Vivir o sobrevivir

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Muchos corazones humanos están sumergidos en conflictos, desavenencias, ansiedades y angustias, muy lejos del descanso espiritual, ajenos al silencio del alma, que vagan por oscuridades constantes sin defender a ultranza su personalidad terrenal, y sin poner en marcha la luz de su espíritu, excepto aquellos que son los Guerreros de la Luz, la Fuerza de la Humanidad, la Corriente del Amor, las Implacables Fortalezas que defienden las Leyes Divinas en este deteriorado planeta.

Foto: gentileza de Carmen Berges, acuarelista
Foto: gentileza de Carmen Berges, acuarelista

La supervivencia, más inherente en los animales, por su instinto de permanencia y lógica defensa de su especie, está más cualificada que la conducta y comportamiento de muchos seres humanos; la raza animal está más en el lugar que les corresponde, lo que carece mucha  parte de la humanidad.

El ser humano por las propias características de su evolución  tiene dos funciones: sobrevivir y vivir.

La supervivencia humana está en que cada persona debe aceptar y admitir  planteamientos externos, ajenos a su voluntad, intentándolos equilibrar con sus propias vivencias, las que ella misma origina desde su interior. Todo lo que le acontece del exterior, lo que el ser humano no domina ni controla, debe tratarse con eficacia y habilitarse con su mayor grado de sabiduría. En cambio, cuando él promueve la vivencia, con su método y características  personales,  se inicia desde su Fuente Interior, con el derecho a vivirla y disfrutarla, sintiendo la inmensidad de la   Vida.

Los rayos místicos que un ser humano identifica, tras tener plena confianza con su personalidad exclusivamente terrenal, son los que le apoyan y conducen hacia la verdad de su sendero. Unidos, Hombre y Luz, bien desarrollados, son los niveles más cualificados para encontrar el verdadero Hombre Universal: el Hombre Divino. Aquel que ha encontrado su verdadera existencia infinita e inmortal, viviendo con sus miserias terrenales como con su Luz Espiritual, pero identificado con el Amor y Sabiduría del Universo, es el peregrino que vive en el tiempo.

Cada ser humano debe encontrar su verdadero destino, su verdadera igualdad, su Fuente de Vida, donde beber el agua de la Espiritualidad.

La bondad del alma humana, la generosidad del corazón humano, la contemplación del Mundo Divino, son mecanismos que permiten al ser humano ser libre. El mayor grado de amor que una persona puede aportar a los demás, hace de él un verdadero caminante del cielo. No es cuestión de ser importante, sino de hacer importantes a los demás. No es cuestión de ser el mejor, sino de mejorar la vida de otros. Y no es preciso ser superior, sino supeditar su inteligencia y bondad a la convivencia ajena.

Los cambios, las nuevas corrientes espirituales, avanzan sigilosas, en silencio, y aquellos que lo perciben seguirán con la Supremacía de su Poder. Aquellos que están sumergidos en la oscuridad humana, en el mundo terrenal actual, con sus planteamientos de ambición y de poder, y de suma ignorancia, caerán estrepitosamente por los abismos de la indiferencia social y serán apartados de los lugares más preciados de la humanidad.

Cuando la espiritualidad abre sus horizontes, la luz intensa elimina la escasa visión de los ojos ciegos, ésos que viven en las cavernas oscuras de la ignorancia y de la maldad. Los que desprecian a la humanidad desde su altar fabricado con burbujas perecederas, serán los despreciados por los hombres de honor del futuro. La Virtud, palabra clave de la espiritualidad, subyace en este momento en el descrédito para los poderosos del Mundo Actual, quienes se abrasarán en el fuego de sus propios dominios.

El Amor es la carencia de esclavitud, es la libertad, es el Don Divino de la Creación. Hombres y Mujeres de esta Tierra caminan esperando que la felicidad se aposente en sus vidas, sin saber, muchos de ellos, que el rigor, el honor, la virtud, son baluartes para que esta Raza, esta Especie Humana consiga un Renacimiento Espiritual y sea digna del Propósito de la Creación.

La Verdad está destinada a los Hombres con Luz Espiritual, los que caminan con la mirada del cielo y los pasos de la tierra.

Vivir es sobrevivir, y sobreviviendo, vive el ser humano.

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