«Juventud, divino tesoro. Te vas para no volver…»

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Con frecuencia los padres se sienten desconcertados cuando sus hijos ingresan a la adolescencia. Y es que es una etapa en la que los profundos cambios físicos tanto como emocionales producen la inestabilidad emocional y falta de la razón que los conduce generalmente a: adicciones o problemas sentimentales. Es la adolescencia el periodo de vida que se caracteriza porque la persona pasa de niño a la adultez.

Uno de los cambios importantes se da a nivel corporal, se produce la maduración de las características sexuales secundarias impulsada por los cambios hormonales y el cuerpo de niño se transforma en un cuerpo adulto. El adolescente tiene que ir adaptándose a este nuevo cuerpo. Otro aspecto que va cambiando es que el adolescente va dejando atrás su actitud y rol de niño y va gradualmente aceptando nuevas responsabilidades.

Jovenes conversando en el parque del Retiro de Madrid el 8 de octubre de 2011.Al inicio de la adolescencia se da una profunda dependencia y el adolescente necesita mucho del apoyo y protección de sus padres pues se encuentra conmocionado por los cambios de la pubertad. Gradualmente busca ser más independiente pero a su vez teme perder la protección que sus padres le daban cuando era niño. Por eso muchas veces oscila entre un comportamiento rebelde que busca lograr mayor autonomía, y por otro lado busca la dependencia y protección de cuando niño. Se dan estos sentimientos y comportamientos ambivalentes que muchas veces desorientan a los padres que no saben cómo tratarlos.

Es de suma utilidad que los padres les den protección e independencia de acuerdo a las necesidades de sus hijos, y que la libertad que le otorguen tenga a su vez límites, pues los límites ayudan a que el adolescente se desarrolle dentro de un marco de reglas claras. La libertad excesiva es sentida como abandono por los hijos, así como la sobreprotección genera inseguridad, dependencia y no permite el desarrollo gradual de la independencia y madurez.

Todos estos cambios, producto de su desarrollo, apuntan a la construcción de una nueva identidad, que es una de las grandes tareas de la adolescencia. El adolescente busca encontrarse a sí mismo, lograr una continuidad integrando sus cambios y poder proyectarse a la adultez. Quieren ser ellos mismos, necesitan separarse gradualmente de los padres para lograr individualizarse, desarrollar sus propias ideas, sus propias metas, su propia manera de ver la vida.

En este proceso de construcción de su identidad adolescente, el grupo de amigos es muy importante pues es un espacio diferente a la familia, un referente para compartir experiencias, sentirse acompañados, para intercambiar ideas, para identificarse entre pares.

El grupo también brinda un lugar de apoyo en el proceso de independizarse de los padres y lograr más autonomía.

Finalmente, quiero mencionar que todos estos cambios forman parte de la «crisis normal de la adolescencia» como ha sido denominada por algunos autores, y que para los padres también supone muchas veces una etapa de crisis, pues es una etapa de muchos cambios para ellos, como el aceptar que el hijo deja de depender y necesitarlos como cuando era niño, muchas veces los critica y juzga y esto es doloroso para los padres.

Sin embargo, es importante que los padres, para poder tolerar mejor estos cambios, puedan comprender que estas actitudes son formas que tiene el adolescente de autoafirmarse en su proceso de convertirse en adulto. Los adultos que lo rodean deben dialogar y entender sus puntos de vista.

Muchos de nosotros recordamos aquellas estrofas del poeta cuando evocaba: «Juventud, divino tesoro. Te vas para no volver…»

La juventud es una etapa muy importante de la vida en la que hombres y mujeres se van descubriendo en forma espontánea y rápida a ellos mismos. Algunos lo hacen sin grandes tropiezos, avanzando en la formación de la personalidad que les permitirá ser, ya mayores, gente útil a la sociedad de la que formarán parte.

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