Algo más que problemas económicos

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Especial atención habrá que dedicarle a las primeras encuestas que se publiquen en el apartado referido a “intención de voto”, sobre los próximos comicios europeos. En el sondeo de opinión telefónico realizado el pasado día 29 por dos cadenas de TV, los porcentajes de voto obtenidos entre los partidos PP y VOX, fueron bastante similares, lo que supone, por el momento un “aviso a navegantes”. Nadie ignora que en las elecciones generales, un porcentaje de votos entre el 3% y el 5% por parte de VOX, arruinaría las opciones de victoria a Rajoy, algo que le amarga la existencia pensando en que pasaría a la historia como “Mariano el Breve” al no lograr una segunda legislatura que hasta el mismísimo Zapatero consiguió.

En la Convención del PP en Valladolid, el Gobierno, a través de sus voceros más cualificados, insisten en que el mensaje a difundir es el milagro de la “recuperación económica” que se está originando en España, obviando que continuamos soportando un vergonzoso paro del 26,03%, lo que provoca total escepticismo entre los ciudadanos. Rajoy, preocupado por poder gobernar cuatro años más, vive ajeno a ciertos problemas, o no excesivamente inquieto, por la penosa situación que están soportando millones de españoles. Mientras la destrucción de puestos de trabajo, tal como sucede en España, sea superior a la creación de empleo, está evidenciándose que en la tan cacareada recuperación hay más ruido que nueces.

Pretender adjudicar al Gobierno que han sido sus reformas las protagonistas de los atisbos de mejora es incierto. El éxito obedece en gran parte a nuestros esforzados empresarios y autónomos que se están dejando la piel tratando de mantener sus empresas y pequeños negocios. Conviene no olvidar que son ellos quienes crean los puestos de trabajo, y en ocasiones arriesgando sus propios patrimonios personales y familiares.

En este país, los únicos que mantienen sus empleos y bien remunerados son los políticos y amigos de políticos pertenecientes a empresas públicas y otros estamentos que no dependen de una cuenta de resultados. Sus contratos, normalmente son de cuatro años, renovables en muchos casos por otros cuatro como ocurre con diputados, senadores, concejales, etc.

Al margen de la economía y centrándonos en la política, ya comienza a hablarse de la existencia de un PP de Rajoy y otro de Aznar, cuyo dedo designó al primero, sin que ello implique el restarle méritos. Como quiera que los desplantes (o los feos como dicen los cursis), suelen devolverse con otros desplantes, ahora le ha tocado el turno al expresidente que también tiene memoria (presentación de su libro de memorias) pero que no debe relacionarse con su no presencia en la convención del PP en Valladolid, alegando ciertos compromisos contraídos con anterioridad. No obstante, ni el más inocente ciudadano se traga la disculpa esgrimida por el presidente de honor del PP, entre otras razones, porque siempre ha acudido a todas las anteriores. En el fondo es una decisión políticamente acertada, dado que en caso de acudir a la citada convención, se vería obligado a pronunciar ciertas reflexiones no precisamente del agrado de algunos miembros del Gobierno, con lo cual podría enrarecerse todavía mas el ambiente.

Todos los que interpretaron ver la negativa de Aznar como una pequeña venganza, se equivocaron rotundamente. La ausencia de un político de la categoría de José María Aznar tiene un calado bastante más profundo. Por parte de Rajoy, en cierto modo, no le desagrada en exceso la inasistencia de su compañero de partido. Que te riñan en público, algo que podría ocurrir, sienta muy mal. Tengamos en cuenta que las discrepancias entre estos dos políticos, tanto en política antiterrorista, como en el tratamiento del independentismo catalán son considerables.

Sin ánimo de buscar culpables, la fecha elegida para la convención, ha sido de lo más desafortunada. Rajoy, tras los elogios recibidos por su reciente intervención en Cataluña, le había tomado cierto gusto a loas y alabanzas, que posiblemente, más esperanzado de lo debido pensaba repetir en Valladolid, pero en esta ocasión, la reunión de acólitos perderá parte de interés, incluso entre militantes y votantes del PP, ya que para el resto de los españoles este tipo de aquelarres, con intercambios de lisonjas incluidas, no les motivan lo más mínimo. Las decisiones verdaderamente democráticas se toman entre cuatro personas y ya son demasiados…

Entre bajas, cambios, renuncia de Mayor Oreja, nacimiento de una nueva formación política, plantón de Aznar, críticas de María San Gil, etc. Inevitablemente descafeinarán la Convención de los conservadores.

Mire don Mariano: el pasado 5 de enero, se publico un artículo titulado “Quizá surja un nuevo partido”, que entre otras consignas y recomendaciones figurarían las siguientes: Suprimir las indefiniciones en el terreno político, a la larga siempre generan problemas. Vivir instalado en la duda solo conduce al fracaso. El 55% de los votantes del PP se sienten defraudados (Sigma Dos). Mas respeto a las victimas del terrorismo. Pretendidos e inadmisibles independentismos…y más democracia interna.

¿Verdad que le suenan?

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