El duelo en el voluntario

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Trabajar el duelo

Laura, una estudiante universitaria, visitaba a una persona mayor una tarde por semana hasta que, un día, murió la señora. Pudo derrumbarse como les ocurre a algunos voluntarios que se enfrentan a una pérdida similar. Pero se enteró por la familia de la señora de que el marido, Justo, vivía solo en una residencia de ancianos y, desde entonces, lo visita cada semana. Aunque la silla de ruedas limita las actividades, comparten tiempo, espacio y  vivencias durante unas horas cada semana.

mayoresHace unas semanas murió en la calle Lourdes, una persona sin hogar. El homenaje que le rindieron voluntarios de una organización muestra no sólo el papel que juega el voluntariado social en visibilizar a personas excluidas, sino también cómo están expuestas al duelo las personas que se adentran en mundos de exclusión.

Muchos voluntarios ya conocían a esta persona. Hay quien dice que tenía adicción a las drogas y que rechazaba los tratamientos que se le ofrecían desde servicios sociales. Pero nadie se hace voluntario para juzgar la opción de vida de los demás. Sus razones personales no debilitan los vínculos que se forman con personas a las que ve todas las semanas en torno a una taza de café que aporta calor y sirve de excusa para establecer un breve espacio de encuentro. Por un momento se pierde la distinción de quién sale al encuentro de quién, quién habla y quién escucha, quién visita y quién acoge.

Cada persona voluntaria reacciona de forma distinta cuando se rompe ese vínculo por enfermedades, por atropellos, como ocurre con muchas personas sin hogar, o por otras circunstancias. Pero el duelo forma parte de los temas que incluyen los planes de formación de una organización de voluntariado que considere única a cada voluntaria que cruce la puerta. Su bienestar psicológico refuerza un compromiso firme y una participación desde la libertad.  También evita que el voluntario se queme o se sienta superado por situaciones de dolor y de sufrimiento ajenos que se presentan durante el contacto con el sufrimiento.

Muchas organizaciones no conciben la labor voluntaria sin una formación que refuerce habilidades comunicativas y que ponga en contexto a los voluntarios antes de “soltarlos” en contextos difíciles si no se tiene experiencia. Necesitan contar con pautas para “no meter la pata” en un hospital, en una cárcel o con inmigrantes que tienen una cultura distinta. También es necesario que sepan ponerse límites para evitar llevarse a casa todos sus problemas y que de pronto una actividad que eligieron perjudique su vida familiar, sus estudios o su trabajo. El voluntariado no tiene como objetivo soltar héroes por las calles, sino emprender una lucha contra la exclusión con el ejemplo de su labor, con su denuncia, con su capacidad para elevar propuestas y para influir en su entorno.

No se trata de buscar personas “asépticas” y “equidistantes” ante la pérdida, pues las emociones son síntoma de vida, de empatía y de humanidad, fundamentales para el voluntariado social. Una persona que no se inmutara ante el dolor ajeno provocaría malestar en su entorno y se encontraría ella misma en una situación incómoda.

Sí se trata de evitar sentimientos de culpa que a la larga pesen tanto que la voluntaria encuentre nuevos compromisos para dejar su programa. Se trata de aceptar la situación o, al menos, de trabajar para producir unas condiciones favorables para la aceptación y para poder seguir adelante en su labor.

Se suele decir que la vocación transformadora de la sociedad distingue al auténtico voluntariado social del que sólo es una actividad asistencial o del que refuerza las estructuras que general injusticias y exclusión social. Sin embargo se habla poco de cómo sus relaciones con personas en exclusión y con compañeros de la organización también producen en él o en ella una transformación. Menos aún se habla de la necesidad que tiene cada voluntario de transformarse primero a sí mismo para poder transformar su entorno. Prepararse para la muerte de un ser al que se le puede llegar a querer forma parte de esa transformación para no derrumbarse y poder continuar con un compromiso que la sociedad demanda.

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