Religiones y Gobiernos: tanto monta, monta tanto

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LA IGLESIA MANIPULA

La religión sigue siendo el opio del pueblo, y cuando se convierte en parte del Estado, resulta una de las armas más poderosas que cualquiera de las existentes. Los iguales se atraen, y por eso existe tan a menudo el maridaje religiones-estados. Pero las personas que practican las religiones externalizadas, se llamen como se llamen, nada tienen que ver con las personas espirituales que practican una sola religión: la religión interna, el diálogo interior con Dios, y se esfuerzan en cumplir Sus leyes que son las leyes de la conciencia universal.

Las personas espirituales son en realidad la avanzadilla del género humano, porque un espíritu libre, un espíritu que ha superado sus defectos es un ser humano que practica en su vida la Regla de Oro que dice: “Lo que quieres que te hagan a ti hazlo tú primero a otros” y “No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti mismo”. En esto les reconocemos, no en las ceremonias de disfraces rituales de los templos de piedra ni en los macro espectáculos a los que son tanto más proclives las jerarquías eclesiásticas cuanto menor es el número de los que pisan sus iglesias. Cuando uno ve al Papa, un intelectual de su religión decir que siente vergüenza por los naufragios en el Mediterráneo, uno no sabe cómo es posible que eso lo diga el representante de una multinacional religiosa que tal vez sea la más rica del mundo, sin por ello ponerse manos a la obra para poner fin a semejantes crímenes contra los hijos del mismo Dios que dice representar.

Uno siente vergüenza por esta Iglesia mientras se pregunta para qué quiere tanto dinero. Pregunta esta última que podría ampliarse a todas las religiones que nadan en oro.Otros, los políticos, se rasgan las vestiduras como el Papa esgrimiendo valores humanitarios ante la inmigración creciente de pobres africanos. Estos mismos políticos son los que sostienen a la Iglesia con miles de millones y se declaran cristianos mientras  les niegan el pan y la sal a los pobres del mundo. Religión y política, la eterna constante. Muchos, y con razón, verán a los políticos de todas las tendencias como personas poco o nada espirituales, ¿ quién se los puede imaginar como profetas, por ejemplo? en cambio verán cómo se muestran ante el mundo como personas religiosas que apoyan económica, cultural y socialmente las religiones “que tocan” según la zona del mundo donde ejerzan. Así unos apoyarán y subvencionarán al Islam, otros a las Iglesias llamadas cristianas, etc. En algunos casos, hasta se pueden presentar como cabezas de la misma religión, como es el caso de cada monarca inglés – máxima jerarquía protestante- o algunos monarcas africanos como cabezas visibles del Islam en su país. Ahora bien, ¿le impide su religión a la reina inglesa pertenecer al Club Bilderberg y contribuir con su actitud distanciada y egocéntrica a la pobreza progresiva hasta de su país mientras ella es una de las personas más ricas del mundo? Desde luego que no. ¿Le impide su religión a los monarcas del Golfo ser también sumamente ricos y mantener contra sus pueblos -cada vez más pobres- sórdidas dictaduras? Ante tales hechos cualquiera puede ver que la religión no tiene nada que ver con la ética de los que gobiernan, ni con la espiritualidad, pero sí con el poder y la codicia.

En su celo por defender los supuestos valores que defienden las religiones y sus políticos – en el poder o no- los gobiernos no solo las declaran a menudo como religión del Estado como en los ejemplos señalados, o como sucede con el Papa en el Estado Vaticano, sino que sus principios, presentados como sagrados ante la opinión mundial, llevaron, llevan, y sin duda llevarán a guerras entre países con distintas confesiones y precisamente con la excusa de la defensa de su respectiva religión utilizada como máscara y arma arrojadiza tanto como justificación moral de los asesinatos a gran escala que son todas las guerras. La mayoría de la gente, que no es tan tonta como los políticos creen, saben que estos no son personas espirituales, aunque admitan que pueden ser religiosas, y llegan a ver que tras la excusa oficial de defender principios supuestamente cristianos, musulmanes, hinduistas o los que sean, por lo que luchan en realidad es por sus bancos, sus industrias de la guerra y anexas, sus recursos energéticos, su posición geoestratégica, su prestigio, y otros intereses puede que religiosos, pero desde luego, nada espirituales, pues la espiritualidad es una actitud ética basada en el reconocimiento de nuestra condición divina por ser hijos de Dios, mientras que la religión es un conjunto de dogmas y principios en manos de ciertas castas para controlar personas y conciencias bajo el ropaje de principios espirituales.

Bajo el ropaje de las Iglesias o de los gobiernos que se disfrazan de humanistas solo hay vacío, un gran vacío del alma que pretenden llenar con oro y unas vidas de lujos y placeres. Si fueran personas espirituales todos estos fariseos de alto nivel sabrían que todo el daño que hacen a sus semejantes, toda la miseria que provocan, todas las libertades que cercenan, todo eso es lastre de sus almas para sus vidas en el Más Allá o en próximas existencias, pues la existencia terrenal se repite muchas veces y en cada ocasión se traen escritos en el libro del alma las viejas cuentas no saldadas con la justicia, el amor, la hermandad, la igualdad, la libertad y la unidad. Y lo que se sembró se cosechará. Cristo nos enseña que más de de uno nacerá en países pobres. Y tal vez alguno de los que en esos mismos países hoy se pasea como amo y señor vagará mañana como mendigo o puede que hasta como emigrante en patera hasta que salde sus cuentas con las leyes de la vida espiritual. Lo que se siembra, se cosecha.

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