Diccionario de la Biblia, de Franz Kogler, Renate Egger-Wenler y Michael Ernst

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Bertolt Brecht afirmaba que el libro que más le había influido en su vida había sido, la Biblia. También Pieter Botha, presidente de la Sudáfrica del apartheid, tenía entre sus libros preferidos la Biblia, que leía todas las noches para conciliar el sueño y tranquilizar su conciencia.

La Biblia ha sido utilizada por los poderosos para legitimar el ejercicio despótico del poder. Pero a ella han recurrido también los oprimidos para luchar por su libertad. Los patronos han apelado a la Biblia para explotar a los trabajadores. Estos, a su vez, han encontrado en el libro sagrado argumentos para levantarse contra sus opresores. Los esposos judíos y cristianos se escudan en textos bíblicos para someter a sus esposas. Las creyentes feministas de ambas religiones, sin embargo, descubren en la Biblia un importante instrumento de  lucha contra el patriarcado y de defensa de la emancipación de las mujeres. Quienes niegan la dignidad humana dicen apoyarse en la Biblia, al tiempo que los indignados apelan a la Biblia para defender su dignidad. La ideología conservadora recurre a la Biblia para justificar el orden establecido como trasunto del orden divino inmutable de la creación. Los movimientos utópicos leen la Biblia como enciclopedia de utopías. Hasta los amos han apelado a la Biblia para justificar la esclavitud (cf. 1Tim 6,1-2; Tit 2,9-10).

Depende de la interpretación que se haga de de los textos bíblicos y del lugar social desde donde se lean. Este Diccionario de la Biblia hace un estudio del texto sagrado de los judíos y de los cristianos en clave liberadora, se posiciona del lado de la utopía y de la justicia y deja sin argumentos a quienes lo manipulan para legitimar un orden injusto. Y lo hace con el rigor científico propio de un grupo de cuarenta y cuatro especialistas de distintos países, que exponen el estado actual de las investigaciones bíblicas en sus diferentes disciplinas: arqueología, historiografía, filología, antropología, historia, geografía, teología, exégesis, crítica literaria, etc.

Diccionario de la Biblia, de Franz Kogler, Renate Egger-Wenler y Michael Ernst El Diccionario consta de más de cinco mil artículos que recogen y desarrollan todos los nombres propios de lugares y personas que aparecen en la Biblia con diferente extensión y relieve en función de su importancia religiosa y cultural. Analiza los diferentes escenarios en los que se escribe a lo largo de diez siglos y las tradiciones religiosas y culturales de los pueblos limítrofes con sus cultos y deidades. Ofrece información detallada de las principales instituciones de Israel: sacerdocio, realeza, templo, sinagoga, familia, matrimonio, organización política, sistema económico, estructura social, orden jurídico. Expone los valores morales de los diferentes códigos éticos como el Decálogo, los Libros Sapienciales, los Profetas, el Sermón de la Montaña: libertad inalienable de todo ser humano, igualdad, hospitalidad, protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: huérfanos, viudas, extranjeros, trabajadores a sueldo, esclavos, y derecho de la tierra al descanso.

Objeto de estudio son las inscripciones en piedra y los textos literarios, jurídicos, políticos y morales de los pueblos del entorno: p. e. Mari, Ugarit, Código de Hammurabi, Tell Dan y otros escritos judíos y cristianos como  los documentos de Qumrán y los textos gnósticos de Nag Hammadi. Pero donde el Diccionario logra su mayor grado de competencia y rigor es en el estudio de cada uno de los 73 libros de Biblia con las más recientes aportaciones en torno a los autores, fechas, lugares de composición, destinatarios, estructura, líneas teológicas y concepciones antropológicas. Es aquí donde cuestiona teorías hasta hace poco tiempo aceptadas por la mayoría de los especialistas, como el modelo de las cuatro fuentes (yahvista, elohista, deuteronomista y sacerdotal) en la formación del Pentateuco, y avanza nuevas propuestas.

Desarrolla los diferentes métodos exegéticos. Al que con más frecuencia recurre es al histórico-crítico, si bien reconoce sus límites y tiene en cuenta también los métodos que vienen desarrollándose durante las últimas cuatro décadas: antropología cultural, ciencias sociales, hermenéutica feminista, lectura materialista, teología de la liberación, investigaciones psicológicas y psicoanalíticas, etc. El empleo combinado de todos ellos permite una comprensión multidimensional de la Biblia, muy alejada de las lecturas fundamentalistas al uso.

Me parece un acierto la incorporación de tablas cronológicas y mapas que reubican la historia del pueblo hebreo en el contexto de la geografía y de la historia universal. De esa manera se ubica la historia bíblica en el horizonte de la historia de las culturas, de las civilizaciones y de los textos más influyentes en la historia de la humanidad.

Facilita la lectura de esta voluminosa obra el diferente fondo de color empleado: amarillo para las voces dedicadas a los 73 libros de la Biblia- verdaderos tratados introductorios a cada libro bíblico-; azul para las referidas a cuestiones teológicas e históricas más relevantes- que siguen una metodología rigurosa y una hermenéutica cicular-.

Hay todavía otro aspecto nada desdeñable a destacar  En torno a una tercera parte del conjunto de la obra ocupa el material gráfico, que le da valor estético y proporciona importantes informaciones adicionales. La excelente edición castellana bajo la coordinación de Ramón Alfonso Díez Aragón requiere una lectura reposada para los lectores no especializados en los estudios bíblicos, al tiempo que resulta de recomendada consulta para los especialistas.

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