Premio para Solidarios para el Desarrollo

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Deuda con los nietos 

Integrantes de Solidarios para el Desarrollo, una organización de voluntariado que lucha contra la exclusión desde hace 25 años, han acompañado a más de 300 personas mayores en riesgo de soledad el último año. Esta labor ha convertido a Solidarios en una de las seis organizaciones galardonadas en los primeros Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña. Además de la dotación económica, el premio reconoce la labor de quienes dedican su tiempo para mejorar su entorno.

Este premio pone de relieve la dimensión social que muchas veces se espera de la universidad, más allá de la obtención de conocimientos y habilidades. No sólo se trataba de un título para conseguir un puesto de trabajo, sino además demostrar que rescataban otras formas de ser útiles a la sociedad sin esperar nada a cambio, mientras se creaban otras formas de relacionarse y se abrían nuevos espacios de encuentro. La participación de decenas de miles de estudiantes en todo el país en iniciativas solidarias desmonta tópicos sobre la falta de compromiso de los jóvenes a los que muchos medios sólo asocian con diversión fácil.

Más del 90% de las universidades españolas tuvo un aumento en el número de voluntarios el año pasado con respecto al anterior, según el estudio realizado por la Fundación Mutua Madrileña en 60 universidades españolas. Nueve de cada diez universidades cuentan con un departamento específico dedicado a coordinar sus programas de acción social y fomentar el voluntariado entre sus alumnos. En universidades como la Universidad Complutense Madrid, la Universidad de Girona o la de Murcia, más de 1.000 estudiantes realizan actividades de voluntariado social.

Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua MadrileñaDesde hace veinte años, Solidarios acoge y forma a jóvenes universitarios y personas de otras edades para que se hagan voluntarios y, entre otras labores, acompañen a personas mayores. Los acompañamientos se realizan en sus casas, aunque a veces dan un paseo, acuden a actividades culturales o se reúnen con otras personas.

La soledad se ha convertido en uno de los problemas más importantes de personas que, un día, chocan con la jubilación, con la falta de movilidad o con la pérdida de relaciones humanas. En ocasiones somatizan su soledad por medio de enfermedades. Un paseo cada semana, una conversación o una tarde de cartas ayudan a reforzar sus habilidades sociales, a que se mantengan activos y a que su bienestar general contribuya a su salud.

Los programas no convierten a las personas en meros “receptores” de ayuda, pues aportan un ritmo de vida que muchas veces camina a un ritmo distinto del de jóvenes agobiados por las prisas; cuentan con un bagaje interesante de historia y con una experiencia que sirve de referente para los jóvenes. Además, muchas personas que realizan voluntariado reconocen que, al final, ellos y ellas reciben más de que dan, que consiste en tiempo y compromiso.

Cada día llaman personas mayores para conseguir un voluntario “puntual” que los acompañe al médico o a realizar una gestión. La pérdida de capacidades físicas se asocia con el llamado “miedo a caerse” y con el aislamiento, parecido al que muchas personas viven en los hospitales. También acuden ahí los voluntarios. Por medio de compañía y escucha activa, rompen la soledad que muchas veces se interpone en el proceso de recuperación.

Además de los programas de voluntariado, los premios reconocen la vocación intergeneracional del programa Convive. Esta iniciativa une a personas mayores en situación de soledad con estudiantes universitarios.

Las universidades públicas se implican para que la comunidad universitaria conozca el programa, que cuenta con el apoyo del gobierno de Madrid. Mientras progresan en sus estudios, los estudiantes comparten su vida en el domicilio de la persona mayor. No sólo es un programa de compañía y apoyo humano, sino también una experiencia de de aprendizajes compartidos y de apertura a nuevas relaciones. Como muchos de los estudiantes vienen de fuera de la ciudad o de otros países, sobre todo de América, se convierte en una experiencia intercultural además de intergeneracional.

Reconocimientos como los premios que obtuvieron seis organizaciones sociales desmienten que los jóvenes sean el futuro porque son el presente, conscientes de la deuda que tienen desde hace tiempo con las generaciones venideras. Es decir, con sus nietos.

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