Cuando pareciera que vivimos en el limbo

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Enfoques cooperativos; Hoy: Cuando pareciera que vivimos en el limbo

El significado de «limbo» es ‘borde’ u ‘orla’limbo, y penetró en el lenguaje cuando se quiso indicar que los niños muertos sin pecados personales van a residir en la región fronteriza del infierno, en una especie de nivel superior, adonde no les alcanzaría el fuego. Aunque popularmente se entiende como un sitio «al que las almas van», desde el punto de vista teológico el concepto nunca estuvo completamente definido; era lo que en teología se conoce como teologúmeno”. (Fuente: Wikipedia)

Esto de que la crisis económica  no acaba, es más, se extiende en todo el planeta Tierra, además de profundizarse, la verdad sea dicha, a muchos nos tiene inflados, por decir lo menos. La crisis es, en lenguaje argentino, un gran “verso” para los “giles de goma”, puesto que esa crisis es sólo para “los muchos” y “los pocos” incrementan sus bienes gananciales.

Entonces, la exclusión social, producto de esa persistente crisis económica, se ha consolidado, las protestas de insatisfacción social es ya un paisaje cotidiano y las personas que no participan en ellas, simplemente se acostumbraron o se fastidian o se aburren un ratito y ya.

En Argentina conocimos el “corralito” y el “corralón” manera cariñosa de llamar a la prohibición de la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros impuesta por el gobierno, en realidad,  formas de llamar a la confiscación en favor de los bancos, y cuyos resultados evidenciaron el desprecio más repugnante hacia el pueblo.

En tales circunstancias la reflexión colectiva a través de formas asamblearias floreció como hongos, pero no arraigó como cultura proteccionista de sus propios intereses, algo lo impidió.

La reflexión y sus conclusiones sobre lo que nos pasa como personas humanas y sociedad organizadas de una forma productiva contradictoria con la preservación de la especie humana, lo sabemos, requiere de tiempo para asentarse en los hábitos y costumbres de los pueblos y quizás esté allí la razón del por qué somos tardo en aprender, es allí, sobre todo que pareciera que  vivimos en el limbo.

Adquirir nuevos hábitos y costumbres más amigables con la naturaleza y la dignidad humana implica un proceso de reeducación, no exento de esfuerzos de voluntades, porque implica “sacarnos de la cabeza” conceptos contradictorios con nuestros propios intereses, profundamente arraigados y sobre todo incentivados por los medios masivos de alienación que nos bombardean con sus “relatos” de que todo será mejor, claro, después de la próxima contienda electoral. Nos mantienen en el limbo en realidad.

Reeducarnos en otra forma diferente de organizarnos se presenta difícil, pero no por ello menos  imprescindible y sobre todo urgente.

Reeducarnos en relaciones de cooperación, deshaciéndonos de hábitos individualistas, es necesario, es vital, en realidad.

Reeducarnos de manera cooperativa es-a nuestro modesto juicio-alcanzar una etapa civilizatoria desde donde podríamos elevarnos a condiciones humanas más aceptables y dignas.

Reeducarnos con la guía de los valores y principios cooperativos implica recuperar la esencia  primigenia de la especie humana.

Reeducarnos en cooperación es darnos la oportunidad de evolucionar como especie y civilización hacia cumbres posibles imaginados por los “soñadores utopistas” que hoy, sin embargo, está a manos, claro, si realmente somos capaces de quebrar el embotamiento de la conciencia quieta.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

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