Sociopolítica

Orgía y estética políticas

Orgía, precisa el diccionario, significa satisfacción desenfrenada de los deseos. Tiene similar raíz que alergia y energía. Asimismo, estética es una rama de la filosofía que estudia el origen del sentimiento puro. Ambos vocablos muestran rotunda divergencia, rechazo e incluso hostilidad. Al primero suele añadírsele una connotación sexual, libidinosa. Seguramente esta variante explica la sarta de adjetivos que el individuo añade de forma plástica a gobierno, políticos, sindicatos y otros personajes. Tienen en común el afán de vertebrar su vida asidos a la continua, incurable, representación histriónica. Conforman no aquel Gran Teatro que indicaba Calderón sino el circo prosaico, grotesco, que caricaturiza este hatajo de indigentes sin límites ni vergüenza.

Ladrón de guante blanco

Políticos, financieros, … ladrones de guante blanco. Foto: Juan Ignacio Garay

La vida política puede enfocarse, vivirse, de dos maneras: recreando un barrizal nauseabundo donde revolcarse, cual cerdos repugnantes, o hacer de ella continuo acto de servicio al individuo. Deduzco innecesario manifestar cuál es el camino emprendido por la mayoría de prebostes que pueblan nuestro solar patrio. Desgraciadamente disponemos de una clase política (secta según muchos) que se sitúa en las antípodas del pudor. Pocos, por no decir ninguno, cumplen el compromiso -más o menos tácito- de servicio al pueblo que dicen representar.

Aquellos que se excitaban con el final del franquismo y pregonaban las probidades democráticas propiciando la “libertad sin ira” -tras casi cuatro decenios desde que se iniciara la transición- han convertido España en una orgía arrebatadora. El delito impune campa a lo largo y ancho del país sin que, hasta el momento, nadie haya pisado la cárcel ni devuelto las ingentes sumas distraídas.

Apetecen, dentro del adocenamiento social, arrasar la clase media; única con actitud rebelde.

Alguna sigla evidenció la legalidad del tres por ciento. Convengamos, tasando por bajo, la justeza del “problema” de Ciu, según Maragall.

Si a las comisiones devenidas por AVEs, aeropuertos, planes E y otros, sumamos subvenciones a sindicatos, empresarios, cineastas, junto a diversas especies próximas al extenso elenco zoológico, podemos y debemos cuantificar lo sisado o despilfarrado en una magnitud sideral.

Foto: a_marga

Foto: a_marga

El latrocinio generalizado constituye la faceta, con ser despreciable, menos ostentosa. La configuración Autonómica del Estado alimenta necesariamente un festín orgiástico. Políticos y tertulianos engañan cuando aseguran la magnanimidad de esta configuración pseudofederal si se evitaran excesos y se corrigiera la gestión. Estos condicionantes suponen un brindis al sol. No pueden consumarse porque el mal va implícito en su propia naturaleza. Las autonomías nacieron, en esencia, para resarcir favores cercanos y proclamar la componente tribal que aún domina el temperamento español. Así, se roba en grupo; al tiempo se incumple toda ley foránea. Está impreso en su ADN. Sobran palabras y gestos falaces que no resuelven nada. El Estado Autonómico es perverso, oneroso, de nacimiento.

Hace años, un político jerezano afirmó que la justicia era un cachondeo. Se quedó corto. España al completo, hoy, es un cachondeo, una orgía plena. Corrupción e indignidad anidan por doquier. El partido que gobierna con mayoría absoluta incumple programa y expectativas. Prepotencia, desprecio, elitismo y fraude conforman su ideario de estilo.  Son, sin embargo, insólitamente necios.

La oposición, altanera, belicosa, a la contra, espolea una calle receptiva con la pretensión de legitimar un poder que las urnas le negaron.

Siglas noveles repletas de viejos rostros arman las cañas -ignoro sus auténticas intenciones- para pescar en estas aguas turbias, revueltas.

Jueces que priorizan ambición sobre independencia; financieros acomodados a la sopa boba de la deuda pública; gentes, en fin, que acometerán por enésima vez una soberana sandez fortaleciendo un bipartidismo siniestro. Tan lamentable comparsa completa el escenario. Juegan al escarnio; algunos a conciencia.

Creo inobjetable el marco expuesto. ¿Estamos atrapados sin remisión en la vorágine? No, pero casi. Es obvio que sufrimos el rigor de una casta ávida, manilarga, ubicada en alta torre de marfil. Abramos los ojos. Los que ya conocemos, sin exclusión, han confeccionado un chiringuito jurídico-político-social (sin olvidar el componente financiero) que nos recrea deudores de por vida. Confiar en envolturas, en frases huecas, es un yerro que aplazará la conquista de soberanía, de libertad. Tenemos la oportunidad de analizar detenidamente palabras, gestos y resoluciones del PP en la Convención Nacional de Valladolid. Ayer lo hice yo en referencia a las declaraciones del vicesecretario general de organización, Carlos Floriano, sobre ETA, las víctimas del terrorismo y las supuestas intenciones de partidos acuñados en fechas postreras. Penoso. Se les nota que creen dirigirse a tontos de capirote.

Queda por examinar a fondo, protegidos con discretas prevenciones, los bienquistos principios constitutivos de Movimiento Ciudadano y Vox. Destaca en ellos una estética hasta ahora oculta, por no decir inexistente. Aquí tenemos alguna probabilidad de iniciar un camino nuevo hacia la construcción del sistema anhelado. Aquel en que nos sintamos partícipes, coprotagonistas, soberanos. Aquel donde justicia e igualdad ante la ley dejen de ser sólo bellos epígrafes constitucionales.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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