Señores políticos, estoy hasta los cojones de todos vosotros

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Jamás creí en cuentos de hadas, ni aun de niño

Durante años toleré fabulosos cuentos chinos pero dejaron de extraviarme hace tiempo. Estos relatos son propios de estadios vitales participados por una inocencia beatífica. Sin embargo, individuos maduros, curados de espanto (real o supuestamente), viven y gozan sus fascinantes historias.

¿Son bobos solemnes? No, solo incultos.

Políticos… desde titiriteros hasta ‘presuntos’ defraudadores

Los cuentistas, distintos a los cuenta cuentos, quedan al descubierto solo cuando tropiezan con adultos informados. Aquellos saben que la farsa se alimenta de necios, irreflexivos, o con enormes lagunas culturales, amén de dogmáticos cuya guía es un crédito irracional. Semejante escenario provoca la indecorosa colisión entre propuestas educativas e intereses gubernativos.

Nadie crea que al poder le importen sociedades fisgonas, inquietas, juiciosas. Persiguen ciudadanos -contribuyentes- sumisos, retraídos, analfabetos; listos para adscribirse al rebaño nacional.

Llevamos tres meses de parálisis gubernamental; en realidad, siglos

políticos titiriteros marioneta
Foto: Pixabay

Todos, gobernantes -sin gobierno- y gobernados proclaman la erosión que provocan las mayorías absolutas. El pueblo, respetuoso, acorde, ha transferido sus votos a cuatro siglas por igual. Surge así lo que podríamos llamar un bipartidismo doble (quizás doblado, quién sabe si tronchado), de coalición. Un auténtico guirigay donde abunda el ruido y escasean las nueces, una perrera de hortelano llena de ansias y temores. Avanzan, retroceden; a la postre, ofrecen un reposo dinámico. Parecen estar sometidos a campos gravitatorios y sufran serias dificultades para descubrir su polo de atracción o repulsión. Se juegan mucho pues el efecto final lleva al éxito rotundo o a la extinción definitiva. Me escandaliza que excusen afanes personales con ese latiguillo mordaz, infame, hilarante, de que lo primero, lo primordial, es España y los españoles. Cínicos, desvergonzados.

Parodiando a Figueras, uno de los presidentes de la Primera República, amén de alterar algo su frase, digo: “Señores, estoy hasta los cojones de todos vosotros”.

Hay quien peca de inmovilismo con argumentos escasos de razones e infaustos en táctica política. Hay quien persigue gobernar sin detenerse en costos para el partido o para los españoles. Hay quien se adhiere a un dinamismo confuso, sin tasar que el movimiento, a veces, lleva al despeñadero. Hay quien, al fin, espera aprovechar la coyuntura para pescar, a río revuelto, en aguas democráticas con arreos o artilugios espurios, antidemocráticos. Y nosotros sin vender una escoba. Sorprende que la zurda con linaje democrático, PSOE e Izquierda Unida, acoja y legitime extremismos incompatibles con Estados ricos, libres, modernos. Nunca fue solución esconder la cabeza bajo el ala, menos cuando quieren asaltar nuestro espacio ideológico, porque no existe granero para el conjunto.

Este PSOE siente avidez por formar un gobierno de cambio, reformista y progresista de izquierdas, en palabras específicas. Próximo al paroxismo, cegado por la ambición, Sánchez -junto a su Comité Federal- proclama tales virtudes de forma osada. Estiman que los cambios son positivos siempre como si jamás hubieran oído el vocablo regresión.

Ese retroceso a que nos llevó Zapatero, fue la causa por la que Rajoy gozara de una mayoría absoluta inmerecida. Tanto, que solo ha durado una legislatura.

¿Cómo puede ser un gobierno reformista sin contar con los votos necesarios y con mayoría absoluta del PP en el Senado? Pura fachada, absurda empresa, bonitas palabras. Nada más. Respecto al progresismo de izquierdas, véase la secuela del señor Rodríguez, técnicamente padre operativo de la izquierda metaprogresista.

Me interrogo, desmenuzando tranquilas lucubraciones, qué sugieren tres siglas diferentes de izquierdas. Si el PSOE abona el campo de la socialdemocracia europea, que es mucho entrever.

Izquierda Unida ocupa la izquierda marxista, incluyendo sus aciagas hipótesis económicas.

¿Qué espacio ideológico atiende Podemos? Ninguno. Es un parásito cebado a costa de los anteriores mediante fraudulenta carta de presentación. Partido de laboratorio; alquimista.

Liberales y socialdemócratas europeos quedan separados por diferencias nimias. En España ocurre igual pese a los inútiles esfuerzos de Zapatero y Sánchez por aparentar lo contrario. Este, además, no es consciente del deterioro general a que nos llevaría una política de izquierda radical. Cuba, Venezuela, Grecia -entre otros países- son ejemplos incuestionables. “Kichi”, alcalde de Cádiz, empieza a tener problemas por incumplir promesas huecas, retóricas.

El individuo descubre los engaños solo cuando se impone impúdicamente la realidad. Queda mucho por ver.

Un nuevo capítulo de la actual tragicomedia

Monedero, el notorio Guadiana de la política patria, surgió falaz, mitinero, exultante. Audiovisual, manifestaba preciosista, casi etéreo, sus afanes de que el PP perdiera cualquier posibilidad de gobierno por su “política recesiva que ha llevado a recortes económicos, pérdida de libertades y estado de bienestar” (sic). Anunciaba la “buena nueva”: un gobierno a punto de pactarse, incluyendo la insólita generosidad (sacrificial) de Pablo Iglesias, el salvador. Reiterado el mensaje hasta la pesadez, silenció que dimitir de un sueño es prudente desde el punto de vista psiquiátrico. Asimismo, ocultó la hábil estrategia gratuita porque él (Pablo) es Podemos y, de llegar al pacto, en vez de dimitir sería vicetodo en la sombra. Sustituye esa urgente necesidad que indican las prospecciones por la virtud aparente, fructífera. El gato escaldado huye del agua fría.

Llegó al colmo. El aparte fue la actitud agria con Rivera (con cualquier disidente) al que calificó de “titiritero”. Mostró recurrente, a poco, cierta displicencia agresiva -al mismo tiempo-porque se le limitó su paréntesis mitinero. No me extrañó la audacia supina de quien comete ese grave tropiezo social de ser presunto defraudador fiscal. Desesperada e importuna bravura. Como diría Diego de Acuña, entre lo obsesivo y lo insolente: “Podemos es así, señora”.

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