Sociopolítica

La gran cagada venezolana de Chávez

A las organizaciones políticas les ocurre lo mismo que a los organismos vivientes: nacen, crecen, se fortalecen, debilitan, se marchitan y terminan por morirse; lo mismo ha ocurrido, ocurre y seguirá ocurriendo con todas las revoluciones, sean estas socialistas, comunistas islámicas o burguesas; como bien dijera el poeta de la canción Hector Lavoe – también muerto – “Todo tiene su final, nada dura para siempre”.

La historia nos ha enseñado que los movimientos revolucionarios que han logrado llegar al poder en cualquier nación, lo han hecho a través de acciones cruentas y violentas donde ha corrido mucha sangre. En América Latina nos encontramos a Madero, Villa, Obregón y Zapata echando plomo en México; Fidel, Cienfuegos, Matos, Guevara y sus secuaces invadiendo cuarteles y combatiendo en la Sierra Maestra; Edén Pastora, al frente de una columna del FSLN, asaltando al Palacio Nacional de Nicaragua, y más tarde los frentes guerrilleros “Carlos Fonseca”, “Camilo Ortega” “Benjamín Celedón” combatiendo a la sanguinaria Guardia Nacional Somocista.

De las revoluciones antes mencionadas – las pocas ocurridas en América Latina y que han podido tomarse en serio – todas han muerto, exceptuando la cubana, y eso hasta que duren los hermanos Castro. Uno a veces piensa que Fidel se murió hace mucho tiempo y cuando eso ocurrió, colocaron un doble cagalitroso igual a él, y cuando este también muere, siguen poniendo a otros. El sátrapa cubano tenía y tiene sus dobles, como cualquier dictador megalómano, y es posible que hayan venido suplantándolo porque los jerarcas del régimen saben que la muerte de Fidel, será también la muerte de la Revolución Cubana.

Todo mundo sabe que su agonía comenzó desde el primer momento que se desmembró la Unión Soviética y ya no pudo disfrutar más del oro del Kremlin. No obstante, tuvo una leve mejoría cundo Hugo Chávez, el discípulo predilecto del barbudo isleño, le brindó todo el apoyo económico necesario para su subsistencia; entre ellos el regalo de cien mil barriles de petróleo que diariamente se envía a la isla, de los cuales consumen una pequeña cantidad, y venden el resto del crudo a las pequeñas naciones aledañas – resulta extraño que no haya solicitado su ingreso a la OPEP – Pero las cosas comenzaron a ponerse malas cuando los precios del crudo han venido sufriendo una caída vertiginosa, la ayuda venezolana ya no es suficiente y el pueblo cubano comienza a despertar de un letargo de más de medio siglo de miseria, opresión y muerte; por tal motivo los dictadores cubanos no tuvieron más remedio que tender puentes hacía los estados Unidos de Norte América.

En Venezuela, la mal llamada Revolución Bolivariana, no fue producto de un movimiento armado revolucionario, no tuvo su origen en un movimiento de masas, ni de guerrilleros que bajaron triunfantes de una montaña, sino en un cuartelazo o golpe militar fracasado, promovido por un resentido militar en contra de un régimen democrático, y donde la única sangre derramada fue la de soldaditos de uno y otro bando. Cuando el jefe de la asonada, se vio derrotado, se escondió en un museo militar donde lo hicieron preso sin disparar un solo tiro; paradójicamente ese lugar lo convirtieron en un mausoleo donde reposan los restos de este individuo que se proclamó líder de la revolución.

La revolución chavista, – los acólitos afectos al gobierno se empeñan en llamar “bolivariana”- no fue otra cosa que una colcha de retazos, armada por Chávez con una mezcla de los ideales de las revoluciones cubana, sandinista, maoísta; y lo peor, la de su admirado Pol Pot, el sanguinario fundador del movimiento de resistencia armado conocido como los Khemer Rojos, los cuales una vez que se apoderaron del poder, comenzaron a jorobar y martirizar al pueblo camboyano quien fue el gran perdedor ya que resultó aniquilado por el hambre, el exceso de trabajo y las ejecuciones; pero, como tenía que suceder, su cruel y estrambótica revolución terminó por irse al infierno junto con su fundador. Lo mismo está ocurriendo con la revolución inventada por un tal Chávez, quien logró llegar al poder no por las balas sino por los votos.

No hace falta ser un balao, o adivino para presagiar este eminente desenlace: la muerte de una revolución, cuyos dirigentes dictaminaron que la felicidad de un pueblo podría lograrse mediante Decreto, y para tal fin crearon un mamotreto bautizado como el “Ministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo”. Estos “revolucionarios de pacotilla” tenían metido entre ceja y ceja que todo podía ser resuelto creando organismos burocráticos: así, ante la escasez de alimentos y productos esenciales de la sesta básica, crearon el “Ministerio de Seguridad y Soberanía Alimentaría”; sin embargo, resulta una verdadera proeza conseguir alimentos, medicamentos o productos de limpieza. Resulta deprimente ver cientos de personas con el rostro desencajado, cansado, soñoliento y arrecho hacer filas kilométricas frente a cualquier auto mercado, abasto o almacén de víveres con la esperanza de conseguir cualquier cosa; siempre con la incertidumbre de no encontrar lo que en realidad necesitan.

Son largas horas de espera; pero ¡Ay de aquel! que se atreva a protestar o hablar mal de la situación o del gobierno y que sea escuchado por algún esbirro del régimen – guardias y policías siempre presente en estos eventos- porque en el acto se lo llevan preso; lo mismo puede ocurrirle a quien tenga la osadía de fotografiar las filas de personas que permanecen en las largas colas, o las estanterías vacías de los establecimientos comerciales.

Tampoco se consigue por ninguna parte justicia, seguridad o paz, a pesar de disponer de un organismo gubernamental encargado de brindar estos derechos constitucionales a sus ciudadanos, y que tiene el pomposo nombre de “Ministerio del Interior, justicia y Paz”, pero no puede haber justicia cuando es el hampa quien somete a la población a un Estado de Sitio, a un Toque de Queda; donde la impunidad y la corrupción campea por toda la geografía venezolana, tampoco puede haber paz si reprimen de manera brutal manifestaciones estudiantiles, con su secuela de muertos, heridos, desaparecidos y presos; o cuando las personas se pelean en los mercados por un pote de leche, un kilo de azúcar o de café; donde la gente se muere de mengua ante la escasez de medicamentos, reactivos para los análisis de laboratorio, prótesis… y pare uno de contar.

Quisieron vender una revolución que lucharía contra la corrupción y el despilfarro, pero a la larga todo esto fue una burla al pueblo, ya que este país se encuentra entre uno de los más corruptos de América Latina, según dicen varios organismos internacionales.

El gran comandante de la revolución venezolana, el héroe galáctico como suelen llamarlos sus adulantes, quiso acabar con la burguesía –“ser rico es malo”- decía, pero a su sombra se fue afianzando una élite corrupta, enriquecida con el tráfico de dólares, comisiones y activos petroleros a la cual el pueblo bautizó como “boliburguesía”, es decir, burguesía bolivariana, quienes han llevado al caos y a la miseria a todo el país.

Lo malo de todo esto es que el “gran líder” murió sin poder ver la gran cagada que había puesto.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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