Los que muerden su propia concepción liberal

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“Todo nuestro problema consiste en empezar a ver las cosas desde el ángulo de nuestra realidad, la individual y la colectiva”. Arturo Jauretche.

 

“Los intelectuales argentinos suben al caballo por la izquierda y bajan por la derecha”. Arturo Jauretche.

 

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Para adentrarnos, sin más, en lo que hemos dado en llamar  “los que muerden su propia concepción liberal“,
recurriremos prontamente a las significaciones de Don Arturo.

Arturo Juaretche (1901- 1974) ilustró a varias generaciones de argentinos y latinoamericanos, y aún lo hace a través de sus escritos, sus valiosos aportes, y el testimonio de su existencia terrenal como pensador, escritor y político que transitó primeramente en la filas de la Unión Cívica Radical y luego del peronismo a partir del 17 de octubre de 1945, llamado “Día de la Lealtad”.

“En Los profetas del odio esbozaría por primera vez su representación de lo que entendía como la principal oposición al desarrollo nacional, la intelligentsia liberal y cosmopolita, que fascinada con la cultura europea intentaría aplicarla acríticamente a la situación argentina, sin ser consciente de las diferencias históricas y de las distintas posiciones que en la articulación internacional de la economía los continentes ocupan”.

Esbozó a la tilinguería de la clase media alta argentina (porteña, fundamentalmente).

Pero entre más nos interrelaciones, gracias a la tecnologías, al Internet y todas otras variedades comunicacionales, como también al formidable tránsito de informaciones a nivel global en tiempo real, nos damos cuenta que el problema de la humanidad actual es el desquicio del capitalismo.

Nos hemos y nos han alejado de nuestra esencia humana, de nuestra condición de seres pensantes y solidarios. Esa advertencia fue hecha por el psicoanalista alemán-norteamericano Erich Fromm (1900-1980) autor, entre otros, de “El miedo a la libertad“, en la que expone que, a pesar de que la humanidad, el hombre, ha alcanzado un nivel de libertad, no se compadece con una mejor y plena vida, al contrario, el hombre está aislado y su individualismo lo formó temeroso e impotente, lo cual explica ciertas conductas como la  evasión a través de la televisión, el celular y otros que impiden una buena formación política  y así facilita el autoritarismo.

La economía liberal-capitalista es una ciencia rara, ya que habla de “una mano invisible que actúa en el mercado” y por si fuera poco rebautiza al hombre  como una criatura llamada “homo economicus”.

Europa, otrora continente del progreso social y económico, hoy se debate en su propia miseria, claro que la minoría se beneficia y disfruta del capitalismo financiero.

La economía de la oferta y demanda queda hoy más que nunca al desnudo ante quien lo quiera ver,no resuelve el infortunio humano. Pensemos entonces en otra economía.

La financiarización de las relaciones humanas no es viable, y no lo es a ojos vistas del daño corruptor que se constata en políticos, en instituciones desacreditadas, en el orden jurídico que ya es casi una mueca. Es una entelequia la justicia social, la igualdad de oportunidad está mutilada.

La arrogancia intelectual pululan sin acervo popular y  las ciencias sociales, y en especial la economía neo-liberal, tratan cada día de  edificar un relato que se desvanece al cotejarlo con la realidad. Ya lo dijimos anteriormente: el verso de la crisis económica y el sacrificio para salir de ella ya no lo creen ni los niños del coro de  Iglesias.

La política neo-liberal y su rediseño institucional han empujado a las diversas sociedades  hacia el hambre,  la desocupación masiva, el desastre educativo, la destrucción de la naturaleza y la guerra. La concepción liberal se ha agotado en sí mismo y muerde toda su propia filosofía.

La condición humana implicó ayer como hoy cooperación y buen vivir, sin explotadores ni explotados.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

 

 

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