¿Tiene solución el problema catalán?

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El problema catalán…

Decía Ortega y Gasset que los españoles teníamos que acostumbrarnos a soportar a los catalanes, y seguramente no le faltaba razón

Es algo parecido a lo que nos sucede con la suegra, por ejemplo. Simplemente la aguantamos, por amor a nuestro esposa y a la abuela de nuestros hijos…

Con Cataluña pasa algo parecido.

          Pero los últimos años, posiblemente como consecuencia de la crisis económica general, la absoluta incapacidad de los políticos catalanes para solucionar los problemas de sus gentes, etc., han supuesto una especia de huida hacia adelante, vendiéndole al pueblo la vana ilusión de que con la independencia solucionarían todos sus problemas…

El problema catalán: Una independencia subvencionada

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Foto: josep salvia i boté

En acertada expresión de don Amando de Miguel. Es decir, lo que realmente quiere Cataluña es seguir siendo parte de España, pero gestionando autónomamente todos sus impuestos, y recibiendo las aportaciones del estado español para cubrir su déficit.

          En otras palabras, algo parecido al hijo mayor de edad, que se va de casa, pero quiere que su mamá vaya a limpiarle el apartamento y que papá le pague el alquiler, teléfono, y le provea de dinero para sus gastos corrientes.

 

¿Qué solución tiene esta situación?

Ligoteo

No paro de darle vueltas, y la verdad es que no encuentro ninguna. Es más, creo que a medio y largo plazo, Cataluña se independizará de España.

Si hoy sigue con nosotros, no es por su amor a la Patria, sino por el temor a dejar de pertenecer a la Unión Europea, con los problemas de todo orden que ello ocasionaría a la economía catalana: aranceles al ser un país tercero, pérdida del euro como moneda nacional (siempre podrían sustituirlo por el “catalán”, moneda equivalente al euro, con la efigie de la familia “real” catalana de los Pujol), etc.

En otras palabras: están con nosotros porque no les queda otra.

Algo parecido a los millones de matrimonios que muy gustosamente se tirarían los trastos a la cabeza, pero que no lo hacen ante la imposibilidad de mantener dos casas, en lugar de una.

Es triste, muy triste, todo lo que digo, con el problema añadido de que cualquier recorte de su autonomía –que ya casi es independencia-, genera más sentimientos separatistas, pues los dirigentes catalanes apelan al corazón, no a la cabeza, a los sentimientos, y no a la razón.

¿Qué futuro tendría esa nueva Albania europea, completamente aislada, y viviendo prácticamente del monocultivo del turismo…?

Creo que bastante negro, la verdad.

De la misma forma la economía española se resentiría mucho, por la pérdida de un veinte por ciento de nuestra capacidad de producción, impuestos recaudados, población, etc., al tiempo que se fomentarían aspiraciones similares en otras partes del territorio nacional: el País Vasco, etc.

Una situación insostenible          

En los últimos años, la situación es cada vez más insostenible, pues los desafíos, desobediencia y cortes de mangas del “gobierno” catalán al español, son cada más evidentes y públicos, generando graves tensiones y una mala imagen de España, tanto interna como internacionalmente.

Es cierto que la Constitución establece en su artículo 155 la posibilidad de que “el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para el cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Pero, ¿cómo se obliga al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones…? ¿Con el Ejército, con la Guardia Civil, y con la Policía Nacional?

¿O haciendo que los Mozos de Escuadra pasen a depender del Ministerio del Interior, bajo la dirección de un Teniente General o General de División de la Guardia Civil, con su Estado Mayor correspondiente? Esta es la “solución” que propugna don Alejo Vidal-Cuadras, y a la que es muy posible tengamos que acudir, en fechas no muy lejanas en el tiempo.

El propio artículo citado establece que “Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”.

De lege ferenda, yo creo que debería decir “todas las autoridades de la Comunidad Autónoma afectada” o concernida por la desobediencia, en este caso Cataluña, pues como ustedes comprenderán, a Aragón o Castilla la Mancha, por ejemplo, el asunto se las trae al pairo.

Ahora bien, ¿qué pasará cuándo esas autoridades autonómicas desobedezcan las instrucciones del Gobierno de España, como de facto ya ha sucedido en numerosas ocasiones?

¿Nos haremos los tontos, como que no pasa nada, fortaleciendo así al independentismo, y dándole más alas, o cortaremos por lo sano, adoptando medidas enérgicas, como demanda la situación?

          Con un inane, pusilánime y cobarde como Rajoy en la Moncloa, no espero nada bueno. Ni siquiera espero nada.

Por otra parte el artículo 155 carece de ley orgánica que desarrolle su contenido, alcance de esa intervención gubernamental, límites de la misma, en su caso, si se puede suspender temporal –o incluso definitivamente- la autonomía, etc.

Y no será por falta de tiempo, pues desde que se promulgó la Constitución, en 1978, han pasado casi cuarenta años…

Parece que ha habido un interés en no hacer nada, dificultando así que el Estado pueda cumplir con sus obligaciones, entre las cuáles está el mantenimiento de la unidad nacional de España.

¿O es que vamos a dejar únicamente en manos de las Fuerzas Armadas, o más bien de lo poco que queda de ellas, el cumplimiento de los deberes que tienen constitucionalmente atribuidos en su artículo 8: “Las Fuerzas Armadas…tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

En otras palabras, el estado está en paños menores ante un grave problema, posiblemente el más grande que tiene nuestra Patria en las últimas décadas.

Y la mayoría de los españoles apurando las vacaciones estivales, mirando como llegar a fin de mes, tirando de tarjeta de crédito hasta que eche humo, y pasando de todo.

España –y los españoles- somos ansí. ¡Qué tropa, Dios mío, como diría el Conde de Romanones!

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