Tiempos de urgencias

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Foto: Pixabay

En medio de un mundo intoxicado cuyos responsables y sus portavoces políticos pretenden ignorar y reprimir la voz de la humanidad y el grito de la Tierra es preciso hacer un llamado a las conciencias.

Es hora de decir basta de engaños, de quitar importancia a lo que nos está envenenando a diario, basta de reprimir a los que dan la voz de alarma. Basta de capitalismo destructor, insaciable e inmoral. Estamos hartos de discursos hipócritas, genocidios internacionales calculados, extorsiones a los pueblos y silencios amenazadores en medio de una crisis global del sistema de producción capitalista que se ha hecho rentista y depredador de naciones pobres pero ricas en recursos naturales.

Vivimos unos días extraordinariamente importantes para la humanidad; vivimos días de urgencias y de imprescindibles tomas de decisiones fundamentales para la supervivencia del género humano y del resto de las especies vivas hermanas.  El Planeta Tierra ha sido envenenado y lo sigue siendo a diario sin acuerdo real  alguno en sentido contrario entre los responsables industriales y sus representantes políticos, por más cumbres que hagan y más discursos para la galería.

Prefieren seguir emitiendo unos, y legalizando otros, el continuo vertido de toda clase de  tóxicos en ríos, mares, campos, y en la atmósfera. Prefieren seguir permitiendo unos, y realizando otros, extensas talas de árboles en todos los bosques, arrasando así las fábricas de oxígeno del Globo del mismo modo que por la contaminación marina se arrasan las algas con que se complementa la fabricación del oxígeno mundial. Así que disminuye progresivamente  el nivel de oxígeno por metro cúbico de aire.
Prefieren enriqueciéndose unos, y legalizando otros, las mil maneras de saquear, generar pobreza y matar en los países que les convenga y con la excusa que les parezca. Y el mundo calla en  su inmensa  mayoría, sin pensar que  ese silencio equivale a  admitir su lento suicidio.  Sólo hablan los pocos, los concienciados. Los demás confían en que antes o después los nuevos dictadores camuflados de demócratas, todos esos banqueros desalmados, todos esos envenenadores y sus representantes políticos serán capaces de detener el gigantesco deterioro que provocan. Esperan confiadas las mayorías, sin saber lo lejos que están de ver las cosas como son en verdad, porque las cosas como son en verdad, hay que decirlo, son tan dramáticas que no caben medias tintas: o se miran de frente y se está al lado del Planeta y de todas sus especies, de la justicia, la libertad, la unidad y la paz o se está del lado de quienes llevan todo esto al desastre mil veces anunciado. No hay más, y es hora de mirar de frente.

Mirar de frente y sin miedo

Mirar de frente supone analizar para tener claro sin prejuicios, violencia, ni fanatismo de ningún tipo, lo que ha conducido a esta dramática situación para atajarla o reparar el daño en la medida que nos sea posible. El daño es tan amplio que conviene mirarlo como se miran las caras del un poliedro. Cada cara pertenece al mismo cuerpo geométrico, pero puede tener su propio color y su propio mensaje. Así ocurre con las causas del desastre ecológico mundial. Estas son económicas (léase capitalismo depredador), aquellas políticas (léase neoliberalismo, democracias corruptas, falsas revoluciones o fascismos), otras morales (léase desmovilización moral), otras religiosas ( léase Iglesias), y otras, en fin, producto de análisis científicos, filosóficos, culturales, hijos de concepciones caducas  del mundo basadas en un racionalismo y un materialismo ampliamente superados por millones de experiencias más allá de lo intelectual y por los avances de las ciencias físicas hacia el encuentro con la conciencia del universo  a partir de la teoría de la relatividad y la física cuántica. Esto nos acerca a mirar desde la Unidad con mayúsculas.

Mirar desde la Unidad 

Mirar desde la Unidad es mirar desde la conciencia de que todo forma parte de todo, y cualquier atentado contra el  Planeta –y son diarios a millones  los atentados- es un daño que repercute inmediatamente en todas las especies de vida, incluidos cada uno de nosotros.

El modo de mirar desde la Unidad  supone negar la fragmentación, el individualismo, la noción de la vida entendida como parcelas separadas desde las que los manipuladores de la realidad, tan afines a los envenenadores, pretenden mostrarla a los incautos.

Está claro que desde la mirada de la Unidad, política, economía, realidad, materia, espiritualidad, Dios, cultura, mente, alma, vida, muerte, reencarnación, cosmos, karma y otros conceptos, deben ser revisados y puestos al día, Ya han servido demasiado tiempo unos adulterados y otros silenciados a los que destruyen el Planeta y dominan el mundo…Y muchos de ellos, monopolizados por la anticultura religiosa o política hasta han sido perseguidos para evitar al pueblo que los conozca y salga de su ignorancia.

Ha llegado la hora de denunciar a esas  minorías de poderosos que  han contribuido a deteriorar la vida en la Tierra, y a configurar peligrosamente para nuestra supervivencia esto que llamamos “el mundo”. Pero tampoco podemos olvidar que nosotros formamos parte de esto que llamamos el mundo; que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones colectivas son también  autores en la medida que seamos cómplices, imitadores o admiradores de los mismos que destrozan este Planeta y la vida de miles de millones de seres humanos y de la biosfera.

Mirar desde la Conciencia

 Sin pretender decir que son inocentes los que contaminan poco, no es lo mismo ser europeo, norteamericano, o japonés que  palestino, centroafricano o afgano. Hay mucha diferencia. Puede entonces que sea  esta la hora de examinarse cada uno  para ver su aporte al cambio climático y con qué herramientas cuenta nuestra conciencia para dar la vuelta en medio de  la bancarrota general climática, pero también económica, social, y todo lo demás. Y en este “todo lo demás” está justamente el motor de todos esos cambios, que es la conciencia. Porque ahora, como nunca antes en toda la historia humana  tenemos que hablar de la conciencia colectiva y saber de parte de quién está: con el Planeta  y la vida o con los envenenadores y formando parte de ellos. Los pilares de esta civilización capitalista inmoral y anti-planetaria  están podridos. Es el turno de la conciencia y la hora de despertar.

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