Lepra política

0
131
Para que nada cambie.
Para que nada cambie.

La lepra ética de la que está infectado nuestro siglo empieza a causar estragos visibles, desconchones de piel institucional como consecuencia del contagio que usureros, corruptos y codiciosos en general han transmitido a la epidermis nacional.

Las últimas costras, como el bipartidismo o el rey, se despegan al fin tras años de enquiste. Muda el país de piel después de una larga estación en que la falta de higiene regeneracional, agua limpia y aires nuevos, haya invadido nuestro tejido social de una mugre corrosiva. Y ahora no basta sólo con una plácida transición de agua y jabón. Hará falta espátula, escarpara y cincel, para ver debajo de capas y capas de un barniz hipócrita el verdadero estado de su insania, diagnosticar su estado y pasar al tratamiento.

De momento el rey abdica, se desprende como una vieja venda ensangrentada para imponernos una nueva venda, limpia y más tersa. Pero el pueblo ya no quiere vendas. ¡Que le dé el aire a esa herida ! Quiere ejercer su soberanía, emanciparse, demostrar su mayoría de edad, y para ello pide que se le consulte, que se le dé un voto de confianza para inmiscuirse de una vez por todas en su destino, influyendo en las decisiones que les repercuten. No quieren ya una oligarquía monárquica pintarrajeada de democracia. Se han aburrido del sermón y de la liturgia democrática, de tanta pantomima y verborrea recalcitrante.

Ya es hora de sacar por tiempos a la casta,

esa élite apalancada en la molicie burocrática.

Venía desde hace tiempo la política oliendo a rancio, a caserón cerrado durante décadas, y ya es hora de airearlo, abrir ventanas y puertas, que entré aire fresco y luz, luz a espuertas. Sólo un gobierno hipócrita podría hacer oídos sordos ante el vendaval popular que reclama un plebiscito, un referéndum, una república, cuando él ha sido elegido democráticamente.

Tienen miedo a darnos voz, por no oírnos gritar a la vieja guardia: ¡rompan filas, desfilen, aire, se acabó lo que se daba!

Tienen miedo y se nota; sus semblantes, acostumbrados a la sonrisa cínica y a la jactancia, se les ha mudado de color y de gesto. Se echan las manos a la cabeza.

Esto se acaba señores, de hoy en adelante se reirán de quien nosotros les digamos. No queremos sanguijuelas que, vendiéndose como curación y remedio, succionen la sangre de nuestro pueblo; no queremos caciquismo ni señoritos políticos; no queremos estar supeditados a intereses económicos, a dictados de la troika.

Y por supuesto no queremos a un jefe de estado con los únicos credenciales de su linaje, que pretenda legitimarse por la acción del tiempo y perpetuarse excusándose en la transición.

¡Aire!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here