Venezuela, un país ocupado

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“Nadie sabe…. Nadie supo….” Así comenzaba cada capítulo de una serie de televisión muy popular, transmitida a mediados de los años 60,   la cual era presentada por un pintoresco personaje conocido como “El Monje Loco”. Traigo esto a la memoria porque  ocurre que en Venezuela,  y  también en el resto del mundo nadie sabe, ni se explica cómo un pobre y  pequeño estado insular, poco a poco  fue penetrando las instituciones política y el estamento militar de una nación que, antes del golpe militar de Hugo Chávez, se perfilaba como un polo de desarrollo en América Latina.

Las riquezas que se encuentran en el territorio venezolano siempre han despertado la codicia de potencia extranjeras. Cuba, sin ser potencia ni nada que se le parezca, intentó una invasión militar en 1967, siendo derrotada, por aquel entonces, glorioso ejército venezolano. Fidel y sus hordas  comunistas aguardaron, como perros de presa, la ocasión de realizar otros intentos.

Esperaron algunos años, hasta que les llegó la oportunidad de apoyar al entonces candidato Chávez, para lo cual enviaron en 1997 un contingente de 28 cubanos a la Isla de Margarita, para coordinar todo lo referente a la campaña electoral.  Una vez que Chávez asume el poder en 1998, el Dictador Castro – viejo zorro –  comienza a enamorarlo y a tratar de convencerlo  que, en un futuro muy cercano,  él sería el nuevo líder de la revolución en América Latina y El Caribe;  éste se lo creyó a pies juntillas, y montó un adefesio llamado “Revolución Socialista  Bolivariana del siglo XXI”

En diciembre de 1999 ocurrió una gran  desgracia en Venezuela: las continuas  lluvias que cayeron durante ese mes, fueron desastrosas para el estado Vargas y otras regiones del país. El cerro “Ávila”  se fracturó y el deslave dejó tapiadas en la ciudad de La Guiara,  un gran número de viviendas junto con sus habitantes.  Los Estados Unidos de Norte América, enviaron varios buques para socorrer y ayudar a los sobrevivientes; pero el gobierno, quien ya mostraba los colmillos comunistas, rechazó esa colaboración, y los barcos tuvieron que devolverse.

El paso siguiente fue la expulsión de la Misión Militar de los EE.UU, la cual venía brindando capacitación y entrenamiento al personal militar venezolano, vacío que fue llenado por los cubanos quienes fueron infiltrándose en las Fuerzas Armadas.  Una vez enquistados en el cuerpo armado, comenzó a instalarse en el país el tristemente célebre G-2: cuerpo policíaco-represivo del régimen comunista cubano, una caricatura de la Gestapo nazi y  la KGV soviética; pero igual de siniestra y desalmada, los cuales llegaron como asesores de inteligencia y seguridad del Estado.

Más tarde comenzó una nueva invasión; esta vez conformada por un contingente de   médicos, maestros de educación física, deportistas y asesores comerciales; vinieron con el cuento de ayudar y prestar apoyo al personal nativo;  se fueron posesionando de cargos importantes,   cobrando en dólares que luego eran remitidos a las arcas del sátrapa antillano.

A mediados del 2007 el personal militar fue reforzado, cada vez llegaban más milicos al país, sin que estos fueran supervisados por oficiales venezolanos. Ellos respondían ante sus propios jefes,  uno de ellos,  un tal Rodrigo Valdez, oficial de alta graduación del ejército cubano, apodado por sus propios compatriotas como: “charco de sangre”; este sanguinario personaje llegó al país haciéndose pasar, ante los ojos del ciudadano común, como experto en comunicaciones, interviniendo de manera secreta en áreas muy delicadas  como: centros de comando;  unidades estratégicas de ataque y defensa;  control de comunicaciones operacionales  y todo aquello que tenga que ver de una u otra manera con inteligencia militar.

El gobierno del entonces Presidente Chávez, violando la Constitución Nacional, la cual establece cuatro componentes de las Fuerzas Armadas: ejército, aviación, armada y guardia nacional, se dio a la tarea de inventar un quinto componente: las milicias revolucionarias, creadas a imagen y semejanza de las milicias cubanas; no faltaba más, si fueron formadas, asesoradas y entrenadas por personal militar cubano, quienes se dan el tupé de actuar libremente en los cuarteles e instituciones militares. Este cuerpo paramilitar se encuentra conformado por hombres y mujeres de edad muy avanzada.

Esta ocupación descarada fue denunciada por un valiente soldado de la República de Venezuela: el General Antonio Rivero, quien renunció al cargo que ocupaba y al rango que ostentaba,  por no encontrarse de acuerdo con la injerencia de estos invasores en las cuestiones de seguridad y defensa de la nación y por negarse a recibir y acatar órdenes de los cubiches.

Según denuncia el General Rivero, los militares cubanos  convocan y  se reúnen con el Estado Mayor del Ejército con voz y voto para la toma de decisiones. Su desacuerdo con esta grosera intromisión en los asuntos internos de la nación y su constante lucha por adecentar los cuadros medios y altos de las Fuerzas Armadas,  lo llevaron a convertirse en otro preso político del nuevo dictador venezolano, cuyo triunfo electoral se ha puesto en entredicho por la cantidad de irregularidades cometidas antes, durante y después del proceso electoral, – entre otras cosas, por miles de difuntos votando y  otros tantos de chinos, cubanos e iraníes sufragando como venezolanos –  Pero lo peor, fue  la prisa de los poderes públicos en juramentarle como Presidente de la República. Muchos analistas electorales  han sostenido que el ganador de esa contienda fue el candidato de la oposición;  negándose el candidato oficialista, quien era y es  a la vez el mismo gobierno,  al recuento de los votos.  Como dice la conseja popular: “Dictador no sale del poder con votos”, el único pendejo fue Pinochet en Chile.

Hoy el General Rivero se encuentra en huelga de hambre desde el mismo momento de su ilegal detención, ya que fue víctima de la celada de un amigo y colega de armas, actualmente Ministro de Interior y Justicia, quien de manera premeditada lo invitó a una conversación en el despacho ministerial y cuando Rivero se presentó,  lo esperaba una comisión para hacerlo preso – Qué bonita la lealtad militar… ¡no me jodan! –

De acuerdo a ciertas versiones, en  la detención del General, tiene sus manos metidas un fulano llamado Leonardo Andullo Valdéz,  un siniestro militar cubano, Jefe del Estado Mayor del Ejercito de Cuba, quien sale y entra al país cada vez que le viene en ganas; se reúne con la alta oficialidad venezolano para impartir las ordenes enviadas por Raúl Castro. También se dice que es el artífice del montaje de la operación estratégica  vinculada al sistema de seguridad frente a Colombia.

Lo peor de todo  es que un sector de la población, quienes afortunadamente son  una minoría,  avala y hasta  defiende esta situación; no les importa un carajo la patria, para ellos les da igual que la nación haya sido ocupada por los cubanos, que controlen puertos, aeropuertos, registros públicos, notarias, siendo está ultimas de importancia vital, pues en ellas se encuentra registrada toda la información sobres bienes y propiedades de los venezolanos.

Los oficialistas sometidos a los cubanos, llaman a quienes se les oponen “traidores a la patria”.

La mayor traición a la patria, es no defenderla de estos invasores y hacerse la vista gorda de cuanto sucede en el país.

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