Crónica del Real Madrid 5 – 0 Deportivo de la Coruña

0
186

Las expectativas creadas auguraban una decepción segura, pero nada más lejos de la realidad, por una vez, y sin que sirva de precedente, todas las expectativas se vieron satisfechas, con un equipo que jugó bien al fútbol, se mostró intenso y se tatuó a fuego el concepto de la solidaridad para ofrecer el espectáculo que el Bernabeu llevaba meses demandando y el talento de los protagonistas exigía.

Zidane
Foto: commons.wikimedia.org

Atrás queda ya la era de Benítez, un entrenador que cometió el mayor pecado capital que se puede llegar a cometer, el no ser fiel a sí mismo. Tanto intentó contentar a todo el mundo que al final se deshizo como un azucarillo sin mayor esencia de lo que pudo ser y no fue. Aunque no es un entrenador por el que sienta devoción siempre había admirado su capacidad de trabajo táctico y su afán de superación por haber llegado a donde estaba partiendo de cero, y nota, lector, que utilizo el pasado, porque la decepción en el Madrid ha sido mayúscula por haber plegado sus alas al viento que más soplaba.

En cualquier caso, eso es tiempo pasado y el fútbol no conoce de tiempos pretéritos. Zidane, en su nueva faceta de entrenador, ofreció una alineación muy similar pero con mayores dosis de libertad. Los jugadores no salieron al campo con toda una tesis por memorizar sino con unos cuantos conceptos tácticos y un objetivo, el buen trato al balón. Y a fe que lo entendieron, porque hubo momentos de gran fútbol, sin duda.

El Deportivo, un equipo hecho, rehecho y vuelto a hacer, mostró toda la solidez que se le había venido adivinando durante toda la temporada, pero poco pudo hacer ante el vendaval de talento que se le venía encima. El Madrid construía el juego desde atrás, pasando por el centro del campo, con un trivote de fútbol de quilares (Kroos, Modric e Isco) y llegaba como una bala al ataque, con la BBC a pleno rendimiento.

Bale se desató con tres goles al primer toque, maravilloso el segundo, y Benzemá mostró recursos de 9, aunque parezca mentira. Falló Ronaldo, pero en el remate, solo en el remate. Jugó bien, creó espacios, ayudó en la creación y fue vertical cuando debió, solo le faltó reconciliarse con el gol, con el que está peleado, bendita pelea a juzgar por sus números.

En definitiva, el Madrid de Zidane parece recuperar todas aquellas cualidades que tanto gustan a su afición: fútbol rápido y de calidad, intensidad en el repliegue y lucha hasta el último minuto. Ahora habrá que ver si ha sido flor de un día o si realmente puede haber una continuidad en el tiempo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here