Personas sordas

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Foto: Pixabay

Hablemos de la sordera: personas sordas

  • Según la Organización Mundial de la Salud en el mundo somos cerca de 400 millones de personas sordas (sí, vaya por delante que yo soy “sordo”) de los que escasamente un 10 por ciento son niños; según la misma fuente de información, apenas uno de cada cien sordos utiliza el lenguaje de señas (también llamado “lenguaje de signos.
  • En la actualidad, según información, también de la OMS aproximadamente la tercera parte de los humanos mayores de 65 años tienen serias deficiencias auditivas.

En España, según el Instituto Nacional de Estadística, existe más de un millón y medio de personas sordas; algunos estudios no oficiales duplican esta cifra

Antes de seguir hablando de la sordera, conviene aclarar algunas cuestiones que son generalmente desconocidas por las personas “normo-oyentes”:

El grado de pérdida auditiva puede ser leve o profundo, pasando por grados intermedios

  • pérdidas leves: el umbral de audición está situado entre (20 y 40 decibelios).
  • pérdidas medias: la pérdida auditiva se encuentra entre (41 y 70 decibelios).
  • pérdidas severas: la pérdida auditiva se sitúa entre los (71 y 90 decibelios).
  • pérdidas profundas: en este caso la pérdida auditiva supera los 90 dB y se sitúa entre (91-100 decibelios).

Una persona con pérdida auditiva leve es capaz de captar algunos sonidos de una conversación corriente, pero no oye claramente los susurros.

Una persona con pérdida auditiva media no suele ser capaz de oír casi nada, de lo que dice una persona al hablar a un “volumen normal”.

Una persona con pérdida auditiva severa no puede oír lo que dice una persona al hablar a un volumen normal, y solo puede percibir algunos sonidos fuertes.

Una persona con pérdida auditiva profunda no oye nada de lo que se habla y solo puede oír algunos sonidos muy fuertes.

Cuando la pérdida auditiva es en un oído se llama unilateral, y si es en ambos se llama bilateral.

La sordera puede serprelingüística” o “postlingüística”, dependiendo de si la pérdida de audición ocurrió antes de que la persona aprendiera a hablar, o después de que lo hiciera.

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La sordera puede ser “simétrica” o “asimétrica”, dependiendo de si la pérdida auditiva es del mismo grado en ambos oídos, o distinta en cada uno de ellos.

La sordera puede ser gradual o repentina, dependiendo de si la pérdida de la audición va empeorando con el tiempo, u ocurre repentinamente, de forma imprevista.

También se dan sorderas “fluctuantes”, cuando la pérdida de la audición mejora o empeora con el tiempo; y sorderas “estables”, cuando no cambian con el paso del tiempo…

Si la sordera está presente en el nacimiento, se habla de sordera congénita; y si sobreviene más tarde en la vida, se denomina sordera adquirida o de aparición tardía. Las sorderas adquiridas o de aparición tardía son las más frecuentes.

Una de las preguntas más frecuentes que se hace la gente “normo-oyente” es la de ¿Cómo y en qué idioma piensan, construyen su pensamiento, e incluso “sueñan” las personas sordas?

Obviamente cuando una persona se quedó sorda después de aprender a hablar pensará, construirá su pensamiento, y soñará en el idioma que aprendió cuando era niño; pero supongamos que un niño que nace completamente sordo (hace tiempo se les llamaba erróneamente “sordomudos”).

Supongamos también que sus padres son lo bastante observadores como para darse cuenta de este problema entre los 21 y los 36 meses de edad del bebé, un momento crítico durante el cual los niños captan fácilmente los fundamentos del lenguaje, lo cual crea en sus cerebros la infraestructura cognitiva esencial para la comunicación. Gracias a haberlo “cogido a tiempo”, ese niño sordo profundo podrá aprender a hablar e incluso adquirir un idioma gestual, lo que se conoce como lengua de señas o de signos.

Es preciso aclarar que el lenguaje de signos (o señas) es un lenguaje independiente de la lengua oral (y de la escrita, claro).

