¿La seguridad priva la libertad?

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Apenas quedan unos meses para cumplirse los 15 años de los ataques terroristas que causaron el pánico y la descomposición de la sociedad a nivel mundial, 11S (9/11, como se conoce en EEUU). La gran potencia y sus desarrolladas políticas anti-terrorismo, quedaron sucumbidas ante el velo transparente de su imponente rotura en la seguridad. El impacto causado por la destrucción del World Trade Center, los daños provocados en el Pentágono, y la destrucción del cuarto avión, originaron la atenta mirada hacia un país que parecía infranqueable.

Sin límite en las agresiones y recomponiéndose de la gran destrucción,  se siguieron produciendo otros ataques en diferentes ciudades claves, Madrid en el 2004 y Londres en el 2005, ocasionando más muertes y heridos entre la población civil.  Esto ponía de manifiesto la existencia de una red tejida y planificada a conciencia por la comunidad musulmana y desconocida ante la humanidad. Estos trágicos sucesos tenían como objetivo absoluto provocar el pánico en la sociedad civil, fue una invasión contra el poder político, económico y social a nivel mundial, cuyo punto de inflexión desencadenó la percepción y confirmación de  la gran brecha existente entre Oriente y Occidente.

Y así la gran desconocida, salió a la luz, dejando de ser solo alimento de los políticos, académicos, investigadores y curiosos, para reproducirse masivamente ante los ojos de todo el mundo. Las agresiones, pusieron en evidencia clarificadora, las fisuras palpables en la Seguridad Mundial que hasta el momento eran impensables, lo que encaminó a crear un pánico y desconfianza general.

¿Cambió drásticamente nuestro mundo?

Por supuesto, la línea divisoria marcó un antes y un después y nuestras inocentes vidas fueron adaptándose a la nueva etapa. Tal fue el alcance de la situación que llegó a  afectar a diferentes sectores de la economía, la política, la cultura y la industria, aunque el impacto más nocivo y contraproducente quedó impregnado en la mentalidad de las personas, generando el miedo y el temor, y eso como sabemos es un arma de doble filo.

La conmoción fue tan grande, que hubo la necesidad de recuperar esa fragilidad en el sistema de protección de las personas. Se necesitaba restablecer la estabilidad fracturada y encontrar la confianza perdida. Así que se creó un Comité contra el Terrorismo internacional cuya base principal se extendía en prevenir, desarrollar y combatir, las metodologías adecuadas que garantizarían el estado de derecho y la lucha contra el terrorismo.  El Equipo Especial que se creó, lo formaron 38 organizaciones del sistema de las Naciones Unidas junto con otras asociadas, donde la principal misión sería, poder establecer unos planes de acción para prevenir el extremismo violento y acelerar la colaboración entre los estados.

No olvidemos que la piedra angular del terrorismo es la destrucción de los derechos humanos y con ellos se sitúan los de la vida, la libertad y la integridad de las personas. Derechos fundamentales establecidos en los diferentes tratados y en nuestra propia Constitución Española, clave en los sistemas democráticos. La amenaza y vulneración de ellos, puede desestabilizar cualquier país y estado de derecho, así que la importancia que generan, obligan a extremar rigurosamente las precauciones.

La Seguridad fue la principal herramienta para establecer las medidas de actuación tras las devastaciones:

  • Combatir y mitigar el pánico y el miedo.
  • Medir los derechos y libertades.
  • Asentar un sistema de seguridad competente.
  • Establecer medidas de cooperación internacional.
  • Constituir una legislación adecuada y específica.
  • Establecer una cultura contra el terrorismo.
  • Fortalecer y desarrollar los servicios de inteligencia y cuerpos de seguridad.

Pero a pesar de ello, uno de los puntos con más controversia producida era el debate sobre  la libertad y la seguridad. ¿Tener más seguridad significa limitar nuestras propias libertades?

Sabemos que son dos conceptos muy vinculados y que uno no podría coexistir sin el otro, pero debemos tomar esa valoración en un sentido amplio, es decir, la seguridad no puede producirse sino se extreman las precauciones en libertad. Pongamos un ejemplo en las medidas adoptadas por algunos países y así entenderemos el alcance de los juicios de valor:

  • Restricción en la entrada y salida de las fronteras.
  • Excesiva seguridad en el control aeroportuario.
  • Control en el acceso a las comunicaciones y redes sociales.
  • Creación de equipos especialistas en redes sociales.
  • Creación de reformas legislativas (designando equipos de asalto).
  • Evolución en los servicios de inteligencia.
  • Creación de registros e informes de pasajeros.
  • Restricción en el mercado de ventas de armas.

 

¿La envergadura de las disposiciones establecidas, será motivo de la vulneración de nuestros derechos fundamentales? ¿El registro de nuestros movimientos y datos, privará nuestra propia protección y libertad? ¿Hasta dónde nos guiará nuestra protección?

No obstante, después de la aplicación de la rigurosa seguridad, el control de las comunicaciones, los residuos de los movimientos cibernéticos, y otros posibles procedimientos ejecutados, siguen produciéndose otras fisuras, que vuelven a afianzar la poca firmeza en la SEGURIDAD vigente, y sin ir más lejos obtenemos el actual caso de Niza. Esto me lleva a determinar una cuestión, ¿dónde se posicionará el límite en la obtención de los medios de nuestra seguridad?

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