La muerte: un existencial

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Una característica esencial de la condición humana

La antropología contemporánea acepta el desafío y no teme afirmar que, en realidad, todo el hombre muere. Si la persona humana es un nudo de relaciones, la ruptura con los demás y con el mundo dignifica la muerte total del hombre. La muerte es un existencial, una característica esencial de la condición humana.

La temida Muerte
Foto: vitelone

La filosofía nos conduce hasta el umbral de la fe.

La razón no tiene argumentos para afirmar con toda seguridad que la muerte es la última palabra. Ofrece, en cambio, una sospecha, algunos indicios de que no tiene que ser así.

La vida humana tiene sentido, la persona es un fin, no es medio subordinado como instrumento para algo superior. La curva de la vida biológica no coincide con el crecimiento y desarrollo de la persona. La curva de la vida se constituye en parábola, porque nace, crece, se desarrolla, madura, envejece y muere. La muerte coincide con la vida porque el hombre va muriendo cada segundo. Su vida es mortal.

Pero existe en el hombre otra línea de vida: la personal, la espiritual o interior.

La muerte: un despertarse en un mundo nuevo

De manera análoga al niño que pasa al nacer, del seno de la madre, al mundo de la luz, así el hombre que muere pasa, todo entero, alma y cuerpo de este mundo espacio-temporal, al mundo eterno, totalmente diverso e inimaginable.

La fe cristiana ofrece un perspectiva y promesa de resurrección. Dios no nos ha creado para morir, sino para llegar a la plenitud de vida y felicidad.

Nos despojaremos de este cuerpo y nos revestiremos de uno nuevo

La mayor dificultad de superar es una evidencia irrefutable: con la muerte nuestro cuerpo queda sin vida y de  poco a poco se descompone, y corrompe después totalmente, y entonces, si el hombre sobrevive a la muerte, ¿cómo el alma no se va a separar del cuerpo? Es evidente que el cuerpo que muere y se reduce a un cadáver, no se trasforma, no se transfigura ni resucita de ninguna manera.

Pero el hecho de salir de este cuerpo no significa desencarnarse. El hombre no se reduce a puro espíritu, como enseñaba Platón, por el hecho de que pierde este cuerpo. Aunque este cuerpo que sembramos en la tierra como una semilla, no se levantará jamás, no lo recuperaremos materialmente.

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