La democracia desinflada (*)

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desocupados Un cabildeo incesante martillea mi consciencia desde un tiempo a esta parte.

¿Tendremos los trabajadores tiempo suficiente para emprender una sólida salida a todo esta incertidumbre o, solamente nos resignaremos ser una  masa expuesta al redil previo del inexorable sacrificio?

Pareciera que la mediocridad  nos hubiera abrazado con sus tentáculos, inoculándonos el virus de la estupidez: las anheladas razones de ser y estar mejor, se han extrapolado en el espasmo de tener y temer.

La senectud del sistema capitalista, ha envuelto en  espesa neblina  nuestra consciencia. Inyecta el veneno para su reproducción, mientras ríe sarcásticamente y pontifica, que para ser mejores personas y una sociedad “civilizada”, debe entenderse este particular aforismo : cada cual según sus privilegios y, cada quién según sus posibilidades pecuniarias.

No hemos nacido en condiciones humanas de igualdad de oportunidad; por lo tanto, nuestras posibilidades deben ser naturalmente distintas.

Tan hondo ha calado este concepto, que bien sería aplicable en los distintos procesos históricos de la humanidad como en: el feudalismo,  la esclavitud, o más recientemente en pleno siglo XX con el  nazismo o el régimen del apartheid.

Dirigentes populares o Gerentes patronales

¿Cuántas veces oímos decir que el pueblo nunca se equivoca? Permítanme decirles, que muchas veces el pueblo sí, cae en trampas electorales de falsas promesas que los políticos – con indisimulados intereses personales y pro-empresariales-, más avezados  en estas tramoyas, suelen tender. La “representatividad” que suelen alcanzar estos profesionales de la mentira, vacían  de contenido todo lo que tocan o parlamentan. Defienden a capa y espada la “voluntad popular”, pues el “pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes” (según nuestra constitución Argentina).

Desde mediados de los años 80’, la ideología dominante de entonces introdujo dentro del lenguaje político el término: administración o gerenciamiento. Se decía que la solución de los problemas económicos de nuestro país, solamente podía ser  abordada por “administradores eficientes” que condujera los destinos de la cartera económica ministerial.

Comenzaba a rodar dentro del ideario argentino estos conceptos, a la luz de las crisis económicas sucesivas, talando fuerte en derribar la política, como conducción y voluntad popular de los destinos de la república,  reemplazándola por “técnicos o especialistas capacitados” en estos menesteres.

En plena hiperinflación y en medio de un proceso electoral presidencial en el año 1989, el candidato radical oficial, Dr. Angeloz, hizo famoso entonces su discurso basado en un “lápiz rojo”, como símbolo de una “eficiente organización económica”. Con ello, señalaba que ante tamaña crisis, debía comenzarse a “ajustar” la economía despidiendo trabajadores, reduciendo gastos y privatizar… en fin, la re manida receta del FMI. Las presidenciales las ganó el candidato peronista, Carlos S. Menem, quien se había cuidado de no hablar en esos términos, durante la época electoral. Sin embargo, fue este último quien abrazó los ajustes y las privatizaciones,  en proporción creciente al desempleo consecuente y cierre de fábricas.

Ya no era cuestión de implementar un proyecto político independiente y aprobado por consenso popular, vía sufragio; sino ser, un mero “gerenciador” de estado que administra las políticas dictadas desde un órgano supra-nacional, como lo era entonces el FMI y el acuerdo de Washington.

Los casos de corrupción y de hechos aberrantes ocurridos en esa época, fueron vertiginosos del que aún hoy, las heridas siguen sangrando…

Me preguntaba entonces, ¿qué clase de “representantes” votábamos? ¿políticos o gerentes? ¿Qué incidencia teníamos entonces en el sufragio, si las políticas devenían unilateralmente de un organismo, cuya plataforma  nunca nos fueron puestas a concideración cómo pueblo?.

Comenzaron a partir de entonces a vislumbrarse por parte de la población una apatía creciente y, a medida que los  ajustes comenzaron a implementarse, una creciente resistencia por parte de los trabajadores desocupados daba a luz a los primeros cortes de rutas, llamados “piquetes”.

Lo demás, es tema conocido…

(*) Este escrito fue garabateado en 1998. Nunca publicado. Y sigue siendo válido… 15 años más tarde.

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