Chile y el mayor observatorio astronómico del mundo

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ALMA comenzó a construirse en 2003. En octubre de 2013 sus 66 antenas estarán plenamente operativas ESO/B. Tafreshi
ALMA comenzó a construirse en 2003. En octubre de 2013 sus 66 antenas estarán plenamente operativasESO/B. Tafreshi

El mayor observatorio astronómico del mundo, inaugurado el pasado mes (13 de marzo) en Chile, no solo permitirá avanzar en un mayor conocimiento sobre el origen del universo. También se espera que impulse la investigación y el desarrollo tecnológico en el país.

Ubicado a más de 5.000 m.s.n.m. en pleno desierto de Atacama, ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) es un conjunto de 54 antenas de 12 metros de diámetro y 12 de siete metros, capaz de observar el universo en un rango de luz invisible para el ojo humano. Esto permite detectar detalles nunca antes vistos del nacimiento de las estrellas y galaxias jóvenes en los orígenes del universo.

Desde el inicio de su construcción, en 2003, las antenas se han ido sumando gradualmente. Al momento de la inauguración 59 estaban totalmente operativas y en octubre completarán las 66.

Hugo Messias, investigador del Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción, destaca que “ALMA tiene el poder de revolucionar cualquier área. Hasta ahora ha permitido obtener conclusiones y explicar cosas sobre las que no se tenía certeza. Si eso se logró con 30 antenas, imagina cómo será cuando estén las 66 funcionando”.

ALMA es una colaboración entre Europa, América del Norte y Asia Oriental. Sus raíces están en tres proyectos astronómicos más pequeños de Estados Unidos, Europa y Japón, que se fundieron en uno solo.

“El impacto principal [de esta alianza] es que permitió hacer un proyecto que es mucho más que la suma de esas tres partes en cuanto a capacidad de observación”, destaca Andreas Reisenegger, director del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Católica.

Las 66 antenas de ALMA trabajando al mismo tiempo equivalen a un telescopio de hasta 16 kilómetros de diámetro.

Para Chile las ventajas son varias. Al ubicarse en su territorio, se garantiza a los astrónomos de instituciones nacionales el 10 por ciento del tiempo de observación de ALMA. “Como somos pocos, este tiempo nos permite estar a la vanguardia de la astronomía e, incluso, hacer cosas más ambiciosas de lo que pueden hacer los mismos socios de ALMA”, dice Reisenegger.

A lo anterior se suma que este y otros proyectos astronómicos “están fomentando el interés por la astronomía y la ciencia entre los jóvenes y convirtiendo a Chile en un lugar muy atractivo para astrónomos en distintas etapas de su carrera”, añade.

Los beneficios se extienden más allá de la astronomía. Con la instalación de un observatorio, dice Messias, “comienza a formarse una comunidad de técnicos e instrumentalistas que después migran a empresas privadas de otros rubros. Eso lleva el conocimiento tecnológico fuera de la astronomía, y ese intercambio de conocimiento científico y tecnológico beneficia a la sociedad chilena y de otros países”.

Paula Leighton

SciDev.Net

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