La Respiración Holorénica como propulsor de estados expandidos de consciencia (IV)

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Normalmente, los seres humanos respiramos entre doce y veinte veces por minuto, y ventilamos uno poco más de 500 ml (medio litro) de aire en cada respiración. Si se respira rápidamente  -alrededor de cien respiraciones por minuto, sea buscando una hiperventilación o sea el resultado de realizar una actividad física fuerte y continuada-, se producen diversos cambios fisiológicos y psicológicos importantes.

El primero cambio que sucede es que el hecho de respirar muy rápido provoca la caída de la presión relativa del CO2 en el cuerpo, efecto denominado hipocapnia. Esto significa que disminuye la cantidad de anhídrido carbónico respecto de otros gases necesarios para el cuerpo, en especial en relación al oxígeno. Dicho aun de otra manera: aumenta la cantidad de oxígeno relativo en la sangre. No obstante, la hiperventilación forzada a voluntad nunca dura más allá de cuatro a diez minutos, ni en prácticas yóguicas, ni en respiraciones holorénicas, ni tampoco se puede resistir en esfuerzos físicos.

Pasados estos minutos de respirar rápido, se pierde el control del proceso y aparece un periodo de apnea, de respiraciones muy superficiales en las que la absorción de aire es probablemente de un máximo de 50 a 100 ml por inspiración. En casos especiales, esta apnea puede ser seguida de otro periodo o ciclo de respiraciones rápidas, nueva pérdida de control y nueva apnea, respiraciones rápidas, pérdida de control, apnea… Es el tipo de prácticas espontáneas que realizan algunas personas con trastornos histéricos para enajenarse durante un rato de su sufrimiento neurótico.

Talleres de Integración Vivencial de la Propia Muerte
Talleres de Integración Vivencial de la Propia Muerte

Esta alternancia es la misma que he observado durante años en los talleres que dirijo y por los que han pasado miles de personas, con la diferencia de que en los talleres se mantiene un ritmo iterativo de respiración rápida que va mucho más allá del que realizan los neuróticos en solitario. El ritmo de respiración rápida, pérdida de control, apnea se mantiene hasta que los participantes implotan -explotan hacia adentro de sí mismos- y experimentan la catarsis liberadora.

Partiendo de una observación superficial, se podría pensar que los participantes en la experiencia holorénica respiran todo el tiempo a ritmo rápido, porque el estímulo musical se mantiene en ritmo rápido de ciento sesenta a dos cientos golpes por minuto, pero no es cierto. Los participantes en los talleres, aun sin buscarlo, alternan períodos de ventilación rápida y períodos de apnea, y ello sucede de forma espontánea aunque se mantenga todo el tiempo un ritmo rápido de percusión para que los participantes dispongan de un estímulo al que acogerse en los periodos de actividad voluntaria, de respiraciones rápidas.

La observación sistemática de los participantes en nuestros talleres, ha puesto de relieve que la cadencia de respiración más rápida posible de sostener es de ciento sesenta a doscientas respiraciones por minuto. Pero casi nadie puede mantener este ritmo durante mucho tiempo: primero es necesario un precalentamiento durante el cual se está por debajo del ritmo de ciento cincuenta golpes por minuto. Luego aparece la pérdida de control y la apnea entre los cuatro y diez minutos. Finalmente, la fatiga física se impone tras cuarenta a sesenta minutos de mantener el ritmo alternado de respiración rápida, pérdida de control y apnea.

Cito dos casos estándar ilustrativos:

a) la persona X empieza la sesión respiratoria manteniendo un ritmo de 119 Rpm (Respiraciones por minuto); a los 15 segundos sube a las 190 Rpm marcadas por el ritmo musical; a los 90 segundos baja a cotas de 102 Rpm durante unos segundos más y, finalmente, se mantiene en un ritmo de 110 Rpm durante 14 minutos, al final de los cuales pierde definitivamente el control de la respiración y entra en un estado de apnea. Al cabo de unos 10 minutos reinicia el ciclo.

b) la persona Y empieza con un ritmo de 132 Rpm; a los 12 segundos sube a 180 Rpm donde se mantiene durante 9 minutos antes de perder el control voluntario de la respiración y sumergirse en el estado de apnea.

Durante la apnea, que puede llegar a durar más de dos horas, la presión relativa del oxígeno cae a valores muy bajos (técnicamente denominado hipoxia) y sube la cantidad de CO2 que hay en el cuerpo (efecto denominado hipercapnia).

Este proceso bioquímico que explico aquí muy resumido afecta también el nivel de calcio iónico corporal. Al eliminar tanto CO2 durante la respiración rápida  -y teniendo en cuenta que el CO2 es ácido-, aumenta el pH de la sangre, que pasa de 7’4 a 7’6. Ello produce la denominada alcalosis respiratoria que, a su vez, provoca una caída del calcio en el plasma sanguíneo y del potasio intracelular, y hace que sea más difícil la entrada de oxígeno en las células, especialmente en las cerebrales. De ahí las tetanias que aparecen tan a menudo en las respiraciones catárticas, la sensación física de opresión torácica, los espasmos musculares, la dificultad de coordinación y demás efectos que suelen acompañar la implosión. De ello deriva un tema especialmente importante para nosotros: los contenidos psicológicos y culturales que esconden tales formas compulsivas, que son mucho más importantes que la dimensión bioquímica.

La dimensión biográfica individual es la causa inmediata de que unas personas tengan un tipo de experiencia y de que otras disfruten de otra distinta. La mera sensación de vértigo físico que acompaña el caos interno previo a la catarsis es descrita de forma similar por la mayoría de participantes en las experiencias o talleres estructurantes que dirijo   –Talleres de Integración Vivencial de la Propia Muerte-, pero el espacio y el contenido al que conduce tal vértigo varían en cada sujeto.

Al abrir el inconsciente, sea por la puerta que fuere, cada persona encuentra lo que tiene ahí depositado. Una parte de este contenido es de carácter transpersonal, otra parte es cultural y otra es solo de carácter personal: ésta última es la que más determina la vivencia específica de cada persona.

Los dolores musculares que se despiertan a veces durante la sesión carecen de correspondencia directa con el tiempo respirado, con el sexo de la persona, con la edad ni con patologías previas. Estos dolores son la somatización de bloqueos o traumas psicológicos y nunca hay que cortarlos, al contrario: las manipulaciones que se realizan son para intensificar el dolor hasta llegar al punto de la implosión. De hecho, el mecanismo para potenciar un estado modificado de la consciencia es relativamente simple  -con veinte respiraciones rápidas es suficiente para despertar todo el proceso descrito, aunque sea en niveles superficiales-  lo importante es lo que cada persona saca de ello. Generalmente, descarga de opresiones emocionales y mayor conciencia de su existir.

En las sesiones de trabajo con respiración holorénica el ritmo es alternante. Como he apuntado, durante un periodo de cuatro a diez minutos se puede mantener una respiración rápida que hace subir la tasa de oxígeno en la sangre y el cerebro. La absorción normal de oxígeno es de dieciocho a veinte litros de aire por minuto (inspiramos más de medio litro de aire en cada inspiración, con lo que nuestra nariz deja pasar en ambos sentidos unos 15.000 litros de aire diarios), pero durante una sesión de respiraciones holorénicas o de Kapalabhati respiramos 150 litros o más de aire por minuto, lo que viene a ser unas diez veces más de aire que en la respiración normal.

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