Las lenguas de signos no son adaptaciones de las orales, ni tampoco se puede hacer transcripción directa de la lengua oral a la de signos, ni viceversa; las lenguas de signos cuentan con su propia gramática, y por supuesto, existen variedades zonales y dialectos; no existe un “esperanto de signos”.

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Por ejemplo en nuestro país se usan las lenguas de signos española y catalana, y dentro de la “española” existen multitud de hablas locales claramente diferenciadas. Si alguien organizara un encuentro internacional de sordos que usen exclusivamente la lengua de signos para comunicarse, al que asistieran personas de diferentes países, se necesitarían tantos traductores de lenguas de signos como personas de diferentes comunidades intervinieran. Según parece existen como poco, 121 lenguas de signos distintas en el planeta.

Sigue existiendo un debate –aún inconcluso, pese al tiempo que lleva abierto- sobre si la educación que se les debe de dar a los niños sordos ha de ser estrictamente “oralista”, o bilingüe, o exclusivamente ha de enseñárseles la lengua de signos. Respecto de esto último conviene citar un estudio que se realizó en Cataluña hace no mucho tiempo, concretamente en el año 2004.

Nuria Silvestre y Ana Ramspott, de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su investigación en deficiencias auditivas en el área educativa, concluían que los niños sordos que desconocen el lenguaje de signos aprenden mejor y más rápidamente a hablar y a escribir que los que se les enseña el lenguaje oral y el de signos de forma simultánea (Es interesante destacar que alrededor del 90% de los sordos “señantes”, que solamente dominan el lenguaje de signos, son analfabetos funcionales en un mundo de normo-oyentes).

Cuando se realizó el estudio en Cataluña el 90 por ciento de los niños sordos cursaban sus estudios en la denominada “modalidad oral”, es decir, desconocían el lenguaje de señas y acudían a un colegio “normal” y eran compañeros de niños normo-oyentes, y recibían clases de apoyo por parte de profesores logopedas. Solamente un 10 por ciento recibían clases bilingües, o sea, recibían también clases de lenguaje de signos, fuera en centros especiales o en centros en los que se concentraba a un número importante de niños sordos…

Las autoras del estudio-informe, Nuria Silvestre y Ana Ramspott, realizaron pruebas lingüísticas a un grupo considerable de alumnos sordos (lo que algunos llaman “discapacidad auditiva” u ocurrencias políticamente correctas por el estilo). Comprobaron que los niños que aprenden a la vez la lengua de signos y la lengua oral desde muy temprana edad, aprenden muy rápidamente la primera (la lengua de signos) y por el contrario, en el aprendizaje de la lengua oral y escrita tenían un enorme retraso, si se los comparaba con los niños sordos a los que solamente se les enseñaba el lenguaje oral. Según Nuria Silvestre y Ana Ramspott la enseñanza bilingüe tiende a centrarse más, a prestar más atención al lenguaje de signos en detrimento del lenguaje oral, pues es un medio de expresión más fácil y cómodo para niños de corta edad.

Los alumnos sordos bilingües tienen más dificultades para estructurar el lenguaje oral y el lenguaje escrito que los que no han aprendido el lenguaje de los signos (es lógico que sea así, pues no hay concordancia entre la lengua de signos y la lengua oral). Evidentemente esto es un enorme “hándicap”, una enorme dificultad para poder progresar en estudios posteriores a la enseñanza primaria o manejarse sin dificultad en las nuevas tecnologías.

Las profesoras Silvestre y Ramspott destacaban especialmente los progresos alcanzados en el aprendizaje de la lengua oral y escrita por parte de los niños sordos cuando se realiza una detección precoz de la sordera y se recurre a la atención y estimulación tempranas, y por supuesto a las intervenciones quirúrgicas necesarias para aprovechar lo más posible “los restos auditivos” que posee la mayoría de las personas sordas.

Las profesoras Nuria Silvestre y Ana Ramspott también aprovechaban para destacar las grandes dificultades a las que se tienen que enfrentar los niños y los adultos sordos, aunque aprendan y dominen la lengua oral y escrita. También recomendaban en su estudio que se emprendan acciones encaminadas a romper las barreras de comunicación y sociales que afectan a los sordos.

