La murga de los currelantes

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Resuenan aún en mis oídos los gritos de los manifestantes. La mañana del miércoles 01 de mayo abría una nueva jornada de reivindicación. La simbología que encierra la fecha del 1 de mayo continúa resistiéndose a la regresión ideológica. A pesar que las tesis sindicalistas no logran aglutinar el ímpetu que detentaron en otras etapas sociales e históricas. Siempre existen razones y circunstancias que, al margen de actitudes gregarias y simplistas de las organizaciones de los trabajadores, tienen como referencia la memoria de esta fecha.

1 DE MAYO
Manifestación 1 de mayo 2012 en Murcia. Foto: nesimo

Pancartas, anagramas, consignas, soflamas constituyen una mezcolanza de difícil digestión. Sobre todo cuando parecen atender más a consolidar su nivel de influencia social que a la propia acción que requeriría hacer frente al dislate cuantificable en 6.202.700 desempleados.

Los sindicatos deben ser el contrapeso de las impúdicas relaciones laborales que ha configurado la última reforma laboral y su saldo de despidos con una equivalencia mercantil de 20 días por año de trabajo. La regresión ideológica de la que hablaba es observable en la desarticulación de la izquierda y su manido fondo socialdemócrata.

Ya no es posible acordar, como en el caso de la sociedad del bienestar, variables que delimiten espacios ajenos a la coyuntura económica y consoliden derechos sociales. La desregulación ha convertido en un zoco aquellos ámbitos de discusión y principios reglados.

Los Estados europeos han dejado de ser garantes de la libertad y los derechos. La oligarquía de los mercados se superpone para liquidarlos y, con ellos, la dignidad de los trabajadores. Los mártires de Chicago -cuatro de ellos inmigrantes alemanes- que fueron ahorcados por reivindicar ocho horas de jornada laboral resucitan en sucesos como el ocurrido en una empresa textil en Bangladesh. Curiosamente este país tiene en Europa el primer mercado de ropa al que exporta. Los 29 euros de salario son el alto precio de la vida. La corresponsabilidad de las sociedades occidentales se halla en la globalización de los derechos humanos. Pero, ¿cómo exigirlos cuando esos mismos estados arrojan a la calle a miles de ciudadanos…?

La sangría de la siniestralidad se ha intensificado. Durante los dos primeros meses del año 2013 se han producido 102 muertes. Las causas profundizan en la precariedad laboral y el sometimiento a un sistema que banaliza y devalúa el trabajo hasta el menosprecio mortal.

En el año 2007, el director cinematográfico Ken Loach dirigió En un mundo libre. La utilización de trabajadores inmigrantes son el valor de cambio con el que la protagonista pretende cambiar su suerte. Tras sufrir acoso sexual y ser despedida, concibe la idea de crear y gestionar ilegalmente su propia empresa de trabajo temporal en Londres. La pérdida de escrúpulos se justifica con la necesidad de no renunciar a otra vida con más posibilidades. El fin justifica los medios. Y ese fin no es otro que considerar al otro como mera pieza de recambio. Alguién sustituible que no tiene derecho. Y que sólo debe dedicarse a bajar la cabeza y trabajar. El personaje principal pasa de ser maltratada a maltratar.

La deuda pública del gobierno español asciende a 883.777 millones de euros. Una parte de los 11,01 billones de euros de los 27 países que integran la UE -Unión Europea-. Estos mismos países han destinado 380.255 millones de euros a pagar los intereses a los bancos privados. Lo que significa el 2,9 por ciento del PIB -Producto interior bruto- del conjunto y el 3 por ciento en el caso de España. Es un círculo vicioso que se concentra en una permanente petición de préstamos para poder abonar los intereses que generan éstos. Entre 1995 y 2012, los 17 países de la Eurozona han gastado 4,77 billones de euros de intereses.

Cuando se pone en cuestión que los costes en educación , sanidad o dependencia debe verse menguados para contrarrestar nuestra falta de solvencia, resulta una falacia. Los datos hablan por sí solos. Los bancos son los depositarios de la máxima confianza e ingresos económicos, a costa de la dramática reducción de servicios sociales y públicos que se demonizan.

En esta atmósfera de sisa y hurto, la desorbitada pensión del financiero Alfredo Sáenz, que alcanza los 85,7 millones de euros, confirma el mayor de los apremios, la confiscación de lo que siendo de naturaleza privada, se nutre de lo público. Es decir de los esforzados ciudadanos que con apretaduras financian los intereses de adeudos inextinguibles.

La voz de Carlos Cano, adusta, severa y trémula. Con ese son tan personalizado, en la gravedad de su acento granadino, nos legó, en el año 1977, una canción intemporal, La murga de los currelantes.

En la tarea de personalizar las acciones del pueblo ante la sarta de injusticias,

«¡Maroto! siembra la tierra que no es un coto / ¡Falote! que ya’sta bien de chupar del bote / ¡Ramón! hay q’acabar con tanto bribón», hacia un desiderativo recorrido sobre la estructura social y las bases de la misma, «s’acabe el paro y haiga trabajo escuela gratis, / medicina y hospital pan y alegría nunca nos falten. / Que güervan pronto los emigrantes haiga cultura / y prosperiá«.

Advirtiendo de los manejos y la bipolaridad de la política,

«y trota los camuflajes las serpientes con traje de santurrón». Transcurridos 36 años desde su grabación, su estribillo sigue poseyendo la íntegra actuación de los que no se arredran. En la acción está la esperanza, y es hora de aplicarla: «¡Manué! ¿con el cacíque qué vas a hacer? / pos le vamos a dar con el tran tracatrán pico pala -ichimpón!- / y a currelar parabán parabán parabán pan pá».

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