Sociopolítica

El Golden Eye de Zaragoza

noria zaragoza

Hace ya unos días que la noria de Zaragoza gira junto al Ebro. Quien ha tenido ocasión de subirse a nuestro Golden Eye particular ha podido observar desde sus setenta metros de altura una ciudad brillante a sus pies que se está ya vistiendo de fiesta para celebrar los Pilares que se avecinan. Se montan grandes carpas de festejos, de peñistas o de nuevas empresas de eventos que harán su agosto en estos días a base de conciertos, “priva” y comisiones. Los trabajadores de las ferias de atracciones arman sus casetas y artilugios para que los más osados  se suban a ellas, previo pago a la contrata del Consistorio que  gestiona el suelo del ferial de la cada vez más inflada tasa correspondiente y otras mafias presentes que no se ven. En la Plaza del Pilar se comenzará a montar la estructura en torno a la imagen de la Virgen para albergar las toneladas de flores que pertrechados oferentes y abnegados ediles depositarán a sus pies tras la cual gozarán sin duda de un opíparo almuerzo costeado por todos nosotros.

También, desde la noria junto al Ebro, podemos ver, a vista de pájaro, si miramos aguas arriba, un carísimo puente de metálico armazón por el que nadie cruza el Ebro, también un costoso edificio de dudosa utilidad con perfil de gota de agua (dicen) hueco por dentro de estructuras y provechos, la silueta de un teleférico o telecabina verde que no conduce a ninguna parte y tan parado como los miles de personas pasean a diario por los flamantes carriles bici con una carpeta bajo el brazo llena de currículos por repartir que no serán leídos por nadie o de solicitudes de cursos de formación y de programas de autoayuda y coaching de los que muchos viven.

También, desde la noria se pueden ver unas bruñidas vías de un tranvía que dota a la ciudad de un “aire más europeo y cosmopolita” cuyo costo de instalación y mantenimiento todavía nadie ha podido calcular,  pero que sí ha dividido  a la ciudad en territorio y opiniones, obligando a reestructurar una red de autobuses que a nadie satisface, excepto a aquellos que la han llevado a cabo.

Sin embargo, desde la perspectiva de la flamante noria no se puede divisar a esos que regentaban los miles de locales cerrados y  cuyo propio régimen fiscal ha excretado del sistema de prestaciones y sólo tienen brillantes aceras para correr.

Ni a los despedidos de Tuzsa, ni a los de Johnsons Control o de  Torras o de Cacaolat o Tata-Hispano Motors, ni a los contratados de verano de la administración, ni a los de otros miles de empresas y negocios anónimos ya cerrados, o a los que luchan por sobrevivir abrigados por su propia precariedad, ni a aquellos  quienes, bajo el puente del Huerva del CDM Alberto Maestro, han instalado su hogar.

Y es que nuestra ciudad está llena de contradicciones, de un pesar que se respira tintado de una  esperanza que no debe agotarse y de unas flamantes estructuras con cargo al “debe” del contribuyente a las que hemos de servir (y a quienes ordenan su instalación) y no viceversa.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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