¿Qué es el cristianismo libre?

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Ligoteo

Es preciso saber que el cristianismo, tal como Cristo lo manifiesta en numerosas revelaciones que el lector puede encontrar en Radio Santec – SOPHIA TV, en Alternativa RTV Difusión o en Vida Universal, poco tiene que ver con el de las Iglesias que se llaman “cristianas”, “evangélicas”, o de cualquier otro modo que suponga templos, curas, reverendos, jerarquías, bautizos, compromisos oficiales de permanencia de por vida a través del bautismo, etc.

El cristianismo libre es el cristianismo predicado por Jesús de Nazaret en su momento y tergiversado, ocultado y perseguido por la Iglesia desde su fundación y a lo largo de todos los tiempos hasta nuestros días, como viene sucediendo en la Alemania actual.

El Cristianismo Originario  está abierto en dos direcciones:

  • una, hacia lo alto, hacia Dios, en la consideración de Cristo como Redentor de todos los hombres en la Tierra y de las almas en el Más Allá,
  • y otra, hacia abajo, hacia este mundo, hacia los problemas de la vida cotidiana, hacia las situaciones en que el hombre y la mujer de hoy día tienen que vivir.
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Por eso no entra en las iglesias de piedra, porque considera que cada uno es el templo de Dios, y sale a las calles, observa lo que sucede y lo analiza desde la perspectiva de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña, que son los dos pilares en que se apoya el edificio espiritual de Cristo para edificar en su momento Su prometido Reino de Paz.Y esta promesa se cumplirá sin duda.

El  análisis de lo que sucede en el mundo desde la óptica del Sermón de la Montaña y los Diez mandamientos  sirve para que cada uno mire también el interior de sí mismo a fin de comprender si hay algo en su propia conciencia que posibilite lo negativo que acontece en lo social, pues eso que acontece- dominación de unos por otros, envidia, codicia, violencia, injusticia, desamor, egocentrismo de los mandatarios, etc. – ¿no tiene nada que ver con nosotros? ¿No hay nada en nosotros que permita existir “eso” que deploramos en otros y en el mundo? Entonces ¿podemos tirar la primera piedra? Podría preguntarnos el Maestro.

Ligoteo

Ese es el tipo de preguntas que nos sirven para cuestionar el estado de nuestra alma, y observar que al fin y al cabo esto que llamamos ‘el mundo’, no es otra cosa que la proyección a escala global de tantas y tantas miserias personales.

El camino de vuelta a Casa

El reconocimiento  de nuestros errores es el primer paso para arrepentirnos, pedir perdón a Cristo y a quien hayamos dañado, reparar en lo posible el daño que hayamos hecho y no volver a las andadas. Este es el ‘programa’ cristiano de evolución espiritual y limpieza de nuestra alma para acercarnos al Reino Celestial de donde partimos en el momento de la rebelión contra Dios. Este es el camino de vuelta a Casa, pues en la Tierra el recorrido es corto y normalmente duro por tener que cargar muy a menudo con las cargas pendientes de esta existencia o de encarnaciones anteriores (karma), y que suelen manifestarse como enfermedades, pobreza, golpes del destino, etc.

El Mundo contra Cristo 

Contra el Reino de Paz, prometido por nuestro Redentor y hermano Cristo, se alza el Mundo de la Guerra, nuestro mundo terrenal envuelto en guerras y amenazas de guerras; contra los cinco principios cristianos que elevan al ser humano a su condición divina (libertad, igualdad, fraternidad, unidad y justicia), las naciones del mundo esgrimen dictaduras y falsas democracias, desigualdades sin fin, esclavitud, enemistad entre gobiernos y odios entre pueblos, conflictos étnicos, guerras civiles, injusticias sin límite.

La prensa diaria, aún callando tanto como calla, nos sirve de testigo de que vivimos en un mundo controlado por los enemigos de Cristo y de Dios, marionetas a su vez de fuerzas demoníacas, donde se desprecian por gobiernos y por Iglesias los Mandamientos dados a Moisés y los principios del Sermón de la Montaña, bases para la única liberación posible de la humanidad que solo puede comenzar por la liberación espiritual individual de la gran mayoría de nosotros.

Hablar de esto es en nuestros días más necesario que nunca ante las enormes injusticias que padecemos, que abre cada día más el abismo entre ricos y pobres; ante las enormes cantidades de mentiras que se nos cuentan para que aceptemos nuevas formas de esclavitud, y ante tanta falta de conocimientos espirituales de una humanidad que ha sido engañada por las Iglesias durante siglos, pero que al abrir los ojos no ha sabido encontrar aún un camino que le infunda esperanza para vivir su día a día y afrontar el tiempo que nos toca vivir en que vemos hundirse la sociedad materialista, pero nos quieren arrastrar a su abismo aquellos que la dirigen.

Este es un buen momento para despertar, para que, llegado el día de nuestra partida, podamos decir como aquel jefe indio: “Este es un buen día para morir”.

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