantes futuros y obreros incultos y manejables.

La escuela del país nórdico es gratuita absolutamente desde la primaria hasta la Universidad, y esto incluye todo el material de trabajo, los libros  de texto y el comedor escolar. La jornada es intensiva de 8,30 a 3 de la tarde y los niños comen a las 12 o 12,30 en el colegio en la misma mesa que sus profesores, que aprovechan esa hora con sus alumnos como un medio de cuidar sus hábitos en la mesa.

Comparado el número de horas lectivas de los alumnos finlandeses con los españoles, en Finlandia son 608 mientras en España 875.No obstante los resultados son bien diferentes. Esto recuerda algo lo que pasa en el sector laboral español: Se trabaja muchas horas, pero con bajo rendimiento. Sin embargo, los niños y obreros españoles son inteligentes y trabajadores . En cambio de los gobernantes y los patronos, ay, no podemos decir lo mismo.

Los padres  finlandeses educan en casa de acuerdo con dos principios muy aceptados socialmente como son el esfuerzo y la responsabilidad mientras reciben muy buenas ayudas sociales que permiten tanto al padre como a la madre cuidar a los pequeños en casa hasta los siete años en que comienza la escolaridad obligatoria. Es normal que los niños lleguen al colegio con buenos hábitos de educación, de modo que en la escuela no existen problemas por ese lado y los profesores, en esa atmósfera civilizada, pueden enseñar con eficacia. Tampoco el número de alumnos por clase es excesivo y cada clase cuenta con un profesor de apoyo en el aula. En España ¿cuántos profesores habrá que no se quejen de la mala educación de los escolares, de los problemas de disciplina, de la falta de respeto entre ellos y al propio profesor? Y todo eso en aulas masificadas y sin profesores de apoyo en las clases.

Ante semejante situación en España es fácil comprender por qué estamos en las antípodas de Finlandia en resultados escolares. Pero también es fácil comprender por qué lo estamos en cultura y educación. Allí, los gobiernos y los padres están de acuerdo en que deben formar ciudadanos cultos, cooperativos y responsables. Aquí, en cambio, los gobiernos no quieren saber nada de los padres, y hacen lo que pueden para aparentar que se preocupan de los niños de la escuela pública, pero en realidad les interesan los de las escuelas privadas, porque su punto de vista es que tiene que haber dos clases de ciudadanos: los privilegiados, y todos los demás. A los primeros, ayudas y golpecitos en la espalda, y los demás, -los pobres, los migrantes, los gitanos,- para servirles en el futuro. Y mientras el resultado positivo de la forma de educar y enseñar en Finlandia es consecuencia de la aplicación del principio de igualdad de oportunidades, en España es lo contrario: se busca por los gobiernos que no existan jamás.

A pesar de esta reflexión no quiero que piensen que aquella es la  escuela perfecta de una sociedad perfecta. Otro momento podemos ver ese tema, pero el de hoy solo trataba de hacernos comprender por qué en España las cosas nos van tan mal en materia educativa y cómo puede ir mejor si adoptamos el modelo finlandés. ¿Quién tiene que reclamar los cambios? No esperen que sean los partidos que gobiernan ni los que esperan gobernar, a no ser que hubiera la suficiente presión popular, lo cual está por ver, porque otros de los grandes objetivos políticos del Estado español es que sus ciudadanos- bien entrenados desde la escuela- se acostumbren a tragar  y callar… Al menos hasta crisis como está.

Ahora  es un buen momento para replantearse la educación a la vez que se está replanteando por muchos movimientos ciudadanos cómo queremos organizar nuestro país para sacarlo del pozo negro donde lo han metido quienes ya sabemos.

Muy diversas causas son, como vemos,  las que pueden motivar esta realidad negativa, lo que nos obliga a una reflexión que no debe dejar fuera a ninguno de los sectores implicados, y gobierno, profesores y padres deberían contestar a preguntas como estas:

¿Se está educando y / o  enseñando  bien a los niños y jóvenes españoles?

¿Existen suficientes y bien preparados profesores y suficientes recursos a su servicio?

¿Es demasiado alto el número de alumnos por aula?

¿A qué se debe  la pérdida significativa de autoridad de los profesores y de los adultos en general?

¿A qué se debe la escasa motivación  de los alumnos y su creciente desinterés?

¿Cuáles  son las causas de la creciente violencia en las aulas y fuera de ellas?

¿Existen modelos de enseñanza alternativos sobre qué se debe enseñar y qué valores respetar?

¿Se elaboran los programas  escolares buscando el consenso entre profesores, padres y autoridades educativas?

¿ Cómo hacer compatibles la vida familiar, el trabajo y la escuela?

Todo esto debe ser investigado y resuelto a favor de los estudiantes y las familias.

¿Por dónde empezar a abordar  estos complejos problemas que desbordan a menudo el ámbito académico?

Todas estas preguntas nos inquietan a todos en gran  medida, y de sus respuestas acertadas  dependerá nada más ni nada menos  que el modo de vivir y  pensar de las futuras generaciones en una gran parte. Y todos sufriremos las consecuencias, buenas o no.

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