Corruptelas, corruPPción y cambalaches

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  • Desde que la pantalla se ha convertido en cátedra ideológica, en púlpito político, el individuo sufre terribles agresiones semánticas, aun de principios, que le suelen trastornar aviesamente.
  • Cuando el ciudadano no lee, los medios audiovisuales se encargan de ofrecerle conocimientos e iniciativas no siempre irreprochables.
Corrupto señor, ministro, consejero, director general, o lo que sea
Foto: marthax

Son profesores de escasa deontología, pues se deben a la audiencia, quizás a sus pobres ambiciones doctrinales que exhalan con extrema parcialidad y cobardía. Estamos hartos de contemplar a periodistas de uno u otro signo que actúan como verdaderos políticos pero no tienen la valentía de someterse al veredicto inseguro de las urnas. Prefieren pontificar en el medio que controlan, amparados a la vez por un auditorio afín.

Un periodista imparcial, carente de filias y fobias, informa de todos; ese amplio abanico de siglas que porfían la ética. Tanto para lo bueno como para lo malo.

No creo preciso mencionar las diferencias entre la TV 1, la Cuatro, Telecinco, la Sexta o Veo 13. La parcialidad hace costra en cualquiera de ellas, bien es verdad que hay discrepancias notables.

Aparte noticia y tratamiento, afectan también de manera esencial vocablos que se utilizan, formas y matices

Nada más lejos de mi intención que ser indulgente con la corrupción; pero sí diferenciar una particular, temerosa, venial, cicatera, de aquella otra cínica, excesiva, vulgar (había dinero “pa asar una vaca” decía la progenitora del sindicalista Lanzas).

Ligoteo

Esta semana viene coleando la corruptela del Ayuntamiento valenciano, donde presuntamente se blanqueaba alguna campaña electoral a golpe de cuenta gotas; es decir, de mil en mil euros.

Sospecho que estos del PP esgrimen demasiados frenos morales para subscribir una corrupción generalizada e importante.

Sé de buena tinta que el político del PP no es mejor ni peor que el del PSOE. Es menos atrevido, más acomplejado, puede que menos cínico. Los separan pequeños toques. Aquí, en la Comunidad Valenciana, les diferencia el afán demoledor en los puestos influyentes, que no de confianza, a cargo del PSOE. Lo he visto con mis propios ojos en la Consejería de Educación, prueba inequívoca de un espíritu maniqueo.

Pese a eslóganes y creencias sin fundamento, la izquierda desde el punto de vista ético no es mejor que la derecha

Sin embargo, en extraño y sumiso masoquismo, esta se deja acusar de un tópico falso que acrecienta por negligencia, por falta de acción defensiva.

El hombre es naturalmente imperfecto y el español, además, es pícaro sea cuales fueren sus consideraciones ideológicas que, a veces, constituyen una falta de acomodo. Semejante parecer lo aprovecha la izquierda para denigrar a la derecha sin imponerse límites ni barreras. Este buscarse la vida a través de la ideología es una corruptela aceptada igual que aquella otra que le llevó a Carmen Calvo a certificar que “el dinero público no es de nadie”.

Por tanto, corruptelas tienen todos los partidos incluidos aquellos de nueva estampa pero de viejos talantes.

El PSOE, bajo un inédito y aventurado ejercicio de olvido, carga contra el PP por todos los casos de corrupción -viejos y flamantes- reeditados cada día en muchas televisiones que obvian otros sumarios más cuantiosos y graves. Dicen con entusiasmo suicida que no pueden pactar con un partido tan corrupto que debiera reconstruirse de nuevo. El consejo, la idea, no es malo si hubiera intención de aplicárselo ellos también. Ya se sabe: “Quien esté libre de pecado, arroje la primera piedra”.

Corrupción de verdad, de aquella que atesora millones, hay que buscarla presuntamente en CDC, los EREs y en gobiernos derrochadores, que permitieron duplicar el costo proyectado sin tomar medidas.

Por tanto, hablar de corrupción de los demás es canallesco e incluso barricada hueca. La corrupción en este país es una ciénaga que cubre todo y a todos. Los casos más sonados actualmente se dan en dictaduras izquierdosas. Acusar a alguien de algo no significa necesariamente imbuirse de lo contrario.

Próxima a la corrupción, pero sin ocupar su espacio, es el espectáculo a que nos va acostumbrando el señor Sánchez desde que el rey lo nombró candidato a la investidura

Él y sus fieles subalternos nos quieren convencer que el pacto PSOE, Podemos, IU, PNV, con la incomparecencia de la antigua CDC y ERC es el único gobierno reformador, progresista y de cambio que necesita España.

Dicen que los españoles así lo han dicho en las urnas.

Resulta que estos señores, a estas alturas, todavía no saben leer. Los españoles quieren que entre también el PP. Por este motivo, tiene mayoría absoluta en el senado y por tanto no pueden hacerse reformas sin contar con él.

Estos cambalaches socialistas con el exclusivo fin de que Sánchez sea presidente, son otra forma de corrupción más onerosa que ninguna de las conocidas hasta ahora. Nos costará muchos miles de millones. Tiempo al tiempo.

¡Qué airoso, y qué poco efectivo, es decirle la sartén al cazo: “apártate que me tiznas”!

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