Por ejemplo: aún sigue causando extrañeza que un sordo esté necesitado de mirar a los labios a la persona con quien habla y no son muchas las personas normo-oyentes que lo aceptan o lo facilitan…

Es frecuente ver en algunas televisiones en la parte superior derecha, en algunos programas a gente gesticulando –es de suponer que se trata de un intérprete de lengua de signos- pues bien, es importante destacar que la mayoría de los sordos que han aprendido la lengua de signos (apenas un 10 por ciento del total según las cifras más optimistas) la han aprendido en la adolescencia, y son generalmente “analfabetos funcionales”… ¿De veras merece la pena invertir en tal cosa, cuando quienes usan la lengua de signos no son capaces de captar qué se está hablando en tales programas de televisión, no ni les interesa?

¿No sería mejor dejar de malgastar el dinero y emplearlo en profesores especializados y logopedas, y en servicios de detección precoz de la sordera y atención y estimulación tempranas?

¿No sería mejor emplear esos dineros en promover las intervenciones quirúrgicas de las que están necesitados multitud de sordos en España, sean implantes cocleares o de oído medio?

¿No sería mejor emplear esos dineros en facilitarles audífonos a los sordos a los que les es suficiente para llevar una vida de calidad con prótesis auditivas y no necesitan intervención quirúrgica?

Pues “eso”, a ver si los políticos profesionales toman nota y dejan de despilfarrar, si de veras quieren, desear integrar a los sordos y ayudarlos a que lleven una vida más digna.

Y para terminar, me voy a permitir unos consejos para que ustedes, los “normo-oyentes” nos faciliten la comunicación:

La mayor barrera que condiciona la comunicación con una persona sorda suele ser la actitud del resto de la Sociedad oyente respecto de lo que desconoce; la sordera por sí misma no impide la comunicación.

Con información, sensibilización y naturalidad; utilizando medios técnicos y humanos, es posible.

Nunca olvides que las personas sordas, aunque lleven alguna clase de prótesis auditiva, no oyen de la misma manera que una persona normo-oyente. Es por ello que, durante una conversación con una persona sorda, conviene seguir pautas como las que a continuación se indican.

– Cuando vayas a hablar con una persona sorda, avísala, indícale el asunto del que vas a hablarle, y cada vez que varíes, que cambies de asunto, díselo también.

– Antes de empezar a hablar, llama su atención con un ligero toque (Por ejemplo, sobre su hombro) o hazle una discreta seña.

-Espera a que te esté mirando para empezar a hablarle.

-Si se trata de una conversación en grupo es necesario respetar los turnos entre los interlocutores e indicarle quién va a intervenir.

– Sitúate siempre a su altura para que pueda ver bien tu boca.

– Hay que tener especial cuidado cuando se habla con una persona que no puede mantenerse de pie o cuando se habla con niños.

– Háblale de frente, con la cara bien iluminada.

– Habla con naturalidad. No le hables deprisa, ni demasiado despacio.

– Permítele ver bien tu boca mientras le estés hablando. Por supuesto, no le hables con la boca llena, masticando, o cosas parecidas.

– Evita tener algo en la boca o ponerte cosas en los labios, y procura no taparte la boca con las manos mientras hablas.

– Nunca le hables deprisa, háblale con naturalidad, vocalizando bien pero sin exagerar, con un ritmo tranquilo, de forma pausada.

– Háblale con voz pero sin gritar, con frases completas y palabras conocidas -evita utilizar argot y tecnicismos.

– Sé expresivo cuando te dirijas a una persona sorda, pero sin exagerar ni gesticular en exceso.

– Si no entiende algo, intenta decírselo de otro modo, repítele el mensaje.

– Puedes decirle lo mismo con frases más sencillas, pero correctas, y con palabras que tengan el mismo significado.

– No le hables con palabras sueltas, llama a las cosas por su nombre y procura expresarte con frases completas, claras, morfológica y sintácticamente correctas, y siguiendo un orden lógico.

– Y si fuera necesario, acompaña a tu voz con gestos naturales, palabras escritas o dibujos para facilitarle la comprensión del mensaje…

¡MILGRACIAS!